lunes, 28 de octubre de 2024

 

HIJOS QUE GOLPEAN A SU MADRE, o PADRE

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 El problema de la violencia de los hijos en contra de sus padres, refleja hoy, como en un espejo, la situación socio psicológica y moral poco saludable en la creación de relaciones en los hogares. ¿Se perdió la dignidad humana, el respeto? Se justifica con la percepción en que la sociedad se encuentra en un estado patológico, y esta manifestación es la prueba fehaciente de ello ¿Por qué? ¿Los hijos cada vez son más propensos a golpear a sus padres? Entre muchas de las características de la personalidad se señala, en que fueron criados en familias donde se cometía violencia con contra de ellos, de su madre, y ellos no solo fueron testigos presenciales, sino que recibieron similar trato.

 Un padre que abusaba de su madre, del alcohol, y con ello fue trastornando la personalidad de sus hijos. Unos hijos que ante la imposibilidad de defenderse fueron creciendo débiles, trastornados en su personalidad, frustrados en contra de las personas y la vida. Unos hijos que perdieron la confianza en sí mismos, y son muy propensos a consumir drogas, y abusar del alcohol como puerta de escape. Pero ¿Por qué? ¿Quién humillaba a su madre, era su padre? Si en la mayoría de las ocasiones quien determinaba el límite de la violencia era su padre. Quién amenazaba a toda la familia era el padre abusivo.

 La madre comportándose como la victima sin reaccionar facilitándole este tipo de comportamiento destructivo. Una madre codependiente de esa dosis de maltrato permaneciendo en su papel de víctima inmaculada. Un comportamiento fatalista, indiferente, adaptativo según las costumbres recibidas en su hogar, bañada en mantos de pureza y culpas convirtiendo su vida y la de sus hijos en tragedia familiar y social ¿Construye una familia? “No” se construye nada, solo se destruyen vidas con enfermedades psicológicas que no conocen otro tipo de relación. El hijo, es la víctima, la madre la que provoca y ambos con un estado emocional co- dependiente de estos comportamientos aprendidos, y desviados.

 Es el clásico modelo denominado como disfuncional en el que las personalidades de sus miembros se ven influenciadas negativamente. como resultado de lo cual no se satisfacen sus necesidades de autorrealización y crecimiento personal. Los hijos que golpean a sus padres provienen de una familia en donde hay escases de amor, comprensión, control excesivo y prohibición de ser niño por los intereses y necesidades de su padre o su madre. Son niños a los que se les corta su imaginación, fantasía, creatividad, y su mente infantil navega en el cómo defenderse. Las consecuencias de esta violencia vivida en la infancia también pueden ser condiciones previas para la formación de un comportamiento victimizado en las mujeres cuando formen su propia familia.

 Este tipo de madre desarrolla desde su infancia cualidades como la lealtad hacia su verdugo (Síndrome de Estocolmo), la disposición al sacrificio personal, la tendencia a elegir una persona socialmente negativa, así como rasgos de una personalidad codependiente (el deseo de ayudar a los demás en detrimento de uno mismo, aceptación de la auto culpabilidad y la responsabilidad, dependencia del entorno, etc.). Son madres incapaces de establecer límites en la mayoría de los ámbitos de sus vidas. Una mujer que está constantemente bajo la influencia de una relación abusiva física, y emocional es incapaz de entender claramente lo que quiere, lo que le gusta, cómo se siente y lo que cree. Al padre de sus hijos, no es capaz en decirle “No” debido a que se siente inferior, desamparada, y espera pasivamente a recibir un castigo el cual en su interior disfruta.

 Ella cree que todas las mujeres deben ser tratadas en esta forma, incluso critica aquella que se queja porque su pareja la golpeo. No saben dónde terminan los límites psicológicos de su personalidad y comienzan los límites personales de su pareja, no prestan atención a sus sentimientos y necesidades. La responsabilidad por ella misma la reemplaza por la responsabilidad de su pareja para que decida ¿Qué es lo mejor para ella? Este tipo de madres, son abusadas por su pareja, y por sus hijos. Son mujeres que sufren relaciones abusivas de su pareja, y de sus hijos cuando estos crecen un poco y son capaces de doblegarlas.

 Ella suprime sus sentimientos, y reacciona fuerte ante el señalamiento de otra persona en contra de la actitud de su pareja o uno de sus hijos “Esta mentalmente perturbada” Tanto la madre como el padre vivieron en su infancia un sistema de enseñanza contradictorio, y aplican esas formas de enseñanza a sus hijos lo cual ellos las consideran correctas. Tanto el niño como la niña aprenden a identificar su papel basándose en el modelo de límites de sus padres. Una madre que no acepta este tipo de comportamiento por parte de su pareja, se revela, pero el esposo la va doblegando por el miedo a sus reacciones. La madre y los hijos siempre están esperando la avalancha de insultos, agresiones cuando se atreven a tomar una decisión sin el consentimiento del padre que los controla por completo.

 Es esa madre y sus hijos que no son capaces de preguntarse qué le gustaría que hagan, y ante cualquier cambio muestran cautela con los deseos y peticiones del padre abusivo. Los niños (Niña/niño) aprenden Ya han desarrollado una capacidad instintiva para evaluar los sentimientos y deseos de sus padres abusivos. Vale la pena señalar que cuanto más intentan la madre apaciguar al padre abusivo, más insatisfacción causa, y el límite de abuso sube de tono. Llega el momento en que la única voz que vale es la del padre, y los hijos y su madre se han acostumbrado en callar para obtener su aprobación anticipándose a una reacción negativa. Se van adaptando a los cambios bruscos de carácter, ira, maldiciones, y el miedo se convierte en manipulación permanente.

 El miedo conforme pasa los años se va intensificando hasta convertirse en estado patológico, es decir esperando que las fuerzas físicas de su padre disminuyan para poder ganarle. Desde los 18 años el hijo, ya empieza amenazarlo para observar hasta donde llega su intimidación, y no están dispuestos a equivocarse al momento de atacarlo. El padre mantiene esta situación de abuso con la creencia que los sigue intimidando, pero lo que desconoce es que el hijo ya es capaz de arreglárselas solo y en cualquier momento sacara ese odio acumulado desde su infancia. Los hijos crecen y la madre se va quedando sola. Ella ha aprendido a no discutir, quedarse callada, no niega ni afronta su realidad. Sigmund Freud enfatizó que la negación nunca proporciona una protección completa, porque cuanto más tiempo, más y con mayor fuerza se debe negar.

 Cuando la madre al fin se decida a enfrentar su situación, el esposo tendera a minimizar su comportamiento negativo a lo largo de los años. Para él, no existieron insultos, ataques psicológicos sino educación, así que terminara por culparla de su comportamiento justificándose que lo hizo por el bien de los hijos y la familia. Pero que los hijos son unos ingratos, mal agradecido. En un hogar “Cada cual ve lo que desea ver, y oír, lo que desea oír” la madre cree que comportarse como víctima, sus hijos la amaran, y que lo hace para ellos no se queden sin padre, cuando lo peor es tener un padre como este, una madre como ella.

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