JUBILACIÓN
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Durante más de un siglo, la jubilación ha sido un concepto importante al planificar nuestras vidas y decidir nuestro rumbo. Desde el momento en que nos incorporamos al mercado laboral, tenemos la profunda convicción de que el final de la vida traerá un período de descanso en el que ya no tendremos que trabajar. Peo ¿qué pasa si no acumulo la exigencia de depósitos para jubilarme? Lógico, mi vida a partir de ahí, no tendrá ningún futuro, mi final ya no será tan claro, viviere en un nuevo estado social, y económico en donde no cubriré mis necesidades prioritarias. Fue el canciller alemán Otto von Bismarck, quien dio inicio al concepto de “Jubilación” en el año de 1889, y hoy es un sistema internacional de pensiones.
En aquel entonces, la esperanza de vida media en Alemania era inferior a 50 años, pero la edad de jubilación estaba fijada en los 70 años de edad. Esto se debía más a una consideración política que a una política social, ya que muy pocas personas vivían lo suficiente para recibir una pensión. El engaño se fue convirtiendo en una lucha social, económica, cultural dando paso a la comprensión humanitaria de las personas que han envejecido, y su derecho a terminar sus últimos años de vida con un mínimo de bienestar. Nos encontramos en una coyuntura crítica de transformación. Con el aumento de la esperanza de vida, los cambios económicos y la evolución de las identidades, las estructuras de la vida moderna se enfrentan a inmensas presiones y desafíos. Si bien resulta inquietante, debemos innovar, repensar y re imaginar.
Esto implica diseñar etapas de la vida que integren el trabajo y el descanso, permitiendo que se distribuyan de forma flexible a lo largo de los diferentes períodos de la vida. También implica establecer sistemas financieros que permitan a las personas hacer una pausa, volver al trabajo, reaprender y reinventarse. Y lo que es más importante, la sociedad en su conjunto necesita más empatía y flexibilidad. El gobierno, y la sociedad tienen la responsabilidad de proteger la dignidad de las personas mayores que no pueden o ya no están en condiciones de trabajar, y de garantizar su seguridad y sus necesidades básicas.
La jubilación no debe ser solo una decisión personal; es también una responsabilidad social. No todos quieren, ni pueden, seguir trabajando. Para quienes realizan trabajos manuales o padecen enfermedades crónicas, la idea de no jubilarse puede traer más agotamiento físico y mental que libertad. En México uno de cada cinco adultos mayores de 65 años sigue trabajando y se debe a que no pueden dejar el trabajo por presiones económicas.
Este porcentaje sigue aumentando a medida que la inflación impacta la economía. Cualquier cambio en los modelos de jubilación tradicionales debe incluir el apoyo a los grupos más vulnerables. Para las personas mayores que no pueden o ya no están en condiciones de trabajar, el estado mexicano, y la sociedad debe garantizar su dignidad y asegurar su seguridad y necesidades básicas.
Las tres etapas de la vida laboral, son tres: educación, trabajo y jubilación. Nunca tuvieron la intención de que el estado tuviera que sacar dinero del ahorro de los trabajadores quienes lo fueron acumulando mediante descuentos, y sus impuestos. Sin embargo, las luchas sociales lograron que el estado tuviera que regresar lo que es de los trabajadores, y esa es la realidad que hoy cada persona que se jubila enfrenta. Según datos de la Organización Mundial de la Salud de 2023, la esperanza de vida mundial ha aumentado más de dos décadas desde 1950.
El modelo de jubilación tradicional no es aplicable para que satisfaga las necesidades prioritarias de las personas que se jubilan, y su error deliberado de forma mafiosa fue el pagarle al jubilado en UME, lo que significa muy por debajo del sueldo mínimo y aumentos al salario mínimo. La justificación del estado es que no alcanza el dinero debido a que la longevidad de las personas es mayor. Así, que el destino final de las personas que se jubilación a la fecha sigue siendo como en un principio, ahora y siempre un error deliberado de forma mafiosa.
Este no es solo un debate ideal, sino un verdadero desafío. Muchas personas simplemente no pueden permitirse una jubilación a largo plazo. Millones de trabajadores no contaran con un ahorro para su jubilación especialmente los informales, y los que por necesidad aceptan un trabajo sin compromiso alguno por quien lo contrata (Trabajadores que no cuentan con fondos de jubilación proporcionados por sus empleadores) Mientras tanto, el aumento de los precios de la vivienda y el estancamiento de los salarios les dificultan aún más acumular riqueza para su vejez. La población activa laboral va a la baja, y muchos empleados mayores optan por permanecer en la fuerza laboral, no solo por sus ingresos, sino también por sus relaciones sociales y sus objetivos de vida.
Está comprobado que una persona en edad avanzada cuando continúa trabajando clínicamente se mantiene más sano, que quien se jubila para quedarse sentado en su hogar aumenta el riesgo de depresión clínica hasta en un 40 % y el riesgo de enfermedades físicas hasta en un 60 %. Un estudio de 2015 de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard también indicó que ampliar la jornada laboral puede ralentizar el deterioro cognitivo y reducir el riesgo de desarrollar demencia.
Esto demuestra que mantener el compromiso y la actividad mental en la edad adulta tiene un impacto positivo en la salud, las metas vitales y el bienestar general. Esto no significa que todos deban mantener un trabajo físico que demande quema de energía sino un trabajo en donde se aporte experiencia, es decir un trabajo más flexible, permitiendo que personas de mayor edad sigan aportando su valor.
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