martes, 9 de julio de 2024

 

CIRCULACIÓN SANGUINEA DEL HIGADO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Médico Veterinario Zootecnista. FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 En el parénquima hepático pueden circular simultáneamente sangre venosa y arterial. Una única red capilar, que cubre cada lóbulo, une numerosas arterias y venas interlobulillares del mismo nombre, que emanan de la arteria hepática y la vena porta, respectivamente. Desde los capilares, la sangre se acumula en las venas centrales, que se combinan para formar varias venas hepáticas más masivas. Este tipo de circulación sanguínea, se explica por la compleja interacción de dos sistemas venosos: el sistema porta, que fluye desde la vena porta, lleva sangre al hígado desde los órganos abdominales. El sistema de la cava, por el contrario, transporta sangre desde el hígado hasta la vena cava inferior. Los dos complejos venosos están conectados por el sistema arterial de la arteria hepática y la red capilar. Gracias a un complejo, se mantiene la bioquímica estable del hígado, así como del cuerpo en su conjunto.

 FUNCIONES DEL HIGADO: La compleja estructura del hígado humano en anatomía justifica plenamente la multifuncionalidad de la glándula. A pesar de que anatómicamente pertenece al sistema digestivo, su influencia en la salud es mucho más amplia. El hígado humano realiza funciones que de una forma u otra afectan a casi todos los procesos que ocurren en el cuerpo:

Desintoxicación. Gracias al trabajo coordinado de los lóbulos del hígado, el cuerpo se limpia de sustancias nocivas que provienen del exterior o se forman en el tracto digestivo. La función desintoxicante del hígado es descomponer diversas toxinas y luego eliminarlas, para que el resto de órganos reciban sangre purificada y absolutamente inofensiva. La interrupción de este proceso puede provocar daños en varios sistemas del cuerpo, pero las células cerebrales son las primeras en verse afectadas.

 Metabolismo. Junto con la función antitóxica del hígado, el metabolismo es el proceso principal, que en principio es imposible sin la participación de los hepatocitos. Mantener un metabolismo adecuado depende directamente del buen funcionamiento del hígado, porque es aquí donde tienen lugar los procesos clave de descomposición de las moléculas de proteínas en aminoácidos, la formación de glucógeno a partir del exceso de glucosa, el metabolismo de hormonas y vitaminas, así como el metabolismo de los lípidos.

 Homeostasis. Los hepatocitos aseguran el mantenimiento de una composición bioquímica constante de la sangre, ya que regulan la síntesis de diversos metabolitos y la excreción de componentes plasmáticos "innecesarios". La violación de la función homeostática del hígado conduce a un cambio brusco en los análisis de sangre correspondientes y, como resultado, a un desequilibrio en el entorno interno del cuerpo.

 Síntesis de bilis. En los lóbulos del hígado se sintetiza la bilis, que contiene colesterol, ácidos biliares y los pigmentos correspondientes. La función del hígado formadora de bilis le permite regular los procesos digestivos, incluida la descomposición de lípidos y la absorción de vitaminas.

 Acumulación de sustancias útiles. La función de almacenamiento del hígado es acumular nutrientes, vitaminas, hormonas y minerales, incluido el hierro, hasta que su aporte por algún motivo sea insuficiente. Esta “reserva estratégica” garantiza una respuesta adecuada del cuerpo a restricciones dietéticas temporales o disfunciones del tracto digestivo. Así, las funciones más importantes del hígado en un adulto aseguran el funcionamiento coordinado de varios órganos y sistemas, la constancia del ambiente interno del cuerpo, su seguridad en caso de entrada de sustancias extrañas y reservas de energía en caso de una fuerte limitación de nutrientes.

 DISFUNCIÓN HEPATICA: La más mínima desviación en el funcionamiento de la glándula afecta de una forma u otra el estado de salud, provocando patologías de diversa gravedad. La homeostasis se altera, el proceso de digestión y descomposición de nutrientes se ve afectado y el cuerpo corre riesgo al recibir incluso pequeñas dosis de sustancias tóxicas o extrañas. Además, el agravamiento de la situación conlleva consecuencias irreparables no sólo para las funciones del hígado, sino también para otros órganos y sistemas del paciente. Por lo tanto, es extremadamente importante notar la aparición de problemas en las etapas iniciales; de esta manera habrá mucho más tiempo y oportunidades para un tratamiento adecuado.

 SINTOMAS EN PATOLOGIAS: Coloración amarillenta del blanco de los ojos y la piel;

dolor en el hipocondrio derecho; heces pálidas; hinchazón; picazón en la piel, que se vuelve más notoria por la noche; aumento de la frecuencia de la micción, a veces aparición de pigmentos anaranjados en la orina; enrojecimiento de las palmas. El hígado en sí no puede doler, ya que no hay receptores del dolor en su parénquima.

 Surgen sensaciones desagradables cuando aumenta de tamaño, cuando la glándula comienza a ejercer presión sobre las paredes de la membrana circundante; debido a esto, aparece una incomodidad notable. Por lo tanto, ante el menor espasmo o dolor, conviene contactar a un gastroenterólogo lo antes posible para no agravar el curso de la enfermedad. Sabiendo cómo duele el hígado de una persona, evaluando el cuadro clínico y el historial médico, podrá prescribir un tratamiento calificado para aliviar los síntomas y reducir el riesgo de complicaciones.

 FACTORES QUE PROVOCAN LA ENFERMEDAD HEPATICA: Alcohol, y sus derivados. Una vez en el tracto digestivo, el etanol se metaboliza principalmente por los hepatocitos que, bajo la influencia de dosis altas, simplemente no pueden hacer frente a la carga. El daño a las células del hígado provoca la acumulación de lípidos y, como consecuencia, la enfermedad del hígado graso. En el contexto de esta afección, puede producirse inflamación y/o formación excesiva de tejido conectivo, lo que, a su vez, tarde o temprano conducirá a la cirrosis.

Con el daño causado por el alcohol, las funciones hepáticas en el cuerpo humano se inhiben notablemente. El paciente puede quejarse de debilidad, taquicardia y disminución de la vitalidad, que es característica del síndrome de abstinencia. A medida que se recupere, la intensidad del malestar disminuirá, pero el uso repetido de sustancias que contienen alcohol puede empeorar la afección.

Mala nutrición: diversos alimentos rápidos y productos semiacabados; confitería; bebidas carbonatadas dulces; café, té fuerte; productos cárnicos, incluidos caldos grasos; alimentos enlatados y encurtidos; condimentos y especias picantes; todo es graso, frito y ahumado. Debido al consumo de alimentos nocivos, se acumulan depósitos de grasa en los lóbulos del hígado, que reducen la funcionalidad del órgano y provocan su degeneración. El tejido conectivo en proliferación desplaza a los hepatocitos que funcionan normalmente, lo que resulta en una enfermedad grasa no alcohólica.

Medicamentos: El tratamiento incontrolado con productos farmacéuticos de una forma u otra afecta el estado del hígado. La gran carga asociada con la desintoxicación del cuerpo durante una sobredosis daña las membranas celulares y, como resultado, la destrucción de los hepatocitos. Un efecto biológico similar es causado por venenos y toxinas que ingresan al cuerpo desde el exterior. Por lo tanto, no debe recetarse medicamentos usted mismo y mucho menos tomarlos sin seguir las instrucciones. De esta manera no sólo no podrá deshacerse de la enfermedad, sino que también podrá agregar nuevos problemas de salud.

Enfermedades virales: Las enfermedades virales que afectan directamente al hígado, según el tipo de microorganismo, pueden provocar anomalías graves, incluida la muerte. Las más comunes son diversas hepatitis, que provocan necrosis del tejido hepático. Para minimizar la probabilidad de contraer hepatitis, se deben excluir las posibles vías de transmisión del virus: llevar un estilo de vida saludable, evitar las relaciones sexuales sin protección con parejas casuales y observar las normas de higiene y saneamiento.

Prevención de enfermedades hepáticas: Para mejorar el estado del hígado, no es necesario tomar vitaminas sintéticas ni otros medicamentos. Lo principal es crear correctamente una dieta diaria que no solo tendrá un efecto positivo en los hepatocitos, sino que también fortalecerá el sistema inmunológico. ¿Qué es bueno para el hígado? Manzanas, cereza, ciruela, banana, aceite de oliva, calabaza, limones. Un simple cambio en la dieta te permitirá evitar problemas hepáticos graves, y por tanto mejorar el estado general del organismo. Para no perder tiempo, esfuerzo y dinero en superar la enfermedad, tenga cuidado de prevenir las enfermedades hepáticas con anticipación; esto le ayudará a mantener su salud durante muchos años.

 

 

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