lunes, 11 de marzo de 2024

 

PATRIARCADO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano. FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Para aquellos que preguntan qué es el patriarcado, es un "patrón institucionalizado de dominio masculino en la sociedad". Esta institucionalización abarcó casi todos los aspectos de la vida de una persona, incluida la agencia sobre el cuerpo, los pensamientos, las acciones y, lo que es más importante, la propiedad, lo que hizo que la sociedad fuera tanto androcéntrica como patrilineal. Las sociedades primitivas eran igualitarias y las estructuras sociales patriarcales se desarrollaron muchos años después del final de la era del Pleistoceno, siguiendo la evolución social.

La Dra. Gerda Lerner, autora de “La creación del patriarcado”, ve el establecimiento del patriarcado como un proceso histórico que se desarrolló desde el 3100 a.C. al 600 a.C. en el Cercano Oriente. Según ella, aunque no hay un factor único que uno pueda señalar. Hablando de las sociedades humanas primitivas. La Doctora dijo "En una época en la que el promedio de vida de las mujeres podía haber sido de menos de 28 años, y cuando la mortalidad infantil era del 70 al 75 por ciento, las mujeres estaban dando a luz y amamantando bebés todo el tiempo para que la tribu sobreviviera. Entonces se creó una división sexual del trabajo que fue funcional y aprobada tanto por hombres como por mujeres”.

Había una base biológica para esta división del trabajo, dijo, "pero lo que llegó a ser la parte opresiva de esa división fue una invención social". Según ella, “el patriarcado no se basa en una diferencia biológica” entre hombres y mujeres, en una etapa del desarrollo humano en la que las mujeres tenían que amamantar a los bebés todo el tiempo”.

También sostiene que el patriarcado surgió en parte de la práctica de los intercambios de mujeres entre las tribus por cuestiones de pareja. Esto trajo como consecuencia mental en las mujeres que los hombres tenían ese derecho. La Doctora Lerner, argumento que el patriarcado surgió antes del desarrollo de la sociedad basada en clases y el concepto de propiedad privada. Según ella, “la opresión de raza, clase y género están interconectadas y lo han estado desde el principio”. En las guerras las mujeres y los niños fueron los primeros prisioneros.

 Los prisioneros hombres eran asesinados y las mujeres se veían convertidas en producir hijos de acuerdo a su capacidad sexual. La Doctora argumenta que la subordinación de las mujeres se convirtió en la base de las distinciones de clase, la base del concepto mismo de propiedad y, en última instancia, condujo a la idea de la esclavitud de los hombres que eran asesinados. El desarrollo de la agricultura y la domesticación de los animales (hace unos 10.000 años) provocaron un cambio social significativo.

En la época de la Edad del Bronce, alrededor del año 2000 a. C., las azadas livianas fueron reemplazadas por grandes arados con punta de bronce tirados por bueyes. Se necesitaba la fuerza de los hombres para manejar animales grandes y arados más pesados.  Todo cayó bajo el dominio de los hombres por su fuerza física para llegar a la idea que es por voluntad de Dios.

El Presidente de la República se encuentra con tres bellas damas en una discoteca: una pelirroja, una rubia y una morena. Sentándose junto a ellas y dirigiéndose a la pelirroja le hizo la siguiente pregunta: Soy el Presidente de la República; ¿cuánto me cobra por pasar una noche conmigo? A lo que la pelirroja le responde: A Ud. señor Presidente, le cuesta $ 2000.

Luego le hizo la misma pregunta a la rubia, y ésta le respondió: A usted señor Presidente, le cuesta $ 1000. Al mirar a la morena y hacerle la misma pregunta, ésta fue su respuesta:

"Señor Presidente, si usted puede levantar mi falda tan alto como están los impuestos, bajarme los calzones tan bajo como están los sueldos, sacar esa cosa suya y ponérmela tan dura como está la vida, mantenerla tan alta como están los precios y pescarme en esa forma tan dulce y delicada como usted se está cogiendo al pueblo, a usted señor Presidente, no le cuesta nada."

La figura paterna, refirámonos a los padres de la patria, (Miguel Hidalgo y Costilla) incluso a la figura religiosa del Dios como el padre, el caso de Quetzalcóatl. Me atrevería a decir que en México la figura paterna no siempre tiene un peso positivo, no siempre está vinculada con la libertad, el desarrollo, la creatividad. ¿Por qué lo veo así? Cuando la conquista de México, los invasores eran solo hombres —claro, hay unas cuantas doñas en la tropa, pero, van como acompañantes, algunas de profesión ramera, y dentro de la comparsa también llego la religión católica que es una religión que se instituye por ese hijo que viene en el nombre del padre. Fue la manera de definir tu pertenencia a lo católico, tu santo y seña, es en el nombre del padre.

Por otro lado, la situación de los indígenas no había culminado en una organización matrimonial definida, eran “Edipo”, el incesto estaba permitido. Por eso es que no hay una dinastía de los aztecas en línea por tener hijos entre padres, hijas, hermanos, “el más hábil”. Entonces, la presencia del padre se instituye de una manera brutal, porque el padre es biológico y no es el que cumple la función paterna. La gran cantidad de mestizos que aparece en los primeros censos se explica por una actividad más o menos deportiva de los primeros conquistadores, jugaban a embarazar indígenas dando frutos sin padre, hay una marcada ausencia del padre en esa generación de primeros mestizos.

Hay una presencia singular del padre en el grupo español y criollo, en un primer momento. En el caso de las comunidades indígenas, era una persona más de la comunidad, de la familia y de los cuidados maternos. Entonces, el padre no está muy presente. En condiciones como esas, la severidad con que el padre trataba a los hijos y les daba consejos no es más que una jalada de los sacerdotes que llegaron (Bernardino de Sahagún) y desde entonces la rebeldía adquiere así una forma de desdén por la figura paterna; la presencia de un anhelo o necesidad de buscar una figura paterna en los márgenes de la propia filiación hace que se desborde en violencia. Este tema es sumamente importante y si no tenemos conciencia de esto no vamos a poder percatarnos de cosas muy graves, como la enorme cantidad de niños que no tienen padre a la fecha.

Registrarlos ante la ley es algo que deriva directamente del nombre del padre. Eso significa que no tienen una seña esencial de identidad. Yo puedo saber quién soy, pero si no sé quién soy ante ti porque no lo puedo comprobar, mi identidad entra en crisis, es un acto de búsqueda de identificación. Se exige la figura paterna cuando no la hay, y en el caso de la legalidad de registrarlos, pero desatenderse es una legalidad forzada. ¿Cómo ven esto en términos políticos? El Estado también tiene una figura paternalista, el «papá Estado».

Creo que la política en el país está demasiado concebida en términos de llegar al poder entendido como el manejo del Estado, pero es un Estado que no representa plenamente la realidad ni del territorio nacional ni de la sociedad mexicana. Si hay una ausencia clamorosa de la figura paterna, si tengo una carencia de imagen paterna, voy a querer que el Estado se constituya en mi papá.

El Estado será el papá de los padres de la patria, pero no es el padre de la totalidad del país. Ahora pensamos más en una comunidad imaginada y articulada en torno a una constitución. ¿Cómo tendría que ser esa reforma para que realmente refleje aquello que nos constituye como nación? Para que una reforma sea realmente representativa, tiene que reflejar aquello que reforma. Pero no se trata solamente de que sea redactada por los mejores diputados, que obviamente son necesarios, sino se necesita también a los que conocen mejor la realidad actual del país que, como sabemos, es absolutamente cambiante y sin violentar mucho las cosas.

 Lo que estamos viviendo hoy es una desconexión terrible entre los diversos sectores del país. Y no hablo solo de sectores sociales, de sectores territoriales. Lo que nos une como país es la historia. Y la historia es un tren al que uno se sube en diversos paraderos en los que la estación está escrita pero el tren no lleva rumbo.

A Hitler también su papá le pegaba cuando era niño, pero no todo infante al que golpearon termina haciendo barbaridades. Tengo la impresión de que el gobierno a la mexicana es consecuencia de un conjunto de factores que es sumamente importante comenzar a entender. Uno de ellos fue, se abrió la posibilidad de que alguien dijera que lo esencial de este discurso está en su aplicación práctica y no en su exposición.

La democracia no se come, para qué sirve la democracia, si hay democracia no hay eficiencia, si hay eficiencia no hay democracia. Y eso está presente en muchos momentos de nuestra historia republicana. No siempre los momentos de democracia política correspondieron a momentos fuertes de democratización social. Termina un sexenio de gobierno, y empieza una seria crisis de nuestro tejido moral, representada por nuestra absoluta pasividad ante los desastres que deja a su paso el que se marcha sin ninguna responsabilidad. Eso lacera la fibra moral de la sociedad. Una crisis económica feroz, en el sentido más fregado de la palabra, donde el dinero que es fruto de tu esfuerzo y te permite ahorrar desaparece con la inflación.

Y una crisis política muy grave: democratización social sin democracia política y democracia política sin democratización social. Se sale de un gobierno, se elige un gobierno, y luego tenemos un gobierno que muestra una enorme ineficacia, y vienen 6 años de autoritarismo en la cual la política, como en gran parte del mundo, pero acá más, se convierte en un espectáculo mediático. Eso es la política como espectáculo y como todo espectáculo televisivo tiene que tener su canal de señal abierta y su lectura privada. El país está esperando rostros nuevos, no en el sentido televisivo, sino que representen realidades políticas nuevas. Para cerrar el círculo del padre, ¿cómo te percibes a ti mismo como padre? Un marido que se divorcia afecta al hijo. Un gobierno que se divorcia afecta al hijo.

La televisión y los medios de comunicación masiva: El bombardeo televisivo con personajes que no se sabe, además de nada, lo que aportan al público espectador. No hay que referir canales, ni cadenas, en cuanto se escuchan los nombres de los personajes, la mente dispone en su secuencia de imágenes una pila de ellas con contenido de escaso aporte vitamínico intelectual, el núcleo del pensamiento intuitivo se fisiona y las partículas de bagaje comunicativo-comprensivo se deshilachan a modo de algodón de feria, no alcanza el intelecto a tan pobre contenido de entretenimiento y asoma a su estupefacta retina una cadena de secuencias de alto contenido ininteligible y de traducción tan inconexa como digerible.

Así, pues, cuesta trabajo asociar nombres con popularidad, adquirida, esta, a golpe de insustanciales bombardeos televisivos, como se dice vulgarmente, personajes a los que hay que asociar y conocer porque hasta en la sopa se encuentran y en todo guiso se hallan, como el perejil, vamos. Anda que la importancia y el mensaje de los personajes referidos y no nombrados -pero en la mente de cualquiera- son acreedores de mínima pléyade de enseñanzas y principios útiles para la vida, nada más lejos de la realidad y, nada más lejos, de asentarse en sustanciales argumentos de interés de la gente y conductores de mensaje con calado de intereses culturales, o al menos enriquecedores de la conducta social o del simple trato humano, ¡ni mucho menos!

La insustancialidad de la razón de ser de tales personajes, aparte la rentabilidad de cuota de pantalla y enriquecimiento de las cadenas patrocinadoras de ellos, no trasmiten ni el más mínimo atisbo de entretenimiento, sino que lo que favorecen es el arte de gritar, el arte del insulto, el arte de la ineducación, el arte del anti respeto, y en consecuencia el arte de las más groseras formas de conducta social en la comunicación y en el trato que debe tener la persona. ¿Y además de grosería, qué otros valores, cabe preguntarse, son el elenco de mensajes de estos personajes y sus patrocinadores?

No es cuestión de ideas, ni cuestión de convicciones, ni siquiera cuestión de "confesión", que va, es muy probablemente cuestión de cerebros planos, de neuronas adormecidas, quizás mejor de neuronas atrofiadas, o en permanente hibernación, para ser menos tajante, o, mejor, más comprensivo. Asistimos al desajuste de la prohibición, al involucionismo de la libertad, a la praxis de la moda prohibicionista, a la ley del "palo", a la exaltación de la grosera sumisión, a la humillante voz de: ¡prohibido todo lo que no prohíba!, ¿y qué se puede esperar de conductas políticas que se obstinan en apellidarse bajo el camuflaje, "social y progresista", y en condecorarse salvadora de los males del mundo y liberadora de "las libertades" prohibidas, prohibiendo?

Cuando todo se prohíbe es porque no se sabe mandar, y si esto suena mal, cuando todo se prohíbe, es porque no se tiene ni capacidad ni esencia para estar a la altura de las exigencias que demanda lo que se tiene que gobernar, o lo que la sociedad a gobernar, demanda, cosa para la que no solo se debe tener iniciativas e ideas, sino tino para interpretar y dar uso legítimo a la libertad. Prohibir por prohibir, o prohibir por despistar, o prohibir por entretener, o prohibir por salvar vergüenzas, es el paso más mediocre de cualquier gobernante; prohibir, claro, acciones insustanciales y que delatan palpable uso de la pérdida de control de las funciones y de la interpretación de las libertades ordenadas.

Parece cosa común, en gobiernos perdidos en el túnel de la inacción y la incapacidad, la tendencia hacia el no consentimiento de nada, poniéndose al borde del "absolutismo", o, lo que es parejo, rozando las "dictaduras encubiertas"; no, no es exageración, pudiera decirse que, dentro de las "izquierdas", y de las ídem socio-progresistas, flota subliminalmente el sectarismo como lo hace la intencionalidad en los anuncios publicitarios y, en consecuencia, en su esencia perfumada, la sumisión de sus "súbditos" a imposiciones por filosofía e ideario. Todo apunta a que, tales políticas, si no obligan, si no doblegan, no sienten comodidad y ello les lleva a la desconfianza y a la obligación de obligar, es decir: a prohibir todo lo que no prohíba, o, al menos, lo parece.

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