MI
EXPERIENCIA EN EL RASTRO COMO ESTUDIANTE
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Médico
Veterinario Zootecnista FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Algún
día tendremos un caballo que dará leche como una vaca, lana como una oveja,
pondrá huevos como una gallina y ladrará como un perro, y un granjero puede
criar un tipo de animal y obtener todo de él. ¿No es este el sueño de la
humanidad?
Llegamos
temprano al rastro, éramos estudiantes de la carrera de Medicina Veterinaria y
Zootecnia, y acudíamos aprender sobre la vida normal, y el manejo de un rastro.
Lo primero que me llamó la atención al entrar fue el ruido (sobre todo
mecánico) y el hedor asqueroso a cuerno, viseras quemadas, suciedad. Primero
nos mostraron el área de matanza, ¿cómo se matan las vacas? Uno por uno de los
estudiantes nos acomodamos para observar desde un puesto alto y vimos a las
vacas que las arriaban con toques eléctricos mientras ellas lloraban
desesperadas ante su muerte.
Un
hombre con una pistola eléctrica se inclinó sobre la valla y disparó al animal
entre los ojos. Esto aturdió y el animal cayó al suelo. Luego se levantaron las
paredes del pasadizo, y la vaca salió rodando, volteándose de costado. Parecía
petrificada, como si cada músculo de su cuerpo estuviera congelado por la
tensión. El mismo hombre enganchó una cadena alrededor del tendón de la pata de
la vaca y, utilizando un mecanismo de elevación eléctrico, la levantó hasta que
sólo quedó la cabeza de la vaca en el suelo. Enseguida tomó un gran trozo de
alambre, a través del cual, según nos aseguraron, no podía pasar corriente
alguna, y lo insertó en el agujero hecho por la pistola entre los ojos del
animal.
Nos
explicaron que de esta forma se corta la conexión entre la médula craneal y
espinal del animal, y éste muere. Cada vez que el hombre insertaba un cable en
el cerebro de una vaca, ella pataleaba y resistía, aunque parecía estar
inconsciente se veía como sufría ante el arribo de su eminente muerte. Varias
veces mientras observábamos esta operación, vacas que no estaban del todo
aturdidas, cayeron de la plataforma metálica, y pataleaban en el piso mojado
tratando de incorporarse y salir huyendo. Por su parte el hombre tenía que
tomar nuevamente la pistola eléctrica, y les propinaba otro disparo en la
frente. Cuando la vaca perdía la capacidad de moverse, la levantaban de modo
que su cabeza quedara colgada cerca del piso.
Enseguida,
el hombre envolvía la cabeza del animal y le cortaba el cuello. Cuando hizo
esto, la sangre brotó como una fuente, inundando todo a nuestro alrededor,
incluidos nosotros. El mismo hombre también cortó las patas delanteras a la
altura de las rodillas cuando aún el animal no había terminado de vivir. Otro
trabajador cortó la cabeza de la vaca, que estaba torcida. El hombre que estaba
arriba, sobre una plataforma especial, estaba desollando. Luego llevaron el
cadáver más lejos, donde su cuerpo fue cortado en dos y se cayeron las entrañas
(pulmones, estómago, intestinos, etc.)
Me
quede impactado cuando un par de veces tuvimos que ver cómo caían terneros
bastante grandes y desarrollados de vacas recién degolladas. Había vacas
embarazadas en su último tercio de su gestación. El guía comisionado por el
rastro para darnos información, dijo que estos casos son comunes aquí. Luego,
el hombre cortó el cadáver por el lomo con una motosierra y la carne fue al
congelador. Mientras estábamos en esa área, sólo se sacrificaban vacas, pero también
había ovejas en los establos en espera a que terminara la matanza de las vacas
para seguir ellas y despues los cerdos. Los animales que esperaban su destino
mostraban claramente signos de pánico, jadeaban, ponía los ojos en blanco y
echaba espuma por la boca. Intuían y vivían aterrados ante su próximo fin.
Nos
dijeron que los cerdos se matan mediante electrocución (Pero ese día no sucedió
en esta forma, sino que los colgaban de una cadena y les clavaban un cuchillo
partiéndoles el corazón, y aun estando el animal vivo, desangrándose lo dejaban
caer en una pila de agua hirviendo). En cuanto al uso de electrocución en las
vacas, se nos informó que este método no es adecuado para las vacas, porque
para matar a una vaca se necesitaría tal voltaje eléctrico que la sangre se
coagula y la carne queda completamente cubierta de manchas negras. Mi corazón
se llenó de angustia al observar el sufrimiento de los animales, y sus gritos
desesperados taladraban mis oídos, fue tanta la afectación emocional que dure
varios di9as sin probar un pedazo de carne en mis alimentos, y el recuerdo me seguía
día y noche.
En
ese momento de ansiedad comenzaron a traer las ovejas. Las colocaron y les
cortaron el cuello con un cuchillo afilado y luego la colgaron de la pata
trasera para drenar la sangre. Esto aseguraba que el procedimiento no tuviera
que repetirse, de lo contrario el carnicero tendría que rematar manualmente a
la oveja mientras se retorcía en agonía en el suelo en un charco de su propia
sangre. Las ovejas sentían la muerte, y comenzaban a llorar, se orinaban, y
algunas se arrastraban al suelo intentando que con ello no las movieran al
lugar en donde acaba de ver morir a sus compañeras, pero todo fue en vano. Los
animales sentían el aliento de la muerte que se acercaba y resistían. Usando
picas eléctricas y filosas puntas las herían y otro hombre la empujaba por fin
el animal era arrastrado a la fuerza, perdía su última batalla y su vida cerró la
puerta.
Desde
el lugar en donde me encontraba podía ver como el cuchillo les atravesaba sus
entrañas y pude escuchar su ultimo lamento desgarrador, luego vi correr su
sangre por el piso. Aún con tantos años que han pasado recuerdo la mirada de
aquellas vacas y ovejas quienes gritaban y miraban hacia mí en busca de
auxilio. Bastaron unos minutos para que cada uno de los animales se quedara en
silencio para siempre. Atrás quedaba su pataleo, miedo, ansiedad, un charco de
sangre. Aún recuerdo el forcejeo para que el cuchillo no entrara en sus
entrañas. El animal se resistía en plena conciencia que la iban a matar sin
piedad, y murió desangrada.
Los
animales suelen pasar hasta tres días en un camión sin comida ni agua hasta su
descarga en los corrales del rastro. A la sed y el hambre debilitantes a menudo
se suma el factor climático: en invierno, los vientos helados provocan
hipotermia general y congelación local, en verano, el calor abrasador y la luz
solar directa, junto con la falta de agua, provocan deshidratación del cuerpo; El
sufrimiento de los becerros comienza unos dos o tres meses antes de ser
enviados al rastro ya que son castrados para que engorde y consuma menos
alimento.
Vale
tocar la castración de los becerros de engorde, ya que es extremadamente
dolosa, y sumerge al animal en un estado de shock durante mucho tiempo. En la
mayoría de los casos se castra sin anestesia. El proceso es el siguiente: se tira
al animal en el suelo y se corta el escroto con un cuchillo, dejando al
descubierto los testículos. Luego, cada uno de ellos se arranca con la mano,
rompiendo los ligamentos y venas que los sujetan, y se pone un hilo alrededor.
Enseguida se le pone un desinfectante cicatrizador.
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