SER “BUENOS PADRES”
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Hace bastante tiempo que me
hago la pregunta: ¿Qué clase de padre, o madre puede ser cada persona? Despues
de auto cuestionarme encontré algunas respuestas a esta pregunta, así que
quiero compartir mis resultados reflexivos. Lo primero que me auto pregunto es
¿Hay buenos y malos padres? Para ser bueno, se demanda que le sirva a su hijo,
pero ello no significa que le deba cumplir los caprichos del niño; tampoco que
veneres a tu hijo como si él fuera un Dios o el rey del hogar o, acaso ¿Estás
dispuesto a que te mande, y ser su esclavo? ¿Su hijo es su patrón? ¡No!
Con la palabra servir me refiero a conceptos
que todos conocen desde hace mucho tiempo: cuidar el bienestar espiritual,
físico y material del niño, desarrollar los talentos del niño, inculcarle
valores universales y familiares, enseñarle a ser independiente. en su futura
vida adulta, etc. Es decir, ser un servidor atenderlo para que desarrolle las
cualidades, y habilidades que lo adapten y ajusten a las necesidades de su
familia, escuela, sociedad. ¿Puedo ser un padre modelo a seguir? Lo primero es que debo ser cariñoso, amable,
comprensible, empático, atento, justo y decidido ¿Soy ese padre que lo escucha,
que lo observa en sus intereses personales para conocerlo bien?
¿Le demuestro que es importante para mí?
¿Aprecio los esfuerzos que mi hijo hace para prestarme atención, cumplir con responsabilidad
su rol de hijo, alumno? ¿Lo felicito, exalto, elogio sus virtudes cuando tiene
un logro, o hace una buena acción? Todo padre que decida asumir estos papeles
en la familia el cuidado de su hijo, puede comprender claramente qué cualidades
tendrá su hijo en el futuro, qué cualidades le ayudarán a alcanzar sus
objetivos, qué cualidades le ayudarán a establecer contactos con los demás,
etc. Y es muy importante no perder de vista estas cualidades, sino intentar
desarrollarlas en uno mismo, porque los niños, en primer lugar, aprenden de
nuestro ejemplo, imitándonos a nosotros.
Los padres no deben decidir lo que será su
hijo en su futuro, es decir que estudiar, hacer, todo eso conduce a los padres
a la imposición, autoritarismo, castigo, y por lo tanto el hijo vivirá una
infancia cruel. Unos padres autoritarios (Madre y padre) no les importa que su
hijo, o que cada persona pueda tener una opinión diferente a la suya. A estos
padres no les interesa cómo se siente el niño. No les importa lo que él quiera.
Están dispuestos a cuidar a sus hijos como a animales, y el hijo, no tiene
derecho a opinar. hay padres que sienten placer al ver a su hijo ansioso,
triste, llorando, y están felices cuando el niño no está contento.
Son padres que preocupan sinceramente por su
hijo, pero al mismo tiempo no tienen en cuenta las opiniones, necesidades y
deseos del niño como en su infancia sus padres lo hicieron con ellos. Es
posible que compren a sus hijos juguetes que a ellos mismos les gustaron y
luego se pregunten por qué el niño no juega con ellos. Pero el niño quería otro
juguete y lo pidió, pero sus pedidos fueron ignorados o rechazados. Son padres
que creen estar dando consejos, pero en realidad dan órdenes y marcan
objeciones o descalifican con el clásico “Tú no sabes, estas muy pequeño para
comprender, mejor sigue callado”
Desgraciadamente en nuestra
sociedad en número son el tipo de padres que prevalece, incluso descalifican a
su hijo en conocimientos señalándolos que tienen “Cabeza de teflón” porque nada
se les pega, o que heredan la falta de inteligencia de uno de su abuelo o su
cónyuge.
En este escenario el hijo
vive su infancia, y cultiva la impotencia que saldrá con fuerza cuando tenga
sus propios hijos. Los buenos padres intentan desarrollar en el niño la
capacidad de pensar y tomar decisiones independientes, porque esta cualidad le
resultará muy valiosa en el futuro. Digamos que un niño hizo algo malo y fue
castigado por ello. Los padres amorosos ayudarán al niño a darse cuenta de que
hizo mal y le ayudarán a comprender lo que debería haber hecho. Posteriormente,
el niño aprenderá a pensar antes de realizar cualquier acción y a tomar
decisiones de forma independiente. Unos buenos padres instruyen a su hijo en el
buen camino, y no se desviará de él ni siquiera cuando sea viejo.
Estos padres, con su ejemplo
personal, mostrarán a sus hijos lo importante que es escuchar a sus padres,
familiares, maestros, amigos, y escuchar a los demás, porque Gracias a esta
cualidad, podrás establecer y mantener buenas relaciones. Por ejemplo, un niño
comienza a ser caprichoso, pero no puede explicar el motivo de sus caprichos
debido a su edad. Un padre puede notar que el niño simplemente está no
entiende, o está cansado. Y en lugar de reaccionar agresivamente, puede tomar al
niño en brazos y decirle suavemente: “No, entendiste, déjame y te lo explico de
nuevo, o, estás cansado, es mejor que descansemos un poco”
De esta manera, el padre
enseña al niño a comprenderse a sí mismo y a sus necesidades y le demuestra que
lo acepta, lo que significa que lo ama. Además, con su ejemplo, demostrarán que
notan y valoran el esfuerzo que hace el niño al aprender algo nuevo, porque
esto aumenta la autoestima del niño. Por ejemplo, un niño se esforzó mucho en
escribir en un cuaderno, pero debido a que la mano aún no está acostumbrada a
sostener el bolígrafo correctamente, los palos y los ganchos quedan torcidos,
en el ángulo incorrecto, etc. Un padre amoroso elogiará al niño por sus
esfuerzos y lo alentará con palabras: ¡Hiciste un buen trabajo! ¡Mira qué bien
lo hiciste con este palo! Está bien que las cosas no hayan salido bien hoy.
¡Definitivamente tendrás
éxito si continúas mostrando paciencia! Este tipo de padres enseñara a su hijo
alcanzar sus propios objetivos. Que sean pequeños e insignificantes al
principio. Pero si el niño recibe comentarios positivos de sus padres cuando
logra su objetivo, entonces tendrá el deseo de fijarse metas cada vez más
serias. Y es muy importante que los padres muestren a sus hijos con el ejemplo
cómo fijarse y alcanzar metas. También es importante que el niño sepa que sus
padres definitivamente lo apoyarán y ayudarán si algo no funciona. Sin embargo,
los padres no deben hacer algo en lugar del niño; pueden ofrecerle varias
opciones de solución y darle la oportunidad de elegir la opción adecuada.
De esta forma el niño
aprenderá a ser independiente. Recuerda cuando eras niño, cuando hacías algo
por primera vez, parecías ponerte a prueba: ¿Seré capaz de hacer esto? ¿Puedo
hacerlo yo mismo? Y cuando funcionó, ¡qué alegría sentiste! Y en la vida
adulta, nos alegramos cuando afrontamos de forma independiente alguna tarea
difícil para nosotros. Y si una persona importante para nosotros también se
alegra con nosotros, ¡nuestro sentimiento se intensifica!
Entonces, ¿por qué no
permitimos que nuestros hijos experimenten estos sentimientos tomando
decisiones o haciendo cosas por ellos? ¿Por qué a menudo no compartimos la
alegría del niño y permanecemos emocionalmente fríos, indiferentes a sus
logros? ¿Por qué dar por sentado que era su obligación dominarlo y no elogiamos
su esfuerzo para lograrlo? Con un hijo hay que compartir alegrías,
tristezas.
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