sábado, 30 de marzo de 2024

 

EL PROFESOR (CUENTO)

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autonoma de México.

En un pequeño rancho, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un joven que cuando se miraba al espejo se impresionaba a sí mismo y al mismo tiempo se lamentaba por estar rodeado de ignorantes y serviles vecinos. Él miraba con envidia y fascinación la gran ciudad que era la capital de su estado natal.

Admiraba el machismo de las películas de la época de oro que llenaban el cine de su pueblo para disfrute de los campesinos que allí se congregaban por la noche. Se inscribió para profesor en la escuela normal en la capital de su estado y regresaba los fines de semana a su pequeña comunidad, en donde los otros jóvenes campesinos sin estudios le admiraban.

No era un gran orador, pero estudiaba para profesor y eso le daba un gran status entre los suyos y las jóvenes mujeres. Formaba parte de las directivas de todas las organizaciones presentes en la comunidad: junta de vecinos, consejo parroquial, cooperativa, fiestas patronales, clubes deportivos, centros de madres, círculo literario, etc.

En su pequeña comunidad las calles eran de tierra, el suministro eléctrico era de dos horas al día, el centro de salud sólo un centro, en donde la salud nunca llegó por culpa de un cheque que siempre estaba en camino, la escuela no estaba en mejores condiciones de hecho, era una escuela que no tenía nada que envidiar a las de Somalia, Etiopía o cualquier potencia mundial.

Un día, no se sabe cómo, logró un cargo de profesor Universitario y, en muy poco tiempo, pasó de vivir en una precaria casucha a una mansión de dos plantas con piscina y jardín, también consiguió un vehículo de alta cilindrada con combustible asignado y un sueldo que le permitió lograr todo lo imaginable. Los vecinos de su rancho estaban contentísimos, lo admiraban porque un hijo de la comunidad había logrado el progreso por la vía de la educación, aunque era un profesor que nunca toco un gis.

Ahora, cuando se miraba a su nuevo espejo estaba más impresionado, se decía a sí mismo que lo habían elegido porque él era el mejor, el único capaz de gobernar a estos brutos atrasados, analfabetos, esos huérfanos que necesitan un líder instruido, docto, con capacidad de persuasión.

Ahora no solo los de su pueblo, sino que todos venían a buscarle con cualquier pretexto para salir en una foto con él, o a traerle obsequios. Le surgieron amigos hasta por debajo de las piedras y dejaron de llamarlo profesor para empezar a llamarle doctor. Estando en el puesto uno de los padres de familia tuvo la brillante idea de llamarle a la sala de medio “Doctor”

Con la intención de llamar la atención del personaje. Ellos necesitaban mesas que se arreglara el suministro eléctrico. Pero él no daba la cara y, además, de manera altruista, les impartía una conferencia magistral sobre “La influencia de los mercados financieros aprendido el discurso en su paso por una Senaduría.

Era algo impresionante, los aplausos eran efusivos, los comentarios también lo eran: “Menos mal que en la comunidad tenemos al doctor”, “¡Qué diferencia entre el doctor y los de antes! ¡Qué dominio de la palabra! ¡Ya era hora de que se tomara en cuenta a un Profesor en nuestro estado!”. La fama del doctor conferencista traspasó las fronteras del estado. Pensaba que, por fin, él sería reconocido como lo que era “Un gran líder”

Cuando alguien le cuestionó que en su estado todos los problemas sociales se estaban agravando él respondía que “esos problemas debían mirarse desde la perspectiva de la complejidad y de las interrelaciones de los fenómenos humanos y sociales que influyen en la conducta humana, además de las variables dependientes de la tasa cambiaria heredada de gobiernos predecesores”. ¡Pobres e ingratos ignorantes! No sabían reconocer la grandeza y los fines superiores del Doctor.

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