PROFESOR HIPOCRITA (Parte uno de dos)
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
Jesún de Nazaret lo dijo: los maestros corruptos, que
predican una cosa y practican otra, muestran su pureza en el corte de sus
vestidos y en su humilde palabra, pero por dentro están llenos de toda
abominación y lujuria. Finalmente, él expresa esto aún más claramente al decir:
“Así que por fuera sois justos a la gente, pero por dentro estáis llenos de
hipocresía y desafuero”
¿Porque somos hipócritas? Quizás sea por lo que decimos. Expresamos
que mentir está mal, pero a veces mentimos. Explicamos que difundir rumores es
malo, pero a menudo hablamos de alguien a sus espaldas.
Apuntamos que amamos a los niños, a los estudiantes, pero
nosotros mismos muchas veces no mostramos amor. Predicamos juzgando asegunrando
que los niños y estudiantes tienen muchas deficiencias, pero no vemos las
nuestras. Para ser honestos, no somos hipócritas porque digamos o hagamos
cualquier cosa. Somos hipócritas porque intentamos ocultar nuestros fracasos y
actuamos como si tuviéramos todo en orden. A veces pensamos que el amor a los
niños y los estudiantes, por nosotros está ligado a nuestro éxito, y nos
inflamos de soberbia gritándole a todo mundo. Convierten el aula de clase en
una sala de juzgado familiar en un divorcio. Un hipócrita en la cultura griega
era un actor que desempeñaba un papel con una máscara.
En el aula nos trasformamos cuando lo que decimos no coincide
con lo que deseamos escuchar y juzgamos en lo inmediato “Nos convertimos en
actores” y el aula escolar se ve convertida en nuestro escenario. Ninguno de
nosotros es perfecto. Ni siquiera cerca. Y eso está bien. Después de todo, el
aula y la clase no es para que un profesor se compare con sus alumnos juzgándolos
imperfectos. Los maestros, no somos mejores que otros, ni más santos que otros,
ni más justos que otros. La vida no es una competencia, y no valemos por los títulos
acumulados, éxitos academicos, sino el como nos aceptamos a nosotros mismos. Cuanto
más se ame a los niños y estudiantes, asi como la profesión que ejercemos, más
tolerantemente percibirán nuestras palabras. ¡No, somos perfectos!, podemos
equivocarnos al máximo y nadie nos llamará hipócritas.
Cuando amamos, podemos criticar sin juzgar. Podemos conversar
en lugar de meter nuestros principios en los oídos de los niños y estudiantes. Los
alumnos sentiran amor si los amamos “El amor lo cambia todo” Una de las
necesidades humanas básicas es amar y ser amado. Al convertirte en profesor y
recibas un titulo no te convierte en persona perfecta. Por lo que debes
aprovechar tu tiempo para construir mejor tu profesión, tu vida, tu entorno,
desarrollando una buena relación, esforzándote siendo tu mismo tu mayor
prioridad. A partir del momento en que estes por primera vez parado frente a un
aula escolar debes comprender que a cambiado tu vida por completo. No puedes
ser hipócrita contigo mismo ni con tu relación. Quieres ser un buen maestro, comunícate
con los infantes, estudiantes, escuchalos, trasformate, saca lo mejor de ti.
Es más fácil para un profesor hipócrita regañar a un alumno
excelente por sacar una regular calificación, que regañar a un mal alumno por
golpear a la mitad de la clase mientras les quita el dinero para el desayuno. Un
hipócrita es una persona que dice una cosa y hace otra. Este rasgo a menudo se percibe negativamente,
pero es casi imposible evitar por completo la hipocresía. Casi todo el mundo se
ha encontrado en situaciones en las que ha tenido que ser astuto y decir algo
diferente a lo que piensa, es decir “Ser hipócrita” Si, esto lo hacemos una o
dos veces, no hay problema, solo estuvimos por un momento en el camino que nos
lleva directo a la hipocresía del cual no hay regreso.
La hipocresía pude llegar al límite de verse convertida en
patología. Es muy difícil convivir en el círculo de este tipo de personas, y
los es aún más cuando en una escuela ejerce jerarquía de profesor. La
hipocresía es una discordancia entre palabras y acciones. A menudo se le
confunde con ser un profesor pretensioso, petulante. Por ejemplo, un profesor
prohíbe a sus alumnos en el aula que consuman alimentos y él lo hace, les
prohíbe expresar palabras indecentes y lo hace. En los pasillos cuando se
juntan los profesores habla mal del maestro ausente en ese instante, y al verlo
en forma sonriente lo felicita por lo gran persona que es, o se arrastra con el
director, y a sus espaldas lo maldice diciendo que es un ineficiente en su
trabajo.
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