SIMONE DE BEAUVOIR
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano. FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Quiero que toda vida humana sea
pura y clara libertad. En esta frase refleja su esperanza de que todas las
personas puedan ser libres. Conocerse a uno mismo no es garantía de felicidad,
pero está del lado de la felicidad y puede darnos el coraje para luchar por
ella. Conocernos a nosotros mismos nos permite saber quiénes somos y qué
queremos, dándonos un propósito por el que luchar y tratar de ser felices. El
secreto de la felicidad en el amor está menos desarrollado en ser ciego que en
cerrar los ojos cuando es necesario. Para Simone, el amor no es idolatrado por
otras personas y no ve fallas o errores, sino amor por otras personas
considerando que las fallas están presentes.
Entre dos personas, la unidad
nunca se concede, sino que debe cubrirse indefinidamente. Mantener una
relación, independientemente del tipo de vínculo del que hablemos, se supone
que es un esfuerzo constante para que sobreviva. Que nada nos defina, que nada
nos detenga, que la libertad sea nuestro propio elemento. Podemos amar o
conocer algo o, a alguien, pero debemos quedarnos con nosotros mismos. El
problema de la mujer siempre ha sido un problema de los hombres (La vida
patriarcal de la mujer centrada en la figura y perspectiva masculina).
Una mujer independiente es todo
lo contrario de una mujer fácil. Para Simone el hecho de que la mujer acepte y
trate de ajustarse a los roles de género es lo que le impide ser independiente.
10. Hay un secreto para vivir feliz con la persona que amas: no intentar
cambiarlo. Un error común que muchas personas cometen es tratar de cambiar a su
pareja: convertirla en alguien que no es. Esto puede crear profundas
frustraciones y sufrimiento para ambas partes. Es necesario amar a alguien por
como es y no por cómo queremos que sea.
“No naciste mujer: te
convertiste en una” Quizás la frase más recordada de Simone de Beauvoir, se
refiere a que para ella una mujer debe configurar su propio concepto e
identidad del término “mujer”, dejando su visión identificada por su relación
con los demás. Por sí misma, la
homosexualidad es tan limitada como la heterosexualidad: el ideal es amar a una
mujer o a un hombre, a cualquier hombre, sin sentir miedo, represión u
obligación.
En esta frase defiende la necesidad de que
todos puedan amar a quien quiera amar, sea al contrario o al mismo, sin tener
que encerrarse en una categoría específica. El cuerpo no es un objeto, es una
situación: es nuestra comprensión del mundo y el boceto de nuestro proyecto. A
través del trabajo, las mujeres pudieron salvar la distancia que las separaba
de los hombres. El trabajo es lo único que puede garantizarte total libertad.
Esta sentencia establece la necesidad de que las mujeres accedan al mercado
laboral, para que tengan las mismas oportunidades que los hombres y puedan ser
libres.
Simone de Beauvoir fue una novelista y ensayista parisina de
la década de 1950. En 1954 , ganó el premio Goncourt por su novela Les
mandarins. Feminista comprometida (en particular con su novela (El segundo sexo),
Simone no dudó en participar en el movimiento de liberación de la mujer en la
década de 1970. A pesar de un matrimonio exitoso (platónico) con Jean-Paul
Sartre, Simone de Beauvoir no dejó de ser heterosexual. relaciones durante
mucho tiempo, y habría tenido relaciones románticas con mujeres, y en
particular con algunos de sus alumnos homosexuales (o heterosexuales).
Aparecieron luchadoras como
Margaret Mead y su concepto de culturalismo. Francois Héritier y su paradigma
estructuralista, y Paola Tabet con sus críticas al intercambio
económico-sexual. Las mujeres iniciaron el patriarcado y su androcentrismo.
El sexo social y las nociones
percibidas de sexo y género representan un sólido punto de partida de la
crítica feminista. Las ideas universales establecidas a través de la mirada
masculina fueron desafiadas: por Mead, quien abogó fuertemente por el
culturalismo y que el sexo social (género) y la sexualidad fueron construidos
por el condicionamiento social y la cultura colectiva; por Héritier, quien, a
través de su paradigma estructuralista, reafirmó una clasificación jerárquica
de la dominación masculina sobre la mujer; y por Tabet, quien declaró que el
intercambio económico-sexual de hecho desplegaba la domesticación y explotación
sexual de las mujeres. La idea feminista confrontó el sesgo androcéntrico de
las mujeres indígenas y reexaminó el papel de las relaciones sociales en el
sexo, el género y la sexualidad.
Definió que el rol sexual no se
define simplemente por el sexo biológico, sino por el sexo social, y por las
sexualidades establecidas por los condicionamientos socioculturales de las
diferentes sociedades y culturas. Debido a la mirada masculina, la mujer y la
feminidad habían sido marginadas. El androcentrismo ha posicionado a los
hombres como el estándar de género neutral. Sin embargo, el surgimiento de las
mujeres colocó todos los trabajos precedentes bajo un nuevo ángulo feminista, y
obligó a reflexionar y asumir la responsabilidad.
Antes de criticar las propuestas
de las feministas Mead y Héritier es importante tomar en consideración que sus
obras se produjeron a principios del siglo XX, donde predominaba la opinión
masculina. Algunas mujeres se esfuerzan constantemente por liberarse de las
cadenas invisibles del patriarcado y redefinen el concepto de feminismo. Creo
entusiasmo entre las mujeres el ver a Kamala Harris como la primera
vicepresidenta del país más poderoso en este mundo o Inglaterra con Margaret
Tacher, Alemanía con Ángela Merkel, la India con su primera ministra Indira
Gandhi. Lo que molesta a las feministas son los concursos de belleza femenina.
Margaret Mead fue una
antropóloga estadounidense que se convirtió en una de las figuras feministas
más famosas. Sus trabajos reconocidos en las décadas de 1920 y 1930 incluyo en
sus investigaciones que había una disociación entre lo biológico y lo cultural
en la concepción del sexo y el género, y que las identidades de género
generalmente se derivan de criterios biológicos ("sexo biológico"),
como si uno posee genitales masculinos o femeninos. Margaret Mead propone una
sociocultural ("sexo social").
Ella argumenta la idea de que
los individuos, por lo tanto, su personalidad, sexualidad y características de
género, están moldeados por el entorno social. Esto abarca todas las formas de
socialización: tradiciones, costumbres, relaciones familiares y románticas,
roles comunitarios, etc. Define que temperamento (Carácter, violencia etc.)
adquiere su valor de acuerdo a la sociedad (Sex and Temperament: In Three
Primitive Societies (1935). Estudió tres tribus, los Aparesh, los Mundugumor y
los Tchamuli, y sus condiciones socioculturales en el transcurso de la niñez
hasta la edad adulta. Llego a la conclusión primera, que Aparesh y Mundugomor
compartían los mismos atributos tanto para hombres como para mujeres en sus
respectivas culturas.
El ideal de Aparesh era amable,
gentil. y pacífica; mientras tanto, el ideal de Mundugumor era violento y
agresivo. Por su parte los Tchambuli mantuvieron comportamientos muy
contrastantes con lo que solemos tolerar como normativo. Los Tchambuli se
caracterizaron por una superioridad de las mujeres, convirtiéndolas en las
parejas dominantes; mientras que los hombres eran menos capaces y más
emocionales. Así, mientras las tribus Aparesh y Mundugumor no diferenciaban
entre los sexos, los Tchambuli los invertían.
Ante ello Margaret Mead
determino que es la cultura la que determina las características del género. Es
la cultura la que define los rasgos masculinos y femeninos. Reafirmó que las
tradiciones y costumbres de diferentes culturas y sociedades habían fabricado
superficialmente estos rasgos. Es el condicionamiento social y cultural lo que
moldea completamente el género (sexo social). Designa que la agresividad no
siempre define la masculinidad; que la pasividad y el asentimiento no siempre
definen la feminidad.
Propuso la posibilidad de que,
en cada comunidad, las características propias de hombres y mujeres pudieran
variar y también evolucionar. Concluyo que los rasgos de personalidad están
ligeramente vinculados al sexo. La sociedad y su entorno podrían moldear los
rasgos en aprender actitudes de igualdad, las cuales podrían ser
intercambiables (Amor por lo niños, feminismo, sensibilidad) dando origen a la
inversión de los roles de género tradicionales. Todos los ejemplos prueban que
el sexo social (es decir, el género y sus características) son diversos,
contrariamente a la teoría del sexo biológico. Ella rechazó enérgicamente la
idea de la dominación masculina universal; contra esta visión androcéntrica que
glorifica al hombre y la masculinidad hasta la supremacía.
Francois Héritier: francesa. -
Fue un icono en lo que respecta a las relaciones sociales de sexo y género. Sin
embargo, ella había abordado el diálogo con un paradigma diferente: el
estructuralismo. El estructuralismo es un método y una filosofía que estudia
los modelos subyacentes o implícitos de la vida social; no solo estructuras y
relaciones, sino creencias, ideas y comportamientos de las personas, así como
los resultados de estas causas. El enfoque clave de Héritier sería lo que
denominó la valencia diferencial de los sexos.
Extraído de los pilares
fundacionales de la obra estructuralista de Lévi-Strauss, destacaba la
prohibición del incesto, la división sexual del trabajo y una forma de unión sexual.
La diferencia sexual, por lo tanto, determinaba muchos aspectos en la
comunidad. Reconoció que la dominación masculina existe, está activa, es
opresiva, violenta, arrastra ritos, simbolismos, inculca comportamientos.
Descubrió por primera vez esta estructura en el sistema de parentesco. El
parentesco son patrones o tendencias de relaciones sociales que forman una
parte importante de la vida de las personas en las sociedades.
Esto incluía la procreación, la
paternidad, la socialización, los lazos familiares, etc. Sin embargo, estos
sistemas de parentesco en realidad se derivan de un simple hecho biológico: la
diferencia física entre los cuerpos masculino y femenino. Fue cuando describió
el femenino y el masculino, exponiendo el abuso de poder de un sexo sobre el
otro y el cómo se valoriza y pierde su valor poniendo al hombre como superior y
a la mujer como inferior. El masculino desacredita sistemáticamente a lo
femenino. Su obra: La pensée de la différence, Héritier (1998).
Esto puede variar dependiendo de las
diferentes sociedades (emoción y razón, amabilidad y agresividad). De ahí que
hombres y mujeres compartan categorías establecidas masculino-femenino. Una
forma distinta en que se presenta la dominación masculina fue la visión de la
capacidad de las mujeres para engendrar ambos sexos. Debido a que las mujeres
podían reproducir tanto hijos como hijas, los hombres buscaban apropiarse o
reclamar la propiedad de sus cuerpos, usándolos únicamente para producir
herederos. Por lo tanto, la sociedad considera a las mujeres como recursos
indispensables para tener hijos.
No son sujetos de derecho sino
objetos de deseo que pretenden reproducirse y auto sexualizarse para los
hombres. Existe una jerarquía social y sexual entre hombres y mujeres. Los
machos dominan este orden. Los hombres querían controlar la fertilidad y la
procreación de las mujeres, este poder para crear niñas y niños, obligando a
los hombres a vivir como hombres y a las mujeres a vivir como mujeres.
Héritier especuló que la
dominación masculina ha prevalecido desde tiempos prehistóricos. Ella creía que
la verdadera igualdad podría no haber ocurrido nunca. Esta creencia de
jerarquía social institucionalizada de los sexos sería el fundamento de la
crítica de Paola Tabet a lo que llamamos el continuum del intercambio
sexual-económico.
Paola Tabet: italiana: Creadora
de la problemática sobre el pensamiento primitivo de la mujer. Su postura “En
una sociedad que otorga gran libertad sexual tanto a mujeres como a hombres, ¿por
qué los actos sexuales femeninos son recompensados con regalos?” Con este
argumento, destaca la cuestión de la remuneración de los actos sexuales
femeninos en la historia de la relación entre hombre y mujer, en particular el
intercambio sexual-económico. Su obra: The Sexual Lives of Savages in
North-Western Melanasia (1929).
Supuso que existía una fuerte
libertad sexual, especialmente en las mujeres jóvenes, a quienes la sociedad
alentaba a tener relaciones sexuales. Esta afirmación sería criticada por el
hecho de que estos actos femeninos fueron, de hecho, compensados. Se les
remuneraba a las mujeres por los favores sexuales que estaba presente en todas
las relaciones románticas. “El hombre debe ofrecer constantemente pequeños
obsequios a la mujer y la mujer, al consentir en tener sexo con un hombre, le
está haciendo un servicio”. En los pueblos indígenas normalizaron este tipo de
pago. Según la regla de la reciprocidad, cualquier servicio (por parte de
mujeres) recibido (por parte de hombres) debe ser reembolsado.
Este pago no es específico de
las relaciones sexuales, sino que describe un sistema más general de dar y
devolver con algo de valor equivalente. Además, la comunidad enseña a sus
habitantes, desde la infancia hasta el matrimonio, juegos eróticos y ejercicios
sexuales con este sistema de “regalo/pago”: los jóvenes podían ofrecer pequeños
presentes (por ejemplo, una concha o una flor) a las niñas a cambio de favores
sexuales. Esto también se convertiría en un elemento básico tradicional del matrimonio,
en el que el esposo aún debe darle regalos a su esposa a cambio de la
aceptación sexual que ella le ofrece. Sin embargo, la remuneración de los
favores sexuales pinta los actos como prostitución implícita y es casi
indistinguible del matrimonio.
Esta idea de no reciprocidad,
introducida por primera vez por Lévi-Strauss, condujo a la domesticación de la
sexualidad femenina. En primer lugar, es un pago unilateral; la mujer no recibe
ninguno de los mismos favores de los hombres. En segundo lugar, incluso cuando
existe un apego mutuo en la relación sexual, todavía se considera un servicio
prestado por la mujer al hombre. Las mujeres son objeto de intercambio entre
hombres, a través de servicios domésticos, procreadores o sexuales. En efecto,
las mujeres son actores pasivos en este intercambio sexual-económico y tienen
casi ninguna autonomía.
Son incapaces de tomar la
iniciativa durante las relaciones sexuales y no están equipados para
rechazarlas; son los hombres quienes establecen los términos y condiciones de
la cita sexual. Además, las mujeres tienen una dependencia personal hacia los
hombres de sus medios económicos, lo que hace que la situación sea comparable a
la de subordinación o servidumbre. Según Tabet, las mujeres de la tribu
trobriandeses naturalmente poseen un gran interés en la sexualidad y un alto
impulso sexual, pero se demuestra que esto es falso. En lugar de erotizarlos,
Tabet reafirmó que el desequilibrio entre los actos sexuales masculinos y
femeninos es una construcción social; producto de un tipo específico de
socialización.
No hay comentarios:
Publicar un comentario