martes, 13 de agosto de 2024

 

LIOS DE LOS TRABAJADORES CON SU JEFE

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Una de tantas mañanas me levante enojado. Los amigos me miraban a la cara y sonriendo decían ¿Andas enojado? Yo, refunfuñaba con sus observaciones como respuesta. Inmediatamente pensé que ellos no tenían la culpa de mi estado negativo de ánimo. Entonces, decidí cambiar el gesto de la cara de amargado que me cargaba y comencé a sonreír. Fue simplemente asombroso ver cómo la ellos inmediatamente se animaron y estallaron en sonrisas comenzando hacer bromas incluso pesadas. El mesero que vigilaba la mesa para darnos servicio de café se acercó para preguntarme que, si estaba bien el café, si necesitaba que mi taza estuviera llena, o que si necesitaba alguna otra cosa.

 Se alejó sonriente y escuche su comentario a mis espaldas ¡Ya, se le pasó el coraje al viejo, creo que lo trataron mal en su casa, traía el diablo en la sangre! Uno de mis amigos, permanecía callado sin hacer comentario alguno, otro poco hacía por entablar una conversación seria. Por varios momentos la mesa permanecía callada a pesar de ser al menos 25 comensales tomando café y que por lo general se dedican a comentar todos los acontecimientos relevantes sea de política o morbos que circulan por las redes. Me parece que a partir de la crítica recibida a mi llegada transforme mi estado de ánimo y sonría alegre. Tanto que me parece que ese día logré sonreírles a casi todos en el restaurante.

 Todas mis preocupaciones matutinas, desaparecieron sin dejar rastro. El momento que más recuerdo fue que al menos unas 20 personas ese día disfrutamos el rico café que a diario consumíamos. Nunca hubiera creído que esto fuera realmente posible, sobre todo porque en la mesa se reúnen al menos 10 que son bastantes pesimistas y a todo le encuentran peros. Por mi parte sonreía, y eso me hacía sentir rejuvenecido con ese placer de dar sin esperar recompensa alguna, y sobre todo que había dejado de contaminar el ambiente con mi negatividad que lo estropeaba todo. Por supuesto solo fue posible con meter en mi mente ese cambio de ánimo y se produjo el cambio mágico.

 Cuando abrimos nuestro corazón, animamos a otros a seguir nuestro ejemplo. Piensa en aquellas personas que te reciben con muestras de cariño por el simple hecho de verte ese dia con ellos, o aquellas personas que te son queridas ¿Merecen tu enojo, cuando despiertas? A mi lado, ese día se sentó un personaje que en su empresa nadie lo quiere, y se debe a que es el que más grita, amenaza, corre a la gente de su trabajo y lo disfruta comentándolo.

 Ese día retumbaba en su sonrisa al decirme que el día anterior para resolver un conflicto en la empresa en la que trabaja tuvo que correr a varios sin liquidación debido a que le causaban conflictos de credibilidad, y que no le importaba que lo demandaran puesto que se defendería alegando que los agarro robando, y que para ello ya tenía a varios de los empleados que se quedaron amenazados para que declaran a su favor “vaya escrúpulos con los que se maneja”

– Enseguida continuo: Así, todos entenderán ¿Quién es el que manda?, y los que corrí, no me afectaran porque contratare gente joven, sin experiencia con la mitad de lo que les pagaba a estos, “Asunto arreglado”

 Entonces entenderán que mi estilo de trabajar es el más correcto, y caminaran seditas. - Él sonrió y me guiñó un ojo. Solo sonreí para mis adentros, sabiendo que escucharía algo completamente diferente a su versión. Al observar mi silencio, y nulo comentario, el permaneció sentado durante un buen rato en silencio y se fue sin decirme una palabra más, podría decir que sin despedirse.

 Mi amigo, no era una perita en dulce en su relación de trabajo: Durante dos meses me fui enterando de los conflictos laborales que mi amigo estaba ocasionando: Un trabajador que no pudo ir a trabajar por enfermedad por fuertes dolores acudió a la consulta, pero el médico se negó en darle incapacidad por lo que el trabajador regreso a su área de trabajo y le explico a mi amigo que era su jefe, de sus dolores en la pierna. El jefe o sea mi amigo, muy molesto lo despidió, y el trabajador acudió a los tribunales. El jefe expuso en los tribunales que esa persona se ausentaba frecuentemente, y que siempre se andaba quejando de esos dolores. Su despido fue declarado como ilegal, y se exigió que fue reinstalado de inmediato con pago de salarios caídos.

 Una trabajadora, se le enfermo su hijo y no acudió a trabajar debido a que no tenía con quien dejarlo, pese a presentarle pruebas a mi amigo, este opto por despedirla por ausentismo. Ella en el tribunal mostro las pruebas y sus citas con el médico motivo de sus ausencias. Su despido fue declarado ilegal. Un empleado sufrió una lesión en el codo mientras trabajaba, en la empresa le dieron analgésicos, al dia siguiente se sintió mal durante las horas de su trabajo y le pidió a su jefe (mi amigo) que lo llevara al médico.

 El médico no le otorgo dias de descanso. El empleado no pudo acudir a trabajar durante los siguientes cinco dias, por lo que fue despedido por ausentismo. Fue acusado de abandono de trabajo sin permiso. En los tribunales llegaron a un acuerdo, y ese juicio sigue abierto. En otra ocasión murió el hermano de un trabajador, y el trabajador fue despedido por no acudir a trabajar. Se supo que el trabajador traía fuertes choques con mi amigo el jefe, y que este seguido se quejaba de que sus funciones no las desempeñaba con responsabilidad, y que por eso aprovecho lo inesperado del asunto para despedirlo

 Tres meses despues regreso mi amigo al cafe, creó que llego como a las 10 de la mañana cuando de repente se apareció en la puerta y se fue directo a la mesa donde solo quedábamos unos tres tomando café. Dirigiéndose a mi persona me dijo ¿me dejarías decirte algo en privado? Sonreí y respondí: "Por supuesto, puedes decirme lo que quieras". Ya a solas inicio “Tú me conoces bien, y sabes lo que paso con los empleados que corrí, pero mi jefe de trabajo, no está satisfecho con lo que hice, creó que estoy a punto de perder mi trabajo” Según él, lo que hice le pareció una tontería, y los trabajadores que tenía listos para declarar se echaron para atrás hablando con mi jefe sobre lo sucedido y mis recomendaciones. Mi jefe, me dijo que me comportaba como una persona sin sentimientos al pensar en destruir la familia de esas personas, de hecho, le dije que en la empresa no se deben mezclar los sentimientos, y que el cuero duro se curtía con golpes sobre la piedra.

 Me contesto que ser jefe es ser flexible con pensamiento práctico, apertura a escuchar. Lo interrumpí preguntándole, pero ¿Y, que pasara con la disciplina que exigimos para alcanzar los objetivos? – Yo al escucharlo, todavía me daban vuelta las expresiones que un mes antes emitió a la hora que los despidió, aún recuerdo que me dije ¿No es posible que cualquier persona haga esto? Me aclaré la garganta y comencé a hablar, pero luego me detuve en seco. Y, es que él me miro preguntándome que, si estaba en contra de lo que él había hecho, ¿que si no estaba en lo correcto? Para tranquilizarlo un poco, utilice la máxima “El jefe siempre tiene la razón, y cuando tú los despediste, tu tenías la razón, como ahora que tu jefe te despedirá, el tendrá la razón, el que a hierro mata, a hierro muere”

 El pareció asombrado por la respuesta inesperada, se veía nervioso, y por un momento pensé que se soltaría llorando. Me respondió en voz baja ¿Qué hare sin trabajo, sin dinero, para mantener a mi familia? - La tensión tú la iniciaste por tu soberbia, ego, vanidad, y esos impulsos te han llevado a esto, en mi vida he visto muchos casos iguales, para mi es agradable ver que estas consciente del daño que por irresponsabilidad has cometido, y no dudo que tengas que pagar por ello. Mi platica la encamine a que viera que lo hacía como un buen amigo, y no que me alegraba por lo que le estaba sucediendo. Él se observaba perdido en sus preocupaciones, como nunca lo había visto. Me di cuenta que a raíz de esta experiencia dolorosa podría aprender en el futuro poniéndolo en práctica.

 Todos debemos reflexionar sobre el lugar que ocupa nuestra familia en relación con el trabajo. Ser jefe de un área de trabajo es escuchar a los trabajadores, escuchar a todos los demás, ir identificando fortalezas de cada persona para insistir en la mejora de sus defectos en relación a su trabajo. Eso es ayudarlo a crecer, a desarrollarse que adquiera confianza en sí mismo. Siempre mostrándoles respeto, respetando su dignidad, creencias, y esperar que aprovechen sus fortalezas para lograr las metas por las que trabajamos juntos.

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