CIRCULACIÓN SANGUINEA DEL
HIGADO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Médico Veterinario
Zootecnista. FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
En el parénquima hepático
pueden circular simultáneamente sangre venosa y arterial. Una única red
capilar, que cubre cada lóbulo, une numerosas arterias y venas
interlobulillares del mismo nombre, que emanan de la arteria hepática y la vena
porta, respectivamente. Desde los capilares, la sangre se acumula en las venas
centrales, que se combinan para formar varias venas hepáticas más masivas. Este
tipo de circulación sanguínea, se explica por la compleja interacción de dos
sistemas venosos: el sistema porta, que fluye desde la vena porta, lleva sangre
al hígado desde los órganos abdominales. El sistema de la cava, por el
contrario, transporta sangre desde el hígado hasta la vena cava inferior. Los
dos complejos venosos están conectados por el sistema arterial de la arteria
hepática y la red capilar. Gracias a un complejo, se mantiene la bioquímica
estable del hígado, así como del cuerpo en su conjunto.
FUNCIONES DEL HIGADO: La
compleja estructura del hígado humano en anatomía justifica plenamente la multifuncionalidad
de la glándula. A pesar de que anatómicamente pertenece al sistema digestivo,
su influencia en la salud es mucho más amplia. El hígado humano realiza
funciones que de una forma u otra afectan a casi todos los procesos que ocurren
en el cuerpo:
Desintoxicación. Gracias al
trabajo coordinado de los lóbulos del hígado, el cuerpo se limpia de sustancias
nocivas que provienen del exterior o se forman en el tracto digestivo. La
función desintoxicante del hígado es descomponer diversas toxinas y luego
eliminarlas, para que el resto de órganos reciban sangre purificada y
absolutamente inofensiva. La interrupción de este proceso puede provocar daños
en varios sistemas del cuerpo, pero las células cerebrales son las primeras en
verse afectadas.
Metabolismo. Junto con la
función antitóxica del hígado, el metabolismo es el proceso principal, que en
principio es imposible sin la participación de los hepatocitos. Mantener un
metabolismo adecuado depende directamente del buen funcionamiento del hígado,
porque es aquí donde tienen lugar los procesos clave de descomposición de las
moléculas de proteínas en aminoácidos, la formación de glucógeno a partir del
exceso de glucosa, el metabolismo de hormonas y vitaminas, así como el metabolismo
de los lípidos.
Homeostasis. Los hepatocitos
aseguran el mantenimiento de una composición bioquímica constante de la sangre,
ya que regulan la síntesis de diversos metabolitos y la excreción de
componentes plasmáticos "innecesarios". La violación de la función
homeostática del hígado conduce a un cambio brusco en los análisis de sangre
correspondientes y, como resultado, a un desequilibrio en el entorno interno
del cuerpo.
Síntesis de bilis. En los
lóbulos del hígado se sintetiza la bilis, que contiene colesterol, ácidos
biliares y los pigmentos correspondientes. La función del hígado formadora de
bilis le permite regular los procesos digestivos, incluida la descomposición de
lípidos y la absorción de vitaminas.
Acumulación de sustancias
útiles. La función de almacenamiento del hígado es acumular nutrientes,
vitaminas, hormonas y minerales, incluido el hierro, hasta que su aporte por
algún motivo sea insuficiente. Esta “reserva estratégica” garantiza una
respuesta adecuada del cuerpo a restricciones dietéticas temporales o
disfunciones del tracto digestivo. Así, las funciones más importantes del
hígado en un adulto aseguran el funcionamiento coordinado de varios órganos y
sistemas, la constancia del ambiente interno del cuerpo, su seguridad en caso
de entrada de sustancias extrañas y reservas de energía en caso de una fuerte
limitación de nutrientes.
DISFUNCIÓN HEPATICA: La más
mínima desviación en el funcionamiento de la glándula afecta de una forma u
otra el estado de salud, provocando patologías de diversa gravedad. La
homeostasis se altera, el proceso de digestión y descomposición de nutrientes
se ve afectado y el cuerpo corre riesgo al recibir incluso pequeñas dosis de
sustancias tóxicas o extrañas. Además, el agravamiento de la situación conlleva
consecuencias irreparables no sólo para las funciones del hígado, sino también
para otros órganos y sistemas del paciente. Por lo tanto, es extremadamente
importante notar la aparición de problemas en las etapas iniciales; de esta
manera habrá mucho más tiempo y oportunidades para un tratamiento adecuado.
SINTOMAS EN PATOLOGIAS: Coloración
amarillenta del blanco de los ojos y la piel;
dolor en el hipocondrio
derecho; heces pálidas; hinchazón; picazón en la piel, que se vuelve más
notoria por la noche; aumento de la frecuencia de la micción, a veces aparición
de pigmentos anaranjados en la orina; enrojecimiento de las palmas. El hígado
en sí no puede doler, ya que no hay receptores del dolor en su parénquima.
Surgen sensaciones
desagradables cuando aumenta de tamaño, cuando la glándula comienza a ejercer
presión sobre las paredes de la membrana circundante; debido a esto, aparece
una incomodidad notable. Por lo tanto, ante el menor espasmo o dolor, conviene
contactar a un gastroenterólogo lo antes posible para no agravar el curso de la
enfermedad. Sabiendo cómo duele el hígado de una persona, evaluando el cuadro
clínico y el historial médico, podrá prescribir un tratamiento calificado para
aliviar los síntomas y reducir el riesgo de complicaciones.
FACTORES QUE PROVOCAN LA
ENFERMEDAD HEPATICA: Alcohol, y sus derivados. Una vez en el tracto digestivo,
el etanol se metaboliza principalmente por los hepatocitos que, bajo la
influencia de dosis altas, simplemente no pueden hacer frente a la carga. El
daño a las células del hígado provoca la acumulación de lípidos y, como
consecuencia, la enfermedad del hígado graso. En el contexto de esta afección,
puede producirse inflamación y/o formación excesiva de tejido conectivo, lo
que, a su vez, tarde o temprano conducirá a la cirrosis.
Con el daño causado por el
alcohol, las funciones hepáticas en el cuerpo humano se inhiben notablemente.
El paciente puede quejarse de debilidad, taquicardia y disminución de la
vitalidad, que es característica del síndrome de abstinencia. A medida que se
recupere, la intensidad del malestar disminuirá, pero el uso repetido de
sustancias que contienen alcohol puede empeorar la afección.
Mala nutrición: diversos
alimentos rápidos y productos semiacabados; confitería; bebidas carbonatadas
dulces; café, té fuerte; productos cárnicos, incluidos caldos grasos; alimentos
enlatados y encurtidos; condimentos y especias picantes; todo es graso, frito y
ahumado. Debido al consumo de alimentos nocivos, se acumulan depósitos de grasa
en los lóbulos del hígado, que reducen la funcionalidad del órgano y provocan
su degeneración. El tejido conectivo en proliferación desplaza a los
hepatocitos que funcionan normalmente, lo que resulta en una enfermedad grasa
no alcohólica.
Medicamentos: El tratamiento
incontrolado con productos farmacéuticos de una forma u otra afecta el estado
del hígado. La gran carga asociada con la desintoxicación del cuerpo durante
una sobredosis daña las membranas celulares y, como resultado, la destrucción
de los hepatocitos. Un efecto biológico similar es causado por venenos y
toxinas que ingresan al cuerpo desde el exterior. Por lo tanto, no debe
recetarse medicamentos usted mismo y mucho menos tomarlos sin seguir las
instrucciones. De esta manera no sólo no podrá deshacerse de la enfermedad,
sino que también podrá agregar nuevos problemas de salud.
Enfermedades virales: Las
enfermedades virales que afectan directamente al hígado, según el tipo de
microorganismo, pueden provocar anomalías graves, incluida la muerte. Las más
comunes son diversas hepatitis, que provocan necrosis del tejido hepático. Para
minimizar la probabilidad de contraer hepatitis, se deben excluir las posibles
vías de transmisión del virus: llevar un estilo de vida saludable, evitar las
relaciones sexuales sin protección con parejas casuales y observar las normas
de higiene y saneamiento.
Prevención de enfermedades
hepáticas: Para mejorar el estado del hígado, no es necesario tomar vitaminas
sintéticas ni otros medicamentos. Lo principal es crear correctamente una dieta
diaria que no solo tendrá un efecto positivo en los hepatocitos, sino que
también fortalecerá el sistema inmunológico. ¿Qué es bueno para el hígado? Manzanas,
cereza, ciruela, banana, aceite de oliva, calabaza, limones. Un simple cambio
en la dieta te permitirá evitar problemas hepáticos graves, y por tanto mejorar
el estado general del organismo. Para no perder tiempo, esfuerzo y dinero en
superar la enfermedad, tenga cuidado de prevenir las enfermedades hepáticas con
anticipación; esto le ayudará a mantener su salud durante muchos años.
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