miércoles, 2 de octubre de 2024

 

MI PRIMERA EXPERIENCIA EN EL TEATRO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Maestro de Danza, y Maestro de Teatro, egresado del Instituto Nacional De Bellas Artes.

 Desde aquel árbol de Navidad de la infancia que mi madre cubrió los varejones con algodón y le colgó unas cuantas esferas se me quedo grabado en la mente y fue parte de esa primera voz en mis recuerdos que con el tiempo se fueron acumulando. Desde aquella primera vez, cuando cursaba el cuarto grado de primaria cuyo Profesor fue Jesús Delgado en la escuela Morelos y la obra se presento en la Josefa Ortiz, que escuche los aplausos cuando represente una obra de teatro vestido con un saco de traje negro que me llegaba a los pies, y la gente se reía diciéndome “Estaba grande el muerto” ahi se despertó en mi tierna mente el amor por la literatura (en secundaria competí y gane concursos de declamación los tres años).

 Aprecié y recordé por muchos años aquello que le llaman aplausos y resuenan no en el oído del niño, sino en su alma haciéndola vibrar de alegría. Hay que escuchar como sonríe el alma de un niño, como suena esa voz y se fusiona para siempre. Esa mañana al levantarme recuerdo que lo primero que escuche fue el cantar de los gallos, el mugir de las vacas, y me pregunte ¿Tendré miedo, podre hablar en la obra sin orinarme en los pantalones, o soltarme llorando?

 Temprano me levante para irle a dar de comer maíz a las gallinas y las palomas. Amaba todo lo que me rodeaba, lo que escuchaba. Sabía que despues del canto de los gallos todo el pueblo se despertaría. Su canto era como un concierto en donde todos participan con su música divina. Era un día muy importante en mi vida, necesitaba estar muy despierto, recordar lo que diría, ir bañado, elegante con mi saco de traje que arrastraba, y el sombrero de la época romántica que le presto el juez auxiliar Kalalo Núñez, a mi madre, pero que en ese momento para mí era símbolo de mi importancia en la escuela.

 Ensaye la voz en el corral junto a las gallinas, y ellas cantalearon dándome su aprobación, solo el gallo me miraba fuera de lugar, como si fuera un impertinente que deseaba relegarlo en su poder, así que para decirme que él mandaba en ese gallinero, se puso a cantar a todo pulmón.

Lo escuche atento, su canto era magnifico, y las gallinas dejaron de escucharme ante el llamado de control que el gallo ejercía sobre de ellas. Entonces sonreí, y comprendí que el gallo cantaba dedicando su canto a sus gallinas, así que ya no les enseñaría nada a mis gallinas sobre la obra de teatro que representaría ese día en mi escuela. Deje el corral para dirigirme a la cocina en donde mi madre me preparaba el desayuno. Me senté en la mesa, y reinicié el recordatorio de la obra leyéndola de nuevo. Mi madre estaba atenta a la pronunciación de mis palabras.

 Me miraba y aconsejaba las diferentes pautas a utilizar en el sonido de mi voz. En ese momento me sentía un actor del cine del pueblo. Me daba cuenta que necesitaba recordar muy bien mi dialogo, pero que además se escuchara muy bien. Subía y bajaba la voz, resaltando las palabras acentuadas, desacelerando y acelerando (esto es elemental), necesitaba escucharme, modelar mi voz, mi timbre, pero mi capacidad de actor en ese momento era nula, solo contaba con la experiencia que veía en el cine. Debía probar mi voz, afinarla en entonaciones para llevarla a ese escenario donde todos los padres de familia del pueblo se reunirían en el teatro de la escuela.

 Me vi caminando rumbo a la primaria por el callejón del beso mirando al cielo y clamando porque todo me saliera bien. Justo al torcer la calle observe a un perro orinando un poste, y otro oliendo el tronco de un árbol. Enfrente estaba una casa con la puerta abierta, y en su ventana decorando la escena un gato observándolo todo. ¡Mira mamá, hay un gato en la ventana! Mi mamá sonrió ante la observación. Recuerdo que le pregunte ¿Por qué las personas aman tanto a los gatos, si todo el día se la pasan dormidos?

 Mi mamá guardo silencio por un instante reflexionando en que me contestaría, y rompiendo esa pausa dijo: Algunos los aman por sus colores, pelaje, porque en las noches cazan los ratones que se meten a su casa. Caminaba en silencio escuchando mis propias pisadas por los zapatos que me habían puesto, ya que normalmente siempre andaba en huaraches, pero ese día mi mamá saco los zapatos de mi hermano mayor para que luciera elegante.

 Al llegar a la puerta de la escuela sentí como si mis pasos ya no se escucharan, el dialogo de mi participación llegaba a mi memoria cortado, y comencé a sudar por miedo. Saqué de nuevo mi libreto de participación, y según recuerdo me senté atrás del escenario para repasarlo de nuevo, mientras mi mamá se sentaba en la primera fila con la intención de admirar a plenitud a su hijo. Ese fue el momento en que escuche en el micrófono que seguía yo en el escenario.

 Al salir me quede tieso, duro, sudoroso, y los aplausos no se hicieron esperar sobre todo mi mamá que se desvivía porque sus manos sonaran más fuertes que una sirena de barco trasatlántico. Mire a la niña con sus trenzas que recitaba su dialogo con voz clara. Fue entonces que sentí de nuevo la fuerza de voluntad para exclamar y pausar mi diálogo con ella. Reconozco que tanto mi dialogo como el ella los escuchaba resonar en mi oído, quería que todo el público presente me escuchara claro ya que para eso me había aprendido muy bien cada frase.

 Al terminar el público se quedó en silencio. Recuerdo que una gran angustia se comenzó apoderar de mi ánimo. Deseaba escuchar los aplausos de aprobación, pero fueron unos cuantos segundos que se me hicieron eternos para que al fin se escucharan. Salí del escenario, y corrí a los brazos de mi mamá. Ella me lleno de besos, caricias como si hubiera ganado una gran batalla. Al regreso observe que el gato aún continuaba echado en la ventana como si en mi mundo no hubiera pasado nada.

 Él no era espectador, mucho menos comprendía el sufrimiento que llevaba en el alma antes de presentarme en la obra, además no era mi gato por lo que no tenia de que preocuparse, total ni lo necesito me dije que para eso tengo mis gallinas y gallos quienes estarán deseosos de conocer mi triunfo. Mis animales que me ayudan a superar mis temores infantiles, y mis inicios de actor. Con esto quiero decir que lo más importante para un niño es formar su personalidad, disfrutar el mundo que lo rodea, sus silencios y sonidos para que acompañado de ellos alimente su alma en las entonaciones futuras que necesitara.

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