miércoles, 14 de agosto de 2024

 

CODICIA EN LOS NIÑOS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 La codicia no depende del carácter, género o edad del niño. Las razones son siempre las mismas: Falta de atención y calidez. Si los padres están constantemente ocupados y no muestran suficiente amor por su hijo, entonces, con un alto grado de probabilidad, se volverán codiciosos cuando crezcan. - Celos. La aparición del hijo más pequeño de la familia requiere mucho tiempo y atención por parte de los padres. Puede que al mayor no le guste esto, desarrollará agresión y codicia. Como resultado, no querrá compartir juguetes con su hermana o hermano. Pero aquí estamos hablando de resentimiento hacia los adultos.

 - Demasiado amor. Una gran cantidad de regalos y sorpresas caras mimarán al bebé. Como resultado, pensará que todos le deben algo. Si el pequeño quiere un juguete, nada le impedirá cogerlo. - Falta de confianza. La simpatía y la antipatía son manifestaciones inconscientes de sentimientos a los que incluso las personas más pequeñas son susceptibles. Por tanto, un bebé prestará su juguete favorito a alguien sin ningún problema, pero no querrá compartir ni siquiera algo innecesario con otro. Hay niños para quienes cada juguete es muy importante, se preocupan por su seguridad y no quieren dárselo o que nadie lo agarre, porque el hijo de otra persona podría romperlo.

 Los propios padres suelen ser los culpables de este comportamiento, reprochando al niño los juguetes rotos y amenazando con no comprar nada más. La forma más sencilla de prevenir la codicia es hablando. El deber de los padres en esta materia es la educación suficiente del niño. No debes reprocharle un juguete roto y no debes regañar a tu bebé en presencia de extraños (especialmente de otros niños). También es imposible que otra persona lo considere un niño codicioso o lo insulte de alguna manera. El apoyo y la protección de los padres es extremadamente importante para un niño.

 No puedes comparar a tu hijo con los demás. Una técnica educativa de este tipo puede provocar un complejo de inferioridad, que será más difícil de superar que la tacañería. Al pensar en cómo enseñar a un niño a compartir, conviene recordar el principio básico de la educación: mostrar el ejemplo correcto. Los padres e hijos generosos tendrán lo mismo. Es importante enseñarle a decir “gracias” y “por favor”, y al mismo tiempo a preguntar correctamente. Esto le enseñará a compartir y no quitar lo que pertenece a los demás. Se debe elogiar al niño por su amabilidad y generosidad. Esto le animará a seguir comportándose correctamente.

 Uno de los primeros problemas que enfrentan los padres de un niño es la “codicia”, la falta de voluntad para ceder y compartir sus cosas. Casi todos los padres se enfrentan a este problema. El hecho es que a medida que el niño crece, también se desarrolla su autoconciencia. Siente los límites de su “Yo” de manera diferente y ya a la edad de un año y medio, los juguetes y otros objetos que le pertenecen se perciben como una parte integral de sí mismo. Piénsalo: Eres adulto y es probable que no estés dispuesto a compartir, prestar tu ropa, utensilios o cosas favoritas con otra persona por muy tu hermano que este sea.

 En el mundo de los adultos se llega acuerdos siempre y cuando se respeten las cosas ajenas y se regresen intactas. En cambio, los niños suelen mostrarse reacios a compartir cosas y juguetes. Esto es normal en los niños más pequeños. La codicia es una reacción natural; el bebé quiere proteger por todos los medios su “propiedad”.

 Etapas: Por definición, la codicia de un niño es la negativa del niño a regalar o prestar voluntariamente “propiedades” y otras cosas que son valiosas para él, incluso cuando no las necesita, o si necesita prestarlas por un tiempo. La codicia empieza a manifestarse al año y medio de edad y tiene que ver con las etapas de formación en la personalidad, en las que influye la renuencia a compartir. Al año y medio y dos años de edad, el niño aun no entiende lo que es suyo o es ajeno, pero manifiesta ciertas preferencias. Es decir, ya tiene un juguete favorito que no quiere prestar o regalar.

 En este momento, el bebé más amigable puede cambiar hasta quedar irreconocible al defender su derecho sobre la propiedad. Pero tal comportamiento no debería asustar a los padres; es normal hasta los 3 años de edad. A esta edad comienza la formación del “ego”. En este sentido, el niño comienza a establecer los límites de su zona de espacio personal. Pero a otros niños con los que él juega que son de la misma edad, y es por eso que surgen los    problemas entre ellos. No hay preocupación puesto que los niños están aprendiendo a inter actuar entre sí. Después de tres años. A esta edad, el niño ya comprende casi todo, incluida la identidad de las cosas. Por lo tanto, si alguien quiere tomarlos, es posible que al bebé no le guste.

 Después de tres años, ya es posible tener una conversación explicativa sobre lo que hay que compartir. Pero no debes regañar ni castigar por no querer renunciar a su juguete favorito. De cinco a siete años. Este ya es un período de plena conciencia y responsabilidad por el propio comportamiento. Si un niño de seis años no quiere compartir juguetes, o un niño, ávido de comida, no le permite a otro niño consumir por ejemplo comida, entonces esto ya es una razón para que los padres reconsideren el enfoque de la educación.

 Si el comportamiento del niño no se corrige a tiempo, entonces el niño se convertirá en un egoísta empedernido, con quien nadie querrá tratar. Es necesario cambiar el enfoque de la crianza si, después de los cinco años, el niño no quiere compartir sus juguetes a sus amigos y continúa defendiendo activamente (a veces incluso agresivamente) su espacio “Pronto se quedará sin amigos”

 ¿Qué hacer si tu hijo es codicioso? No debes permitir que tu hijo se apodere de la propiedad de otra persona, ni complacerlo si no quiere compartir la suya. No debes regañarlo, pero debes objetar con claridad y confianza sus acciones. Hay que demostrar que incluso sin este juguete se puede pasar un buen rato mientras otros niños juegan con él. Lo más sencillo es invitar a los niños a intercambiar juguetes durante un rato. Debes sentarte de modo que tus ojos estén al mismo nivel y sugerir. Actúe como negociador y explíquele al hijo de otra persona que su hijo ahora quiere jugar él mismo con una espátula, camión, etc., y que quizás un poco más tarde podrá compartirla.

 No se puede regañar ni castigar a un niño si se niega a compartir. Éste es su derecho y estamos obligados a respetar su opinión. Queremos criar una personalidad independiente. De lo contrario, corremos el riesgo de criar a un conformista que se guía por la opinión de otra persona y no por la nuestra. Al regañar, y más aún al castigar, construimos un muro entre nosotros y la persona en crecimiento. Siempre debes estar de su lado. De lo contrario, pensará que su madre no lo ama/comprende.

 No se puede llamar codicioso a un niño sólo porque no quiere darle su juguete a otra persona. Cualquier atajo (¡y uno codicioso ya es un atajo!) tiene la propiedad de “pegarse” y funcionar como un programa. Cuanto más a menudo decimos esas palabras, más firmemente interioriza el niño las características negativas.

 Es extremadamente dañino utilizar técnicas y frases ¡Guarda los juguetes rápidamente, de lo contrario otro niño te los quitará! En esencia, se trata de un entrenamiento directo en una actitud competitiva hacia los demás y la formación de la tacañería. Los niños aprenden no tanto de lo que decimos sino de lo que hacemos. Si quieres que tu bebé crezca generoso, dale con más frecuencia pequeñas sorpresas y regalos. Anímelos regularmente a que compartan golosinas primero contigo (es más fácil) y luego con otros miembros de la familia. ¡Déjales que te den al menos un trozo!

 Cuéntale con orgullo a tu papá durante la cena cómo tu hijo compartió un juguete en el patio de recreo hoy (aunque sea por 1 minuto, aunque sea después de media hora de persuasión). Si un niño es codicioso y ya tiene más de 3 años, puedes recolectar juguetes viejos y pedirle que te acompañe a regalarlos a niños desfavorecidos. Explícale que allí viven niños que no tienen madre propia y necesitan ser cuidados. Su codicia debe desaparecer a los 3 años de edad, si sigue celoso sin querer compartir, hay que prestarle mayor atención a esta situación. La codicia de los niños, como la generosidad excesiva, puede ser una señal de angustia emocional, un mensaje de que el niño está intranquilo y debemos comprender qué le molesta y, si es posible, ayudarlo.

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