SECRETO DEL ACTOR EN UN
ESCENARIO TEATRAL
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Maestro de Danza y Maestro
de Teatro- Egresado del Instituto Nacional de Bellas Artes
Un día, cuando era niño,
estaba sentado en la plazuela del pueblo. Un transeúnte, en cuyas manos vi un
pequeño espejo, me arrojó un rayo de sol reflejado en su espejo. La luz del
espejo dejó un momento de ceguera en mis ojos. Tuve dificultad para distinguir
objetos por unos segundos. Sentí que todo a mi alrededor cambiaba
instantáneamente. Minutos despues reflexione sobre la difícil vida que padecen
los limitados visuales y los ciegos. Levante la mirada al sol y nuevamente me
quede ciego por esos segundos. Quería en mi inocencia, e ignorancia, jugar con
quedarme ciego unos instantes.
Así, pase un buen rato
concentrado. Han pasado los años y he comprendido la importancia de no mirar
exponiendo los ojos al sol de frente por el riesgo de perder la vista. Algo
similar se siente cuando estas en un escenario de teatro donde todos los ojos
de las personas están puestos en tu persona, y las luces te pegan directo a los
ojos. Esa intensa luz que enseña en lo inmediato en donde estas parado, y que
asumas ese comportamiento escénico. Es un estado de ánimo inusualmente sutil.
Las personas desde abajo en
sus asientos, creen que uno está viendo a todos, pero no es así, solo te quedas
concentrado en ti mismo. Son los momentos en que realmente te sientes artista y
te debes comportar como tal, como si toda esa luz que ciega tus ojos, no
estuviera presente, como si la gente esperando tu actuación no existiera. Ellos
creen que los estas mirando, pero ¡No! No son claramente visibles a tu vista.
Estando arriba en el escenario en todo momento debes fingir que te sientes
feliz, muy cómodo sin embargo la boca la tienes seca, la saliva escasea. La
gente cree, que estas arriba en escenario y andas como pez en el agua, pero
¡No! Más bien en ese instante deseas que te salgan alas y salir volando.
Un actor necesita mucha
tranquilidad, temple, calma, entereza en carácter, lucidez en su mente, memoria,
talento, inteligencia escénica. En ocasiones el tema y sus diálogos se borran
ante el estrés, y la ansiedad que se siente. Ante el escenario abierto la mente
se nubla, el cuerpo se tensa, los diálogos se disipan, y este obligado a
observar cada uno de tus movimientos. No hay justificación para equivocarte y
fallar, así que te debes de elevar por encima de esas luces que ciegan tus ojos.
Tu cuerpo y mente se debe
introducir en esa realidad, en ese espacio para revelarte con todas las
habilidades artísticas que posees. “Ahí, está el secreto” La mente, la voz, los
gestos, los pies, las manos, los diez dedos, dos ojos, deben ser capaces en
crear lo que estás diciendo, y el público debe percibirlos a plenitud. No debe
existir ningún descuido, no olvidarte de nada, estar comprometido con el
personaje de la obra, incluso sentirte enamorado de lo que dice. Ahí hay movimiento,
espacio limitado, rostros, luces, vida. No es lo mismo hacerlo en un teatro
abierto, ahí se requiere el uso de mayores decibeles en la voz, ser mucho más
intenso para atraer al público.
Por la tarde noche recordé el
espejo de la persona al ver el reflejo de la luna en el agua de un charco en
medio de la calle. Las sombras de la noche se fueron apoderando de las calles,
algo extraño en el ambiente estaba entrando. Mi propia sombra se reflejaba en
las aguas, los moradores del pueblo regresaban apresurados a sus casas. Tome un
pequeño pedazo de madera para batir las aguas y deformar mi rostro en el agua.
Era extraño debido a que se
deformaba y se volvía a formar como si nunca hubiera batido el agua, parecía
que la luz de la luna me decía que el camino de mi vida aun no terminaba, y que
solo en mi rostro esa luz iría dejando muescas del paso del tiempo sobre mi
rostro sin que me diera cuenta. Las sombras a mi alrededor me distraían, el
movimiento del agua hacia parpadear mi silueta, y por primera vez pensé en lo
que el paso del tiempo hace sobre las personas.
Me senté un poco en una
banqueta, antes de continuar mi camino a casa, estaba absorto en las
reflexiones. En lo alto la luna me miraba, ella sabía lo que me estaba
sucediendo, y tranquila esperaba que resiguiera mi camino sin comprender si
este era mi último viaje por esos senderos. Un gato corría por la calle
iluminada por la luna. El gato siguió corriendo hasta que lo perdí por la
distancia en las sombras.
Ese gato iba en busca de la
oscuridad de la noche para cazar y poder comer. Por supuesto que la luz de la
luna afectaba la vida nocturna de los ratones para salir tranquilamente a
alimentarse, pero no había vida sin un gato comiendo ratones y unos ratones alimentándose
de desperdicios. Por supuesto que la luz de la luna es importante para la vida
como lo es la luz de los reflectores para los actores en el teatro. Así, camine
por esa calle reflexionando sobre el teatro, la luz de la vida, los moradores
de la tierra, incluso sobre la importancia de la noche para que exista vida.
Cada uno en esta vida
necesita iluminación. Algunos les molestaran que en sus vidas no tengan
suficiente luz a otros les cansara su exceso como al público en el teatro les
gusta mirar desde las sombras en forma secreta, discreta, a los actores. Los
actores aman la luz, sobre todo cuando es exclusiva para ellos. Un actor
necesita esa luz y ese aplauso para vivir, esa plataforma que lo distinga de la
generalidad, es parte de su naturaleza humana.
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