MI VIAJE A LA
LIBERTAD
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de la
escuela Normal del Pacifico – Ex Director General del Instituto Pedagógico
Hispanoamericano.
Naces y tienes una vida, es tu viaje personal que te alcanza hasta cierta estación. Sales de tu madre y ves por primera vez la luz, ahí comienza este viaje. No caminas, no hablas, pero comes y avanzas. Juegas tu primera carta “Naces con padres que te aman o no deseaban que nacieras (Espacio acogedor, o dañino)” Con el embarazo llega el desarrollo hasta que tu vida se marchite. En todo el trayecto del camino tu acompañante será el miedo. Tendrás miedo visceral, y lo negaras, tendrás momentos en que ese miedo te paralizara, sentirás que estas en medio de un pantano y que te vas hundiendo, pero solo tu comprenderás tu camino.
Entras a la escuela como si entraras en un laboratorio de psicología para que estudies tu propia naturaleza humana, pero al final de una carrera universitaria te preguntas de nuevo ¿Qué interpreto de mi vida, que he vivido, cual es mi historia personal, mi actitud mental, como percibo ahora la vida, con cuantos conflictos sigo arraigado en mi mente? ¿La educación me ha dado poder, consciencia, moral, ética nobleza? A llegado el momento en que gane seguridad personal, mi talento será utilizado para conseguir dinero, alcanzar a satisfacer mis pasiones, no hay nada que se me oponga de hoy en adelante.
La realidad es que solo contamos con un título en las manos, y estamos en el lomo de un caballo salvaje que nunca hemos montado “Es el apogeo de nuestros conflictos que no estamos dispuestos aceptar la opinión de los demás” Despues de todo venimos de una vida estudiantil llena de dolor, debilidad, egocentrismo, de anhelos incumplidos, y una fuerza interna controlada que nos indica que debemos liberarla. “Hasta cierta edad, yo lo viví” A partir de aquí aceptar la jerarquía de valores te será difícil, querrás aprovechar cualquier oportunidad para que te vean poderoso, presionaras, amenazaras, impondrás roles a otros.
En lo personal digo que el deporte siempre lo disfrute, y lo sentía como un camino de libertad. En otras actividades abandone a las que me limitaban, hasta arribar al espacio en donde no le pertenezco a nadie, ni estoy sujeto al horario de un trabajo. Gracias a esto, sigo siendo libre. Sí, me uno a proyectos, me comprometo plenamente con ellos, lo doy todo y disfruto enormemente del trabajo bien coordinado y de la idea compartida. Sin embargo, sé que en este barco navegaré del punto A al punto B y luego desembarcaré. No tengo que esperar junto al teléfono; no tengo miedo de que no llamen, de que se olviden, de que no me inviten.
Mi trabajo es escribir, y si por alguna razón no pueda hacerlo, me encontraré en otra cosa. Al sentir esta libertad dentro de mí, dejé de ser, y de sentirme esclavo. Dicen que mucho conocimiento trae mucha tristeza. Pero creo que muchos malentendidos generan tristeza. La alegría nace de los descubrimientos. Así que necesitamos avanzar hacia estas alegrías, comprendiéndonos a nosotros mismos.
Mi nombre no significa mucho, ni me he convertido en referencia en nada. No cuento con mucho talento, pero trato de cautivar deleitando con mis escritos, y no he pensado en dejar de hacerlo. ¿cuál es mi mensaje, cuáles son mis ideas? No nací en un lugar de la mancha, y lo que hago no lo abandonare porque lo amó. Al largo de mi larga vida he soportado mucho: ascensos, caídas, años de espera, búsqueda y una lucha constante contra los vientos en contra de la vida. Pero, con una inmensa fortaleza, soportó todas las dificultades de la vida con la frente en alto “Digno” Podría hasta decir que soy resistente en los juegos que la vida me ha hecho jugar. Me equivoco frecuentemente a veces me veo alterado, así fue como fui creciendo con amor en la infancia. A los 8 años me toco mi primera representación teatral en el pueblo, y quiero externar que siempre me encanto actuar, y danzar desde temprana edad.
Me gustaba el cine de oro, los niños salíamos fascinados por las películas que presentaban. Vivía en una casa de dos pisos, y dormía en el segundo piso. La escalera de cedro roja, y desde las ventanas podía ver la calle y casa de mi abuelo o acomodarme en otra ventana y ver el patio de mi casa observando a las gallinas. Me encantaba vagar por el monte cantando a pecho abierto, (A capela) Cuando la función del cine finalizaba debía tomar un callejón oscuro a las 10 de la noche y subía corriendo por miedo a la oscuridad “Así, funcionaba conmigo”
Nadie sabía que tenía miedo. Mis padres fueron muy flexibles conmigo lo cual no es muy comprensible por la época en la que me tocó vivir mi infancia. Pocas veces me enfermaba, y nadie dudaba en el pueblo que estaba destinado a seguir los pasos de mi padre quien era especialista en el manejo de ganado vacuno, y caballos. Pero mi vida dio un giro cuando mis dos primeras hermanas se graduaron de maestras, y me matricularon en la secundaria en la ciudad. –
Mi padre se puso triste, lo vi que no estaba feliz ya que como dije el anhelaba que hiciera una vida a su lado por lo que se opuso, pero a los 12 años de edad, yo ya contaba con carácter. Y sin avisarle a mi padre quebré mis cochito de alcancía, agarre mis trapos metiéndolos en un veliz de metal amarrado con mecate y me encarame en el camión que me llevo a la ciudad.
Mi idea era perseverar, ser tenaz, ser diferente. Mi padre por su parte consideraba que ir a estudiar era prácticamente ir a perder el tiempo y terminar mal copiando los malos oficios de los jóvenes de la ciudad. Mi idea era triunfar para que mis padres se sintieran orgullosos, y esa sería la única forma de convencer a mi padre. Desde mis primeros dias en la infancia me di cuenta que me gustaba mucho jugar béisbol, y en la secundaria me di cuenta que me atraía el basquetbol, las carreras, la declamación, la danza, y me preguntaba ¿Cómo podía ser el mejor?
En mi primer grado batallé para adaptarme, recibí muy buena aceptación por mis maestros, mis notas no eran excelentes, pero estaba por encima del promedio para aprobar. En segundo no tuve dificultad alguna, en tercero me alcanzaron las hormonas y comencé a tener problemas constamente por diversas razones entre ellas mi carácter fuerte y decidido. En primer grado entre al concurso de declamación con “Mama soy Paquito, no hare travesuras” y me dieron el primer lugar. En segundo “Los motivos del lobo” quede en segundo lugar, y en tercero “El brndis del bohemio” en tercero. Recuerdo que el día del concurso de tercer grado justo antes de subir al escenario, un estudiante de otro grupo de tercero, me hizo una broma maliciosa, silbándome directamente al oído. Naturalmente, me enfureció, perdí el control de mis emociones golpeándolo.
El incidente, no pasó desapercibido por el jurado, y al finalizar el concurso fui acusado de comportamiento inapropiado, y el director “Santos Partida” decidió castigarme por una semana sin derecho a estar en la escuela (No me expulso, pero el castigo fue duro, y mis faltas a clases cada uno de mis maestros las cuantificaron para quitarme el derecho a examen final en su materia) Al verme en esta situación decidí no continuar tentando mi suerte, por lo que debía controlarme para no actuar bruscamente. Todos mis compañeros sabían que, si alguien me hacía algo, no quedaba impune, y que me podían decir tonterías ya que con ellas me sacaban risa. Tras graduarme de la secundaria pase a la preparatoria, y allí las hormonas me andaban haciendo estragos, así que experimente una serie de altibajos, sensaciones turbulentas.
Mi vida giraba entre jugar béisbol, estudiar danza por la tarde/noche, tareas, y los domingos en la tarde ir al cine a la matiné. Nunca fui un adolescente rencoroso, sabia asimilar las derrotas y los éxitos. Fue entonces cuando por primera vez tuve la oportunidad de debutar en la televisión nacional bailando (En siempre en domingo), la segunda fue el siguiente año (Siempre en domingo, y en México magia y encuentro). Sentía que me estaba convirtiendo en estrella de danza y de béisbol (A esa edad debute en la segunda fuerza Amateur lo me hacía sentirme orgulloso) Creo que en el béisbol me vi convertido en una historia inacabada ya que entrenaba muy fuerte desde mi infancia, y además era una persona reticente a rendirme, y esa parte de mi naturaleza sin darme cuenta estaba sellando mi destino.
Luchaba por ser el mejor y que nadie me superara, aprendí a amortiguar mis derrotas. Ponía en cada actividad pasión, fuerza, sentimientos, sencillez en el trato, y los reconocimientos y elogios no hacian mella en mi ego. No niego que me gustaba que me reconocieran, pero aprendí a comportarme humildemente ante cualquier tipo de halago, conservando la sencillez de mis padres. Mis años juveniles estuvieron marcados por todo tipo de situaciones entre amistades, rupturas, peleas y traiciones, pero todo quedó en segundo plano en cuanto retomaba mi madurez. Una juventud en donde todo me resulta fácil. Nada me dolía, nada me agobia, ni siquiera acostarme a las tres de mañana y levantarme a seis para ir a la escuela, ni el fluir del tiempo.
Toda mi vida era color de rosa, pero la vida me tenía más adelante otras sorpresas en donde no todo es color de rosa, ni blanco, ni negro. Es en la juventud en donde “Todo lo que nos llega, todo lo que se nos da, sucede allí, lo que deseamos, lo que creamos nosotros mismos” Somos ante todo jóvenes que perdonamos todo hasta las traiciones amorosas. Es la edad de los sentimientos sinceros, y los que la persona no significa nada para nosotros, pero la mantenemos cerca para no andar solos “El amor verdadero en la juventud, es algo que llena por completo a una persona y le impide vivir como antes” – Son al mismo tiempo las dos caras de la misma moneda. Desde mi infancia tuve un espíritu de lucha, una pasión por los perros y caballos.
En cuestión de chicas le aprendí un dicho a uno de mis primos (Hugo Torrontegui) “No cualquier cachora se frié en mi sarten” Los sentimientos sinceros significaban mucho para mí. En cuanto a los perros, y caballos ¿Crees que los perros y caballos son mejores que las personas? Mi respuesta es que nunca los he visto como personas, simplemente son buenos animales que tranquilizan, y son cariñosos. Me encantan los animales, incluso los amigos que se comportan asi, me hacen reir, nunca me ha dado vergüenza trabajar, y no pido a nadie que repita mi actitud ante la vida, pero creo que es muy importante que las personas sepan lo que es el trabajo duro y la paciencia.
El viaje de desarrollo personal y autodescubrimiento comenzó en el momento en que me vi obligado a enfrentar esta realidad. Quería ser muchas cosas, sin embargo, la influencia de la sociedad se apoderó de mí, y hasta hace poco, ese sueño de la infancia permaneció dentro de mí, esperando la oportunidad de hacerlo realidad. A cada paso de mi vida me vi caminando en una búsqueda incesante, un camino donde nuevos significados e ideas me inspiraban.
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