DESDE
NIÑO LE GUSTO BAILAR
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Maestro
de Danza, y Maestro de Teatro egresado del Instituto Nacional de Bellas Artes.
Cuando estaba en primaria, tuve como compañero a un niño que siempre tartamudeaba. Le costaba expresarse, pero nunca lograba articular sus pensamientos con claridad. Una vez, la maestra pidió a la clase que repitiéramos un trabalenguas que nos entregó como copia en una hoja de papel, y lo escribió en el pizarrón. El niño tartamudo se sentaba al lado mio, pero no solo era tartamudo, también tímido. Le repetí el trabalenguas con cierta dificultad la primera vez, pero para la tercera estaba listo no solo para repetirlo sino hasta cantarlo. Cuando le todo el turno al niño, le costó mucho trabajo hacerlo, sobre todo con la “R” Erre con erre, cigarro, erre con erre barril, que rápido corren los carros del ferrocarril. – Por mucho que se esforzaba no lograba hilvanar las frases. Por mi parte lo escuché atentamente, asegurándome de que pronunciara cada palabra correctamente, ¡y luego lo aprobé!
Después, la maestra llamó para irnos pasando al pizarrón para ver como leíamos y pronunciábamos el trabalenguas. Cuando al niño le toco su turno, se levantó tímida, y lentamente de su asiento, con el rostro desencajado, e intentó recitar las palabras del trabalenguas con un esfuerzo diez veces mayor que el que había puesto durante la recitación conmigo. Desafortunadamente, por mucho que lo intentara, solo pudo repetir la primera frase antes de quedarse sin palabras. La maestra y los compañeros la observaban atentamente. Cuanto más nervioso se ponía, más tartamudeaba, y lógicamente menos podía repetir.
El niño casi se orinaba, los niños conteníamos lo mejor que podíamos para no reírnos, la profesora puso cara de sargento mal pagado parándose a un lado del niño y con la regla de madera de un metro de larga. El niño tartamudo por fin se dio por vencido, se veía muy mal sudando a chorros. En ese momento sentí lastima por él, porque, incluso con su tartamudez, había hecho hasta lo imposible por repetir el trabalenguas sin lograrlo. Años despues aprendí que la tartamudez es una dificultad específica de la expresión oral, generalmente relacionada con el estado emocional de la persona: cuanto más ansiosa o preocupada está una persona por cómo la perciben los demás, más difícil es decir una frase completa con fluidez.
Uno puede imaginarse cuántos contratiempos encuentran estos niños al crecer, incluyendo ser ridiculizados o burlados por sus compañeros. ¿Acaso no quieren hablar bien? ¡Claro que sí! Pero los niños somos infames, incluso los adultos ya que, de hecho, muchas personas se burlan de ellos y sueltan una andanada de chistes incluso en los medios de comunicación masiva. Pensemos en ellos ¿Qué sentirán que todos se burlen de ellos, que se hagan chistes de su persona? Como recuerdo, les diré que conocí a una chica tartamuda que estudiaba en la escuela normal para ser maestra.
Me dijo que su mayor sueño era convertirse en maestra, pero que en toda su vida le había costado demasiado esfuerzo ya que la mayoría de la gente se burla de ella, pero que aun así a continuado esforzándose hasta conseguirlo. Les diré que la chica supero su reto, y hoy trabaja como maestra en una escuela primaria (superó el desafío con éxito) La pregunta es, ¿cómo lo hizo? La respuesta es que desarrollo una habilidad y autoestima muy alta superándola con buen humor (La autocrítica) El humor puede desactivar la incomodidad, provocar risas, aliviar la tensión y calmar las emociones. Y las personas con sentido del humor son aquellas que pueden observar los matices sutiles de la vida.
Pueden ver los contrastes entre las cosas, conectando fenómenos aparentemente no relacionados para crear risas inesperadas. Puede que todos tengamos problemas y no que necesariamente sean de tartamudez, pero todos debemos enfrentarlos sin huir por miedo a sufrir. Expongo otro caso: Un chico que estudiaba en la escuela normal para maestro me dijo un día que él estaba al tanto de que yo había estudiado danza y que si nunca me había molestado las burlas por hacerlo por el hecho de ser hombre. Me dijo que le encantaba bailar desde niño, y que hoy en su etapa juvenil publicaba videos en redes sociales para plasmar su pasión y crecimiento, en el baile, pero que no aguantaba las críticas y las polémicas que desataba en las redes.
“Maestro, mire estos comentarios...” Me entregó su teléfono con la voz ligeramente temblorosa. “Me llaman “Jotita, mariquita”, me dicen que me comporto como chica pero que soy hombre. Continuo. – Esto mismo me sucedía en la escuela primaria, secundaria, preparatoria, y hoy aquí en profesional. Ahora todos me señalan a mis espaldas, y ya nadie de mí mismo sexo, quiere ser mi amigo.
Al ver y leer esto me vino a la mente mis años de estudiante en donde mis compañeros de la escuela preparatoria se reían de mis estudios de danza, y teatro. La ventaja es que en aquellos años no existía el internet, ni las redes sociales para recibir no solo el rechazo de los que conviven contigo sino un mundo ajeno de personas conservadoras, tradicionales, con complejos que se dedican a sacar sus frustraciones haciendo acoso cibernético en busca de causar dolor, y sentir ese placer enfermizo, o que quien estudia y práctica esa actividad empiece a dudar de sí mismo: Lo escuche quejarse “¿Por qué me tratan así solo porque me gusta bailar? Me dijo que lo que haría sería borrar todos sus videos, y que incluso estaba considerando dejar de bailar. Lo escuche diciéndome “Me siento un completo fracasado”, dijo cabizbajo. “No tengo ni un solo amigo hombre de verdad y no sé qué hacer”. Fue esta sensación de impotencia y desesperación la que lo llevó a buscar ayuda acercándose a mi persona. Mi prioridad era que se sintiera seguro. Y lo primero era hacerlo bajar la guardia auto culpándose con sus quejas.
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