MATANDO AL BECERRO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Una de las tareas más importantes de las que son responsables los padres es enseñar a los niños el respeto. Tratamos de educarlos para que sean amables y considerados para que cuando adultos muestren respeto y compasión. Como padres tenemos muchas otras responsabilidades, pero esta es la que considero la más importante. Y sé que muchos padres están de acuerdo conmigo. Pasé mi infancia en el medio rural. - El respeto por la tierra y su gente fue el centro de mi educación. En nuestra cultura nos consideramos administradores de la tierra, la cuidamos para las generaciones futuras. La cultura en mi pueblo desempeña un alto valor de comprensión para con los animales. Me enseñaron a no lastimar a otras personas, y a ser amable con caballos, becerros, burros, gallinas, palomas, perros y gatos, pero luego salíamos de casa y veía a otros niños hacer cosas atroces a los animales.
Los animales que hemos estado cuidando durante los últimos meses y, a veces, años. Animales por los cuales mi padre se levantaba antes del amanecer y caminaba por las colinas bajo la lluvia para arriarlos a lugares seguros. Ingenuamente pensé que él quería que no salieran lastimados. Que salvaba a estos por compasión, pero ¡No! Los recogía para llevarlos al rastro su muerte. Pronto me di cuenta de que cada animal, era un activo económico que generaba beneficios. Mi padre trabajó increíblemente duro. Sin escatimar en su salud, dedicaba largas horas al cuidado de estos animales. Pero no fue compasión, como pensé al principio sino interés económico.
Cuando era adolescente, me di cuenta muy claramente de que era sólo un trabajo y que los animales eran un medio para obtener ganancias y nada más. No podía imaginar cómo podías cuidar animales y pasar tanto tiempo con ellos y luego poder matarlos. Esto estaba muy alejado de mis ideas sobre los animales. Todavía me pregunto qué significa realmente la palabra "respeto" cuando todo lo que me enseñaron en la familia parecía reflejar la palabra " abuso, y tonterías".
¿Por qué me dijeron que fuera amable con el gato o que dejara de pegarle a mi hermana? ¿Por qué merecían respeto y yo no podía hacerles daño, aunque mi padre podía degollar a cualquier animal que quisiera? ¿Por qué se le permitió llevar a sus hijos para que se encariñaran con esos animales? ¿Por qué se le permitió colocarle un cuchillo a su supuestamente querido becerro?
¿Por qué mi madre me hablaba del cuidado de las gallinas y lo importante que era para nosotros mantenerlas sanas y productivas, pero al mismo tiempo les retorcía el cuello haciéndolas caldo y comer su carne? A medida que crecí y me volví más audaz, comencé a cuestionar lo que me habían enseñado. Vi de primera mano las matanzas en el rastro cuando acompañaba a mi padre a las tres de la mañana. Creo que tenía unos 8 años en edad. En aquella ocasión le pregunte a mi padre ¿Cómo te sientes al ver la mirada penetrante del becerro que tantas veces acariciaste en el corral de la casa? Recuerdo que volvió su rostro y mirándome fijamente, me contesto “No sé de qué estás hablando, no sentí nada, es solo un becerro”.
Esto es lo que le enseñaron y esto es lo que intentó enseñarme a mí. Un becerro es sólo una cosa. No tiene valor moral, no tiene derechos. No es lo mismo que tu gato, tu perro, tus hermanas o tú. Enseguida a manera de justificación me dijo: Mi trabajo es traerlos para que los maten y la gente consuma su carne. - Sabes, esta es la lección más confusa y contradictoria que puedes enseñar a tus hijos ya que por un lado me enseñaban que debía amar a los animales, al prójimo, y por el otro mataba al becerro que tanto cariño me había mostrado en su corta vida No tiene explicación, no tiene sentido, mucho menos a la edad de ocho años de edad. No podemos esperar que los niños crezcan llenos de respeto y compasión si les enseñamos esta filosofía contradictoria y selectiva.
La mayoría de los niños pequeños sienten amor y respeto por los animales, incluso aquellos que crecen rodeados de muerte y sufrimiento (es decir, en un medio rural donde la madre les tuerce el buche a las gallinas cada vez que necesita dinero para darle de comer a sus hijos). Este tipo de entrenamiento es en realidad exactamente lo opuesto al respeto. Enseñamos a los niños a ignorar sus instintos. Les enseñamos contradicción moral. Una filosofía confusa que no tiene valor. Se basa en la cultura, la conveniencia y, seamos honestos, en uno de los peores rasgos humanos: el egoísmo.
Enseñamos a los niños que lo único que importa eres tú. Este es un respeto que no extendemos a todos los seres sintientes. Es ignorar los instintos naturales y seguir un conjunto de reglas sociales confusas, sin sentido, completamente arbitrarias y egoístas sobre quién puede vivir una vida plena y libre y quién no. ¿Qué tenemos como resultado de este conjunto de creencias inmorales e inconsistentes? Tenemos violencia en todas partes. En los hogares, en las calles, en las escuelas, en las tiendas, absolutamente en todas partes. Toda violencia tiene una causa fundamental: si no hay respeto, habrá violencia.
Un mundo sin violencia sólo será posible cuando comprendamos plenamente lo que realmente significa la palabra "respeto" y extendamos este concepto a cada ser sintiente. Las masas declaran que están en contra de todo tipo de opresión, incluido el especismo. Pero aprendemos a comer carne, y la única forma conocida es matar a los animales, eso es lo que aprendemos. Esto puede parecer extraño, dadas las lecciones contradictorias que recibí. Pero en el pueblo vivía al lado de los animales. Escuché sus dolorosos gritos pidiendo ayuda.
Vi el horror en sus ojos. Vi el amor que tenían por sus hijos. Vi que tenían miedo por sus vidas, como lo sentimos nosotros cuando pensamos que estamos en peligro. ¿De qué sirve la cultura que adquirimos en la escuela y sociedad sobre el respeto a la vida de todos los seres vivos, la tierra, el mar, las plantas, insectos? Las lecciones que recibimos en la vida nos llevan a los extremos en donde al reflexionar llegamos a la conclusión que no tienen sentido.
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