LA GORDA DE SECUNDARIA
RAMÓN ANTOIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diploma and Master's Degree in Human
Development FESC- National Autonomous University of Mexico.
Cuando estaba en secundaria muchos de los
compañeros criticaban mi peso, altura debido a que mis compañeras crecieron
antes que yo, y mi cuerpo era de una niña gorda. Escuche muchos comentarios
despectivos y reconozco que me dañaron en su momento en mi percepción y
autoestima. ¿Pero que podía hacer?, si el espejo me gritaba lo que ellas
repetían. Soy una mujer madura que todavía tiene unos 5 kilos antes de llegar a
la obesidad y algunas de mis amigas les gusta recordármelo, creen que se
escuchan graciosas, no saben que por eso le rompí la nariz alguna en secundaria
y a otras les dejé de hablar perdiendo su amistad por no respetarme y atentar
contra mi autoestima generando en mi persona vergüenza.
Me
avergonzaban no solo mis amigas y compañeros de secundaria sino mis propios
parientes cercanos. Mi madre se quejaba cuando me llevaba a comprarme el
uniforme, cocerlo, de la talla mis zapatos que no entraban los dedos (Tenia los
dedos de los pies gordos), y con el peso caminaba un tanto extraño. Fui gorda
desde la infancia, mis padres incluso de cariño me decían “la gorda”, aunque
ellos no se comprometían con mi nutrición, sino que fueron parte de mi gordura,
y lo consiguieron bastante bien. El tema de coqueteo con los niños estaba
cerrado para mí, por eso cuando llegue a la adolescencia en tercero de
secundaria odiaba a mi madre que me llevara de compras de ropa, nada me
quedaba.
No miento llegue a odiar mi cuerpo,
afortunadamente comencé a crecer y con ello mi gordura fue desapareciendo. De
inmediato los chicos cambiaron de opinión, sin embargo, me mantuve solo
aceptando sus cumplidos, por su parte “las chicas” que me fiscalizaban puede
ver en sus ojos la envidia. Recuerdo que estuve a punto de llegar al extremo de
la bulimia. No entendía las necesidades de mi cuerpo, mis zapatos mi vestido de
uniforme escolar, quedaban apretados, rompia los cierres, las mangas de las
axilas, sentía dolor en los dedos al caminar.
Ahora amo a mi cuerpo, cuido mi piel,
apariencia, aprendí a usar los colores correctos, los cosméticos, ropa, me
acostumbré a una nutrición adecuada consciente, hago ejercicio, me examino a
tiempo. Los médicos engañaban a mis padres que padecía hipertiroidismo,
cortisol bajo, deficiencia de vitaminas, que era genético etc. Incluso les
aseguraban que salía mal en mis materias por el deterioro de la memoria y la
disminución de la capacidad de concentración que se lo atribuyeron al exceso de
peso.
Era un martirio la clase de educación física,
debido a que todos se reían de mí, se burlaban, me humillaban, hacían bromas
pesadas sobre cómo se veía mi cuerpo corriendo, mis tetas más grandes que todas
mis compañeras, etc. Escuche en la mesa de mi casa que necesitaba bajar de
peso. Mi madre comenzó atormentarme con sus dietas, me dio pastillas
diuréticas, incluso recuerdo una marca de Herbalife. La abuela fue a su rancho
y trajo unos garrafones de agua de manantial recién salido de la piedra.
Mi padre criticaba que comía cochinadas excesivamente
en la escuela y dejo de dar dinero para el lonche, por lo que me andaba
muierendo de ansias por comer lo que cayera en mi boca. Comencé a perder peso
cuando terminaron mis cambios hormonales. Al bajar de peso inicie caminado y
deportes. Me informé de una dieta saludable que me gustara, incluso seguí
dudando de mi atractivo como mujer con miedo andar de novia y que me dejaran.
Pensé que cuando me casara y tuviera un bebe, subiría de nuevo de peso y mi
esposo me abandonaría. Comencé hacer ejercicio obsesivamente, me teñí el pelo a
los 18 años con poco maquillaje, eso hizo que mi figura se destacara entre mis
compañeras de preparatoria. Se acabaron las conversaciones sobre mi gordura, me
sentí muy femenina como si fuera nueva.
En cuanto a los senos, estos siguieron
grandes, y los chicos de preparatoria bromeaban diciéndome que nutriría bien a
mis hijos que no pasarían hambre nunca. Esas bromas ahora me dan risa al
recordar que todas mis compañeras a los 13 años tenían los senos pequeños, y
soñaban con verlos crecer, pero asi es la genética ¿Cuántas cosas feas escuche,
cuantas burlas recibi? En tercero de Preparatoria las cosas cambiaron para
bien, de repente me vi acosada por galanes, se me formaron bien las caderas, el
trasero.
Recuerdo que en secundaria tenia que sujetar
mis senos para que no se motaran tanto, pero eso no ayudaba en mucho, y en
preparatoria les di libertad para generar la lujuria en mis compañeros y la
envidia de las chicas. Un compañero de Prepa se atrevio a agarrar mis senos sin
mi permiso alegando que quería ver si eran de verdad. No lo acuse con los
maestros, solo le pedi que no lo volviera hacer o le daría una buena cachetada.
Ahora mis amigas admiran no solo mi cuerpo sino hasta mi cabello, se acabaron
los tontos de secundaria que me afectaban. Me llegue aceptar hasta los 20 años.
Ahora
me gusto, estoy bien con mi peso y figura. En secundaria todos me critiban
hasta el corte de pelo, hoy hacen cara de estupefactos al verme. Me gusta tanto
que no me importa la opinión de otra persona sobre este asunto. En cuanto a mi
cara y ojos, las niñas cuando se enojaban conmigo me llamaban “cara de sapo”,
con la edad este complejo desaparecio gradualmente.
Desgraciadamente en secundaria y preparatoria
las chicas estamos envenenadas deseando castigar a las compañeras, y sacamos
todos nuestros complejos, no aceptan su propia apariencia, quieren ser las
protagonistas de todo, ser las heroínas y despedazan a una niña que tenga la
necesidad de usar anteojos, se insultan enrte ellas, deterioran su autoestima.
Hay niñas que padecen por ejemplo astigmatismo y al entrar a la secundaria
guardan sus lentes por miedo, o las que padecen acné. Y que decir las gordas
que son sometidas a rigorosas dietas, y sus compañeros les clavan un alfiler
riéndose y diciendo que esperan se desinfle como un globo.

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