AMAR LA VIDA
LARRAÑAGA
TORRONTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y
Maestría en desarrollo humano FESC Universidad Nacional Autónoma de México
Canta Oscar
Chávez.- Gracias a la vida, que me ha dado tanto, me dio dos luceros, que
cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco y en el alto cielo su
fondo estrellado y en las multitudes la mujer que amo, gracias a la vida que me
ha dado tanto (Saint Germain) Como era conde se codeaba con la nobleza y
hablaba de hechos históricos de siglos pasados con tal cantidad de datos y
detalles que parecía haber sido testigo ocular, de esos hechos. Decía haber
conocido a Julio César y a Poncio Pilatos.
Se cuentan
diversas anécdotas suyas, una de ellas habla del encuentro en casa de Madame
Pompadour con la condesa Gerhy cierto día de 1750, la cual había estado 50 años
antes en Venecia cuando su marido era embajador de dicha República. La condesa
se acercó a Saint Germain y le preguntó: Caballero, ¿tendríais la bondad de
decirme si vuestro padre residía en Venecia en 1700? - No señora -respondió el
conde- pues hace mucho más tiempo que perdí a mi padre.
Era yo quien
vivía en Venecia a finales del siglo pasado y a comienzos del presente. Tuve
entonces el honor de haceros la corte y vos tuvisteis la bondad de elogiar
algunas barcarolas compuestas por mí y que cantábamos juntos. Perdonad mi
franqueza, pero eso no es posible. El conde Saint Germain de entonces tenía 45
años y vos no representáis más edad en estos momentos. Señora, -contestó
esbozando una sonrisa- soy mucho más viejo de lo que suponéis. -Según esa
cuenta, deberías tener más de 100 años. -Es posible que los rebase...
Los que
conocieron al conde notaron que nunca aparecía cansado, que jamás se le veía
comer ni beber a pesar de los innumerables banquetes a los que asistió y nunca
se interesó sexualmente por las mujeres. La fecha oficial de su muerte es la de
1784, en el castillo de Landgrave de Carlos de Hesse-Cassel, y en ausencia de
éste. Muchos dicen no tener pruebas de su fallecimiento.
A partir de
esa fecha se asegura haberle visto en distintos lugares y en diversas épocas:
1785 en Rusia, 1792 en París, en 1867 en una reunión de la Gran Logia en Milán,
en 1896 la teósofa Annie Besant dijo haberse encontrado con él, y en muchos más
lugares y fechas hasta bien entrado nuestro siglo. En Viena existe el
testimonio del rosacruz Franz Gräffer; el conde anunció su despedida así:
"Hacia final de siglo desapareceré de Europa, iré a la región del
Himalaya, reposaré...
Me volverán a
ver dentro de 85 años, día a día. Adiós, os quiero." Otros volvían al cabo
de 100 o 300 años después de haber estado "hibernando" o
"durmiendo" en alguna parte de este u otro mundo. Son multitud las
leyendas populares que hablan de personas que desaparecieron, se perdieron o
fueron raptadas para luego aparecer de nuevo tras muchos años como si para
ellos hubieran transcurrido sólo unas horas.
Se habla de
zonas en las que el espacio-tiempo está alterado, de modo que cuando alguien
pasa por allí permanece en un estado de adormecimiento o "sueño
encantado" gracias a veces a una comida o bebida, algunos al volver al
tiempo normal sufren en un momento los estragos de la edad que se saltaron.
Es célebre la
historia de los "siete durmientes de Éfeso", que se refugiaron en una
cueva huyendo del edicto que proclamó contra los cristianos el emperador romano
Decio en el siglo III. Sin que ellos se percataran estuvieron allí 187 años,
cuando salieron al exterior apenas les duró la alegría unas semanas, fueron
muriendo uno a uno presas de un súbito envejecimiento.
Un caso más
reciente lo encontramos en la historia que cuentan los tinerfeños de San Juan:
una niña salió a buscar peras y entró en una cueva en la que quedó dormida.
Cuando despertó y salió al exterior habían pasado 30 años, aunque ella
conservaba el mismo aspecto y edad que cuando desapareció.
Todas estas
búsquedas de la juventud han marcado a la humanidad desde el comienzo. Lo intentaron
los egipcios momificando a sus muertos, fue y es usado por multitud de credos
para sus propios fines, cuando los exploradores españoles se aventuraban en el
continente americano buscaron hasta morir el “Dorado y la Fuente de la eterna
Juventud” Con la llegada de la ciencia se empezó a buscar una solución más
modesta que vivir siempre, y era la de retrasar la muerte o aparentar juventud,
así nacieron los cosméticos y progresó la medicina moderna.
¿Está ahora
más cerca el ser humano de conseguir su sueño?, es cierto que la esperanza de
vida actual es la más alta de la historia, y si para la antigua Grecia un
hombre de 40 años ya era viejo ahora podemos esperar vivir hasta los 90 años.
¿Dónde está el límite? En recientes experimentos con monos se ha observado que
si no se fuma ni bebe en exceso, si se hace ejercicio y si se sigue una dieta
variada pero imperturbable (comer un 30% menos de calorías de lo normal) alarga
la vida hasta un 40%.
También la
genética puede ayudar a la humanidad a vivir más y mejor; el gen SOD1 es que el
que regula la eliminación de los radicales libres que oxidan nuestro organismo
y le hacen envejecer, así una alteración genética que añada otro gen SOD1
alarga la vida hasta un 40%, al menos así ocurrió con los animales de laboratorio.
Otro camino
que busca alargar la vida consiste en retrasar la edad en la que se tengan
hijos, puesto que lo que "busca" la naturaleza es perpetuar los genes
de cada individuo, y una vez que por la edad ya no se puede procrear, el ser ya
no necesita vivir, si se tienen hijos un poco más tarde en cada generación,
según las modernas teorías genetistas, cada vez se vivirá más.
Quizás la
vida eterna se consiga gracias a la tecnología, posiblemente sea por las obras
(literarias, arquitectónicas, científicas...), tal vez ya no podamos alargar
más la vida física porque no estamos hechos para ello e incluso no nos convenga
(imaginemos un desquiciado que viva cientos de años).
Lo cierto es,
que se sepa, nada dura eternamente. Como canta Antonio Aguilar “Nadie eterno en
el mundo, ni teniendo un corazón, que tanto siente y suspira por la vida y el
amor” Todo lo acaban los años ¿Dime que te llevas tu, si con el tiempo no queda
ni la tumba ni la cruz. Cuando ustedes me estén despidiendo con el ultimo adiós
de este mundo, no me llores que nadie es eterno nadie vuelve del sueño
profundo. Sufrirás, lloraras mientras te acostumbres a perder después te
resignaras cuando ya no me vuelvas a ver.
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