CARIDAD
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Cuando
las dificultades alcanzan a una persona, casi siempre cae en la desesperación y
busca culpables. Cuando vemos a una persona pidiendo caridad en las esquinas
nos sentimos tristes y muchas veces no vemos que esa persona se encuentra en un
callejón sin salida por lo que justificamos que se encuentra en esa situación
porque no ha sabido caminar con la frente en alto. Solo una acción nos hará
sentir plenos. - Los actos de caridad y bondad con los que llenamos nuestra
vida, sin caridad todo ser es desdichado. El amor es el primor del espíritu y
la caridad es la exquisitez del amor.
Si bien
es cierto, todos tenemos problemas, la diferencia radica en la manera de
afrontarlos y cuando estos estén presentes, no debemos escaparnos algún lugar
para que sigan su curso, sino enfrentarlos, meditar con tranquilidad; no
dejarnos arrastrar por la tristeza, o esperar a que alguien tome nuestro
problema en sus manos y lo resuelva. Toda situación requiere un análisis
profundo y detenido.
Si, no tranquilizamos el espíritu, por nuestra
mente pasamos y repasamos las mismas palabras, las mismas opciones y los mismos
pensamientos sin llegar a nada y aumentando nuestra ansiedad, perdiendo tiempo,
energía y buen humor. La caridad comienza donde termina la justicia, crece
dando y dándose, es un deber, no busca jamás la propia comodidad. La humildad y
la caridad son una misma cara en una moneda, van juntas, son inseparables del
alma buena.
La
caridad nace de una necesidad en una sociedad en donde unos tienen recursos y
otros carecen de los mismos. La sociedad se dividió en clases sociales lo que
ocasionó la desigualdad y para convencer al que tiene recursos se inventó la
frase de darle al que no tiene para que Dios te lo devuelva al doble. Este
compromiso verbal llevó a la sociedad en hacer caridad para expiar culpas
contribuyendo a que la paz se mantuviera mediante la pequeña entrega de dinero
al que no tiene forma de vivir.
La
caridad fue avanzando y, se convirtió en norma establecida como una forma de
cumplir con Dios. Posteriormente crece la idea de que dar caridad debe ser
desapegado o darle de corazón, no de dientes para afuera, que exista realmente
la voluntad en dar llegando incluso a establecerse como obligación moral
otorgando la satisfacción de estar cumpliendo con un mandato divino. No es lo
mismo caridad que limosna, ni exige posición social sino más bien el esfuerzo
por ayudar al desvalido con buena intención.
La
desobediencia se piensa se castiga en el juicio final, es por ello que juega un
papel preponderante en las almas de buena voluntad logrando la satisfacción del
alma. La caridad no es una forma de publicidad mal entendida “Que se haga
cuando lo estén viendo otras personas”, esto es mera simulación el cual parece
de sentimientos y de importancia para purificar las pasiones que nacen del
alma. Evidentemente quienes asumen este tipo de acciones que además es secreto
a voces en una sociedad determinada que cuentan con riquezas acumuladas y
entregan una limosna para ser reconocidos por el público asistente como persona
caritativa “Son perversos” que juegan con la necesidad de quien la recibe.
Esos que solo buscan verse visibles ante un
público carecen del sentimiento profundo que sale desde el espíritu. La caridad
nace desde las elites sociales como una forma de controlar los delitos y para
que los que poseen la riqueza no sean sujetos de purgación social.
Entregar
por caridad es un estado de alerta que nace desde el espíritu sano el cual no
se pregunta si ¿Está bien o mal? El entregar un poco de lo que se tiene al ser
una voluntad que se tiene sin verse obligado por circunstancias sociales o por
verse bien al dar esa dadiva minina en busca de ser considerado por su sociedad
como persona de bien. Los que reciben la dádiva con frecuencia se culpabilizan
de estar en ese estado por la suerte.
Estas personas van perdiendo poco a poco su personalidad, se van desactivando
de la dignidad y ofrecen todo tipo de gracias por el bien recibido.
Para las élites este tipo de personas no
cuentan con valor humano y no es importante ayudarlos más bien lo hacen como
una forma de expiar culpas, sobre aquellos que ya viven de la resignación en el
estado en que se encuentran, en esa condición de vida que atestan la suerte les
dio.
La
caridad es una voz que nos taladra la sensibilidad espiritual y es al mismo
tiempo la fuente mediante la cual las élites encontraron silenciar al negado,
es esa voz que termina por ahogar en su propio lamento todo cuestionamiento
sobre quienes ejercen el poder y terminan por justificarlo conformista menté
con la frase de que Dios así lo dispuso y esa es su cruz.
Lo
inmoral en entregar a los que carecen de lo mínimo se olvida cuando la escala
social permite contar con mayor número de recursos y la idea de justicia social
se pierde en el baúl de los desgraciados con cara de ayuda caritativa para que
hayan sido despojados eternamente de una forma sana de vivir. No hagas crítica
negativa del menesteroso, cuando no puedes honrar a una persona en adversidad,
mejor cállate. Cuando ayudas sin esperar ser alabado por ello, doblemente eres
generoso.
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