AMIGO
(A)
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
El
tronco grande de una amistad es la confianza, la sinceridad, honestidad, amor,
apoyo entre otras cosas que hacen de la vida un placer que queda para siempre
en la memoria hasta el último aliento de nuestra vida en las que podemos
reconocer el valor de un verdadero amigo que siempre ha sido incondicionalmente
en todo.
Que en
tus errores te muestre su perspectiva y un consejo de lo que puedes hacer, que
nunca te debe de obligar a nada, que no te manipula para su conveniencia y que
al verte en un verdadero problema no te deje solo y si es uno de esos problemas
en los que tu no quieras ver la salida, él te la dará la solución aunque tú no quieras
y te enfurezcas, pues a él le preocupas y prefiere que te enojes con él a verte
sufriendo siempre.
Entonces
si te fijas no todas estas características las tienen todos y aunque a veces
encuentres malas amistades, aunque no lo creas, tiene un fin no es que tengas
mala suerte, sino que debes de conocer lo malo para que cuando encuentres a ese
ser especial que se acople a ti no lo dejes ir.
No
busques a tu amigo especial porque a veces lo tienes a lado de ti y ni cuenta
te has dado, la amistad es como el amor no siempre tienes que buscarlo sino a
veces viene y se va solo y otra cosa tienen en común y es que necesitas de
ellas para ser feliz, porque un amor que antes no tuvo una amistad bella
termina antes de que te des cuenta y para tener un amor que dure por siempre
tiene que tener una convivencia como lo es la amistad. Si sientes que todo
perdió su sentido, siempre habrá un “te quiero”, siempre habrá un amigo.
Un amigo
es una persona con la que se puede pensar en voz alta. Un hermano puede no ser
un amigo, pero un amigo será siempre un hermano. Deben buscarse los amigos como
los buenos libros. No está la felicidad en que sean muchos ni muy curiosos;
sino pocos, buenos y bien conocidos “No importa que sean menos que los dedos de
la mano”. Un amigo en la vida es mucho. Dos son demasiado. Tres son imposibles.
El
hombre más rico del mundo no es el que conserva el primer peso que ganó, sino
el que conserva el primer amigo que tuvo. Comprobar la necesidad de cada uno
por el otro, por el amor, la amistad, el afecto. Y ciertamente cada uno
responde a esto con su propia historia. Cada uno tiene su propia experiencia de
salir de sí y su modo particular de necesitar, pero creo que en muchos de todos
estos puntos podemos coincidir. ¿Por qué tengo esa necesidad de salir de mí, de
buscar "algo" en el otro?
Esta
búsqueda natural está impulsada por el amor. Buscamos una verdad, la verdad de
nosotros mismos, nos buscamos a nosotros mismos. En el fondo buscamos a Dios.
Quien busca la verdad, aunque no lo sepa, busca a Dios. La búsqueda comienza
por nosotros mismos, en nuestro interior.
Y automáticamente somos impulsados a salir de
nosotros. No somos seres cerrados que además somos capaces de ponernos en
contacto con otras personas, sino que en la comunión interpersonal se revela la
unicidad de nuestra persona. Me percibo a mí mismo cuando salgo fuera de mí, en
el contacto con el otro; con el lenguaje del amor de la otra persona para
conmigo tomo conciencia de mí y de mi dignidad.
Sólo
quien se experimenta a sí mismo como persona, como un todo pleno de sentido,
puede comprender a los otros. Y así nos construimos recíprocamente. Nos
necesitamos para ser seres humanos plenos. Nuestras acciones han perdido
naturalidad, nuestro trato es incompleto. Y así ponemos barreras para encontrarnos
con el otro y por consiguiente con nosotros.
Hemos
perdido transparencia, el contacto con el otro y es preciso recuperarlo.
Estamos orientados al bien, o sea que naturalmente lo buscamos. El bien nuestro
y el bien del otro. Tener amigos con quien compartir la vida es un regalo
precioso que debemos cultivar y cuidar. Ya los estoicos enseñaron que todo se
vincula con todo y que en las vísceras de un buey está escrita la suerte de
Cartago.
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