jueves, 8 de enero de 2026

 

NO, SOY UNA CHICA “ATEA” (MARTHA)

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Ya les he dicho que, si eres joven y no tienes claro qué quieres, deberías leer y desarrollar tus intereses en lugar de creerte fácilmente las palabras de un hombre quien te puede manipular, y hacer que no solo pierdas tu libertad sino tu autoestima. Provengo de una familia tradicional común y normal del campo (Crecí en un pueblo común). Los adultos de allí pensaban que una chica no se casaría si leía libros, y que los libros solo le metían ideas malas a la cabeza (Conservadores tradicionales) Mis padres fueron mis guías en la infancia, pero al cursar la secundaria empecé a leer infatigablemente, buscando encontrar comprensión sobre la vida, a través de los libros, definiendo así mis intereses y aspiraciones.

Me decía a sí misma: “Cuando crezca, debo tener cuidado de que mis miedos por ser mujer no me hagan salir corriendo. Para mis 30 años de edad, ya he leído tanto, que es como si me hubiera tragado entera una gran biblioteca. Siempre que siento que el mundo es insoportable, me refugio en un libro y encuentro consuelo.

Soy una niña de un pueblo común y corriente, gracias a mi amor por la lectura, mi sed de conocimiento y mi inagotable curiosidad por todo lo que me rodea, me liberó de mi mundo pueblerino, tradicional y conservador mediante el autoaprendizaje. Hoy escribo para inspirar a otras chicas y que comprendan que casarse y tener hijos, no es su misión en esta vida. El matrimonio actual dura muy poco y las que se quedan dentro las abandonan con sus hijos teniendo que trabajar para mantener a sus hijos “No, estoy en contra del matrimonio solo escribo lo que observo)

No soy una chica atea, ni en contra de la religión de otras personas, simplemente respeto a todas las personas, pero amó la libertad. A mis 30 años de edad, conocí a un hombre hace unos meses y nos hicimos amigos. Nos conocimos en un parque y nos llevamos muy bien, así que me pidió mi número de teléfono. Dijo que le encantaría conviviéramos más. En lo personal, yo no estoy lista para salir con alguien que busque una vida en pareja, así que lo acepte como amigo. Salíamos poco juntos, y no miento la he pasado genial a su lado. Es amable, simpático, y otras cualidades

que podría mencionar, y mis sentimientos por él no se han desvanecido ya que deje de aceptar sus invitaciones. Lo regrese al principio “Solo podemos ser amigos”

Y es que comenzó a decirme que sentía que estaba enamorado de mí, y que deseaba que yo lo aceptara para algo más serio y con compromiso. Me dijo que le había gustado desde que nos conocimos, pero que sabía que no estaba lista para una relación. Tras varias citas, insistió que se sentía feliz a mi lado, que no dejaba de pensar en mí. Comenzó hablarme por teléfono a toda hora del día, y se quedaba pegado sin querer cortar la conversación, hablando de un montón de cosas. No, niego, sus asedios no me molestaba. Pero comenzó el problema con sus pláticas guiadas a su religión cristiana. “Me di cuenta que es devota”

Cree firmemente en Dios y en el Cielo, y necesita hacer buenas obras en este mundo para poder ir al Cielo y volver a ver a su familia. Me ha preguntado mi opinión sobre lo que considero importante: la moral, el más allá, etc. Hemos tenido largas conversaciones sobre nuestras creencias religiosas y tenemos importantes desacuerdos. No soy atea, pero tengo opiniones muy negativas sobre las personas que estan al frente de la iglesia, la gente que usa la religión para controlar a los demás y las contradicciones en los textos religiosos. De hecho, disfruto de nuestras conversaciones religiosas porque son desafiantes, y debatir puntos de vista opuestos es divertido cuando todos se respetan.

El problema es que quiere convencerme en que sea una cristiana para que pueda ir al cielo, e incluso en dos ocasiones me llegó con la biblia en la mano y me leyó unos versículos. No niego que estuve a punto de reírme cuando me hablo de la maldad del demonio que está al acecho de nuestras acciones, y nos induce a cometerlas, pero como digo, soy una chica que respeta a todas las personas en sus creencias. En ese momento me dije mentalmente: “Me atrae, pero su fanatismo me dice que no dé un paso adelante” me platico que una hermana de su religión lleva mucho tiempo casada con un hermano cristiano que la trata muy mal pero que ella mantiene su relación porque es cristiana y considera que es Dios quien decidió viviera ese tipo de vida al lado de esta persona.

Un sábado me dijo que, si deseaba acompañarlo a su templo, y respondí que “No” Uno de los principios más fundamentales de la forma en la que analizo a las personas, es que no se puede cambiar a las personas. Nunca le pediría que cambiaras tu fe por mí, ni tampoco aceptaría cambiar la mía por alguien. Lo que me molesto es que en los paseos le deje claro que respeto a todas las religiones, que no soy atea, y él insistió en cambiarme ¿Alguien ha tenido una experiencia similar? Me invito a salir, y se sintió con el derecho de hacerme cambiar por el simple hecho de tratarme con amabilidad. No estoy en contra de la biblia, sino del fanatismo. La responsabilidad de los padres es ayudar a sus hijos a crecer, no explotarlos para satisfacer deseos personales; deben animarlos a buscar la independencia.

Como miembros de una familia, nuestra responsabilidad no es solo llevar comida o dinero a casa, sino ayudarlos a lograr su superación personal. Debido a las diferencias en talento y crianza, la amplitud y profundidad de la experiencia vital de cada persona varía enormemente. Todos tenemos nuestra propia comprensión de la vida, diferentes cosmovisiones y filosofías, por lo que cada uno tiene su propia religión. A menudo, nuestra definición de religión es demasiado limitada, simplista. Cada persona tiene visiones y creencias específicas sobre las leyes y la esencia del mundo. Nuestros problemas psicológicos suelen estar estrechamente relacionados con nuestra cosmovisión.

La cosmovisión, o religión, de una persona está relacionada con su entorno cultural. A menudo aceptamos fácilmente las creencias de quienes nos rodean y consideramos la transmisión oral como verdad. Factores fundamentales provienen de nuestra familia, incluyendo nuestras experiencias y sentimientos en el hogar, que determinan nuestra percepción de la naturaleza del mundo. Las palabras y acciones de nuestros padres crean un mundo externo único para nosotros, sobre el cual formamos nuestra propia cosmovisión. Para un niño, los padres son como Dios, y su forma de afrontar las cosas es la ley suprema del mundo.

Los padres amorosos dejan a sus hijos con amor y calidez cuando son adultos; los padres poco confiables y vengativos pueden llevar a sus hijos a percibir el mundo como algo malo. Los niños que no reciben atención en la infancia suelen carecer de seguridad y son cautelosos y hostiles hacia el mundo. Nuestra visión del mundo depende de la influencia de nuestras experiencias infantiles, lo que crea un conflicto con la realidad. Para construir una visión del mundo que se ajuste a la realidad, debemos aprender continuamente, profundizar nuestra comprensión del mundo, superar nuestros límites autoimpuestos y revisar nuestra visión del mundo. El mundo está lleno de contradicciones; las personas tienen diversos sentimientos y perspectivas sobre sí mismas y los demás, derivados de experiencias pasadas.

Lo cierto es que la experiencia no es omnipotente ni una ley universalmente aplicable. Nos aferramos obstinadamente a nuestra propia visión del mundo, incluso a costa de conflictos y crecientes disputas. La religión, y la madurez mental son un viaje continuo de búsqueda de conocimiento. Solo a través del aprendizaje y el progreso podemos liberarnos de las limitaciones de las experiencias pasadas. “Solo la duda y el desafío pueden llevarnos a la libertad” Por lo tanto, gradualmente reemplazamos la religión lo que nos plantea desafíos. Para vivir verdaderamente, debemos poseer nuestro propio lenguaje, una conciencia única de la duda y el desafío. Una cosmovisión con libertad, venera la verdad permite soportar todo el sufrimiento, todo el dolor de liberarse de las experiencias pasadas y enfrentar los desafíos futuros.

La fe excesiva en Dios puede conducir fácilmente al dogmatismo, la guerra, la persecución y la aparición de innumerables rostros hipócritas. Bajo el disfraz de la fe y la máscara de la benevolencia, crean diversas formas religiosas e idolatría con otras intenciones. En muchos casos, Dios no es una promesa para el más allá, sino un control para esta vida. No se trata de rechazar la religión, ni apoderarnos de la fe sino más bien en no caer trampas para rechacemos a una o a otra sea religión o fe. Nadie debe seguir a nadie como ciega, ni hay derecho a negar otras ideas que bien merecen una exploración profunda más allá de nuestros círculos personales habituales. Adoptar una actitud serena y escéptica hacia todo lo que otros nos enseñan, incluyendo conceptos culturales comunes y costumbres obsoletas, es un elemento indispensable para la libertad.

La ciencia misma puede engañarnos y convertirse fácilmente en un ídolo cultural. Mantener una actitud escéptica significa ir más allá de la superstición, adentrarse en el agnosticismo y luego escapar de él. La libertad requiere un esfuerzo constante y es inevitablemente un proceso difícil. Requiere confrontar las fuerzas naturales y resistir la tendencia natural al conformismo. Tendemos a mantener el statu quo por miedo a lo que nos espera. Experimentamos desilusión porque nuestras expectativas superan con creces las de generaciones anteriores; comportamientos intolerables hoy se consideraban perfectamente aceptables ayer.

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