PATRIARCADO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano. FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Para aquellos que preguntan qué
es el patriarcado, es un "patrón institucionalizado de dominio masculino
en la sociedad". Esta institucionalización abarcó casi todos los aspectos
de la vida de una persona, incluida la agencia sobre el cuerpo, los pensamientos,
las acciones y, lo que es más importante, la propiedad, lo que hizo que la
sociedad fuera tanto androcéntrica como patrilineal. Las sociedades primitivas
eran igualitarias y las estructuras sociales patriarcales se desarrollaron
muchos años después del final de la era del Pleistoceno, siguiendo la evolución
social.
La Dra. Gerda Lerner, autora de
“La creación del patriarcado”, ve el establecimiento del patriarcado como un
proceso histórico que se desarrolló desde el 3100 a.C. al 600 a.C. en el
Cercano Oriente. Según ella, aunque no hay un factor único que uno pueda
señalar. Hablando de las sociedades humanas primitivas. La Doctora dijo
"En una época en la que el promedio de vida de las mujeres podía haber
sido de menos de 28 años, y cuando la mortalidad infantil era del 70 al 75 por
ciento, las mujeres estaban dando a luz y amamantando bebés todo el tiempo para
que la tribu sobreviviera. Entonces se creó una división sexual del trabajo que
fue funcional y aprobada tanto por hombres como por mujeres”.
Había una base biológica para
esta división del trabajo, dijo, "pero lo que llegó a ser la parte
opresiva de esa división fue una invención social". Según ella, “el
patriarcado no se basa en una diferencia biológica” entre hombres y mujeres, en
una etapa del desarrollo humano en la que las mujeres tenían que amamantar a
los bebés todo el tiempo”.
También sostiene que el
patriarcado surgió en parte de la práctica de los intercambios de mujeres entre
las tribus por cuestiones de pareja. Esto trajo como consecuencia mental en las
mujeres que los hombres tenían ese derecho. La Doctora Lerner, argumento que el
patriarcado surgió antes del desarrollo de la sociedad basada en clases y el
concepto de propiedad privada. Según ella, “la opresión de raza, clase y género
están interconectadas y lo han estado desde el principio”. En las guerras las
mujeres y los niños fueron los primeros prisioneros.
Los prisioneros hombres eran asesinados y las
mujeres se veían convertidas en producir hijos de acuerdo a su capacidad sexual.
La Doctora argumenta que la subordinación de las mujeres se convirtió en la
base de las distinciones de clase, la base del concepto mismo de propiedad y,
en última instancia, condujo a la idea de la esclavitud de los hombres que eran
asesinados. El desarrollo de la agricultura y la domesticación de los animales
(hace unos 10.000 años) provocaron un cambio social significativo.
En la época de la Edad del
Bronce, alrededor del año 2000 a. C., las azadas livianas fueron reemplazadas
por grandes arados con punta de bronce tirados por bueyes. Se necesitaba la
fuerza de los hombres para manejar animales grandes y arados más pesados. Todo cayó bajo el dominio de los hombres por
su fuerza física para llegar a la idea que es por voluntad de Dios.
El Presidente de la República se
encuentra con tres bellas damas en una discoteca: una pelirroja, una rubia y
una morena. Sentándose junto a ellas y dirigiéndose a la pelirroja le hizo la
siguiente pregunta: Soy el Presidente de la República; ¿cuánto me cobra por pasar
una noche conmigo? A lo que la pelirroja le responde: A Ud. señor Presidente,
le cuesta $ 2000.
Luego le hizo la misma pregunta
a la rubia, y ésta le respondió: A usted señor Presidente, le cuesta $ 1000. Al
mirar a la morena y hacerle la misma pregunta, ésta fue su respuesta:
"Señor Presidente, si usted
puede levantar mi falda tan alto como están los impuestos, bajarme los calzones
tan bajo como están los sueldos, sacar esa cosa suya y ponérmela tan dura como
está la vida, mantenerla tan alta como están los precios y pescarme en esa
forma tan dulce y delicada como usted se está cogiendo al pueblo, a usted señor
Presidente, no le cuesta nada."
La figura paterna, refirámonos a
los padres de la patria, (Miguel Hidalgo y Costilla) incluso a la figura
religiosa del Dios como el padre, el caso de Quetzalcóatl. Me atrevería a decir
que en México la figura paterna no siempre tiene un peso positivo, no siempre
está vinculada con la libertad, el desarrollo, la creatividad. ¿Por qué lo veo
así? Cuando la conquista de México, los invasores eran solo hombres —claro, hay
unas cuantas doñas en la tropa, pero, van como acompañantes, algunas de
profesión ramera, y dentro de la comparsa también llego la religión católica
que es una religión que se instituye por ese hijo que viene en el nombre del
padre. Fue la manera de definir tu pertenencia a lo católico, tu santo y seña,
es en el nombre del padre.
Por otro lado, la situación de
los indígenas no había culminado en una organización matrimonial definida, eran
“Edipo”, el incesto estaba permitido. Por eso es que no hay una dinastía de los
aztecas en línea por tener hijos entre padres, hijas, hermanos, “el más hábil”.
Entonces, la presencia del padre se instituye de una manera brutal, porque el
padre es biológico y no es el que cumple la función paterna. La gran cantidad
de mestizos que aparece en los primeros censos se explica por una actividad más
o menos deportiva de los primeros conquistadores, jugaban a embarazar indígenas
dando frutos sin padre, hay una marcada ausencia del padre en esa generación de
primeros mestizos.
Hay una presencia singular del
padre en el grupo español y criollo, en un primer momento. En el caso de las
comunidades indígenas, era una persona más de la comunidad, de la familia y de
los cuidados maternos. Entonces, el padre no está muy presente. En condiciones
como esas, la severidad con que el padre trataba a los hijos y les daba
consejos no es más que una jalada de los sacerdotes que llegaron (Bernardino de
Sahagún) y desde entonces la rebeldía adquiere así una forma de desdén por la
figura paterna; la presencia de un anhelo o necesidad de buscar una figura
paterna en los márgenes de la propia filiación hace que se desborde en
violencia. Este tema es sumamente importante y si no tenemos conciencia de esto
no vamos a poder percatarnos de cosas muy graves, como la enorme cantidad de
niños que no tienen padre a la fecha.
Registrarlos ante la ley es algo
que deriva directamente del nombre del padre. Eso significa que no tienen una
seña esencial de identidad. Yo puedo saber quién soy, pero si no sé quién soy
ante ti porque no lo puedo comprobar, mi identidad entra en crisis, es un acto
de búsqueda de identificación. Se exige la figura paterna cuando no la hay, y
en el caso de la legalidad de registrarlos, pero desatenderse es una legalidad
forzada. ¿Cómo ven esto en términos políticos? El Estado también tiene una
figura paternalista, el «papá Estado».
Creo que la política en el país
está demasiado concebida en términos de llegar al poder entendido como el manejo
del Estado, pero es un Estado que no representa plenamente la realidad ni del
territorio nacional ni de la sociedad mexicana. Si hay una ausencia clamorosa
de la figura paterna, si tengo una carencia de imagen paterna, voy a querer que
el Estado se constituya en mi papá.
El Estado será el papá de los
padres de la patria, pero no es el padre de la totalidad del país. Ahora
pensamos más en una comunidad imaginada y articulada en torno a una
constitución. ¿Cómo tendría que ser esa reforma para que realmente refleje
aquello que nos constituye como nación? Para que una reforma sea realmente
representativa, tiene que reflejar aquello que reforma. Pero no se trata
solamente de que sea redactada por los mejores diputados, que obviamente son
necesarios, sino se necesita también a los que conocen mejor la realidad actual
del país que, como sabemos, es absolutamente cambiante y sin violentar mucho
las cosas.
Lo que estamos viviendo hoy es una desconexión
terrible entre los diversos sectores del país. Y no hablo solo de sectores
sociales, de sectores territoriales. Lo que nos une como país es la historia. Y
la historia es un tren al que uno se sube en diversos paraderos en los que la
estación está escrita pero el tren no lleva rumbo.
A Hitler también su papá le
pegaba cuando era niño, pero no todo infante al que golpearon termina haciendo
barbaridades. Tengo la impresión de que el gobierno a la mexicana es
consecuencia de un conjunto de factores que es sumamente importante comenzar a
entender. Uno de ellos fue, se abrió la posibilidad de que alguien dijera que
lo esencial de este discurso está en su aplicación práctica y no en su
exposición.
La democracia no se come, para
qué sirve la democracia, si hay democracia no hay eficiencia, si hay eficiencia
no hay democracia. Y eso está presente en muchos momentos de nuestra historia
republicana. No siempre los momentos de democracia política correspondieron a
momentos fuertes de democratización social. Termina un sexenio de gobierno, y
empieza una seria crisis de nuestro tejido moral, representada por nuestra
absoluta pasividad ante los desastres que deja a su paso el que se marcha sin
ninguna responsabilidad. Eso lacera la fibra moral de la sociedad. Una crisis
económica feroz, en el sentido más fregado de la palabra, donde el dinero que
es fruto de tu esfuerzo y te permite ahorrar desaparece con la inflación.
Y una crisis política muy grave:
democratización social sin democracia política y democracia política sin
democratización social. Se sale de un gobierno, se elige un gobierno, y luego
tenemos un gobierno que muestra una enorme ineficacia, y vienen 6 años de
autoritarismo en la cual la política, como en gran parte del mundo, pero acá
más, se convierte en un espectáculo mediático. Eso es la política como
espectáculo y como todo espectáculo televisivo tiene que tener su canal de
señal abierta y su lectura privada. El país está esperando rostros nuevos, no
en el sentido televisivo, sino que representen realidades políticas nuevas.
Para cerrar el círculo del padre, ¿cómo te percibes a ti mismo como padre? Un
marido que se divorcia afecta al hijo. Un gobierno que se divorcia afecta al
hijo.
La televisión y los medios de
comunicación masiva: El bombardeo televisivo con personajes que no se sabe,
además de nada, lo que aportan al público espectador. No hay que referir
canales, ni cadenas, en cuanto se escuchan los nombres de los personajes, la
mente dispone en su secuencia de imágenes una pila de ellas con contenido de
escaso aporte vitamínico intelectual, el núcleo del pensamiento intuitivo se
fisiona y las partículas de bagaje comunicativo-comprensivo se deshilachan a
modo de algodón de feria, no alcanza el intelecto a tan pobre contenido de
entretenimiento y asoma a su estupefacta retina una cadena de secuencias de
alto contenido ininteligible y de traducción tan inconexa como digerible.
Así, pues, cuesta trabajo
asociar nombres con popularidad, adquirida, esta, a golpe de insustanciales
bombardeos televisivos, como se dice vulgarmente, personajes a los que hay que
asociar y conocer porque hasta en la sopa se encuentran y en todo guiso se
hallan, como el perejil, vamos. Anda que la importancia y el mensaje de los
personajes referidos y no nombrados -pero en la mente de cualquiera- son
acreedores de mínima pléyade de enseñanzas y principios útiles para la vida,
nada más lejos de la realidad y, nada más lejos, de asentarse en sustanciales
argumentos de interés de la gente y conductores de mensaje con calado de
intereses culturales, o al menos enriquecedores de la conducta social o del
simple trato humano, ¡ni mucho menos!
La insustancialidad de la razón
de ser de tales personajes, aparte la rentabilidad de cuota de pantalla y
enriquecimiento de las cadenas patrocinadoras de ellos, no trasmiten ni el más
mínimo atisbo de entretenimiento, sino que lo que favorecen es el arte de
gritar, el arte del insulto, el arte de la ineducación, el arte del anti
respeto, y en consecuencia el arte de las más groseras formas de conducta
social en la comunicación y en el trato que debe tener la persona. ¿Y además de
grosería, qué otros valores, cabe preguntarse, son el elenco de mensajes de
estos personajes y sus patrocinadores?
No es cuestión de ideas, ni
cuestión de convicciones, ni siquiera cuestión de "confesión", que
va, es muy probablemente cuestión de cerebros planos, de neuronas adormecidas,
quizás mejor de neuronas atrofiadas, o en permanente hibernación, para ser
menos tajante, o, mejor, más comprensivo. Asistimos al desajuste de la
prohibición, al involucionismo de la libertad, a la praxis de la moda
prohibicionista, a la ley del "palo", a la exaltación de la grosera
sumisión, a la humillante voz de: ¡prohibido todo lo que no prohíba!, ¿y qué se
puede esperar de conductas políticas que se obstinan en apellidarse bajo el
camuflaje, "social y progresista", y en condecorarse salvadora de los
males del mundo y liberadora de "las libertades" prohibidas,
prohibiendo?
Cuando todo se prohíbe es porque
no se sabe mandar, y si esto suena mal, cuando todo se prohíbe, es porque no se
tiene ni capacidad ni esencia para estar a la altura de las exigencias que
demanda lo que se tiene que gobernar, o lo que la sociedad a gobernar, demanda,
cosa para la que no solo se debe tener iniciativas e ideas, sino tino para
interpretar y dar uso legítimo a la libertad. Prohibir por prohibir, o prohibir
por despistar, o prohibir por entretener, o prohibir por salvar vergüenzas, es
el paso más mediocre de cualquier gobernante; prohibir, claro, acciones
insustanciales y que delatan palpable uso de la pérdida de control de las
funciones y de la interpretación de las libertades ordenadas.
Parece cosa común, en gobiernos
perdidos en el túnel de la inacción y la incapacidad, la tendencia hacia el no
consentimiento de nada, poniéndose al borde del "absolutismo", o, lo
que es parejo, rozando las "dictaduras encubiertas"; no, no es
exageración, pudiera decirse que, dentro de las "izquierdas", y de
las ídem socio-progresistas, flota subliminalmente el sectarismo como lo hace
la intencionalidad en los anuncios publicitarios y, en consecuencia, en su
esencia perfumada, la sumisión de sus "súbditos" a imposiciones por
filosofía e ideario. Todo apunta a que, tales políticas, si no obligan, si no
doblegan, no sienten comodidad y ello les lleva a la desconfianza y a la
obligación de obligar, es decir: a prohibir todo lo que no prohíba, o, al
menos, lo parece.
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