martes, 4 de abril de 2023

 LARRAÑAGA Y SUS CUENTOS

AQUELLOS OJOS JUVENILES


Hoy al despertar ante el espejo vi mis ojos y me mandaron el mensaje que el tiempo ha pasado. Desde cuando era niño durante muchos años los pase en un escritorio leyendo y memorizando lecciones para ir subiendo de grado escolar. A partir de entonces han pasado muchas cosas, que creo vale la pena recordar. Muchos de mis compañeros en ese camino se borraron de mi mente, otros se quedaron plasmados en el alma. Algunos nunca los olvidare y me acompañaran hasta mi muerte, (si no tengo problemas de memoria antes de ello). Veo fotos de niños y de viejos y como siempre el niño se ve muy bien hecho y el viejo mal hecho. Son las caras bellas y los rostros atacados por la edad, los ojos bellos y los cansados.
Ojos que daban chistas de alegría y ahora de melancolía. Es vida, chispa y optimismo. Nunca olvidare aquellas miradas de la gente que ame, las miradas de amor, las odio, de coraje y frustración. La mirada perdida de aquellos que acompañe ante su féretro por su familiar o persona amada. Los ojos juguetones de las niñas de mi primaria, secundaria. La mirada picara de las de bachillerato. La seriedad de las Universitarias. Cientos de esos ojos que trascendieron en el camino de mi vida y muchos que fueron capaces de inquietar mi alma por su esencia al mirar y transmitir sentimientos puros.
Recuerdo a una de ellas que gustaba en interrumpir la clase y en los descansos nos contaba sus propias historias de vida. Movía sus ojos que parecía estaba viviendo en ese instante la acción. Nadie la interrumpía, era una joven inquieta que movía las emociones de varios de mis compañeros de bachillerato. Algunas de esas historias que nos contó a la fecha las considero imposibles en realizar, pero en aquellos momentos para todos eran ciertas, reales. Los jóvenes varones la seguíamos como líder de las mujeres jóvenes.
En cambio, ellas la adoraban y trataban de imitarla, podría pensar que deseábamos en aquel instante tener los oídos destapados y las orejas largas para escucharla mejor. Conocí a otra que creció en un pueblo y si mi memoria no me engaña con muchos sacrificios llego a la Universidad a estudiar química. Se peinaba en trenzas y su cara reflejaba nuestro mestizaje. Ella solía quedarse callada escuchando mientras nosotros hablábamos y al final lográbamos que soltara unas palabras.
Recuerdo me dijo en cierta ocasión que su deseo era terminar la carrera y casarse, tener hijos, quería ser feliz en un matrimonio. Sus grandes ojos negros miraban al cielo con la esperanza de desde allí le cayera uno. Esta joven mujer contaba con una fuerza de energía inagotable y lo digo porque ningún libro de motivación me había enseñado lo que con ella disfrutaba. Una joven muy reservada, pero con una gran vitalidad. Lo único que le criticaba era su forma de analizar las costumbres de la sociedad, ella estaba conectada al deseo ancestral de su gente y le servía de modelo su sociedad.
En cambio, los jóvenes en la Universidad se habían trasformado y eran instrumento de un cambio generacional. Su sueño más profundo era “Una carrera, marido e hijos” Luchaba con las uñas para no caer en la fuente de las tentaciones carnales puesto que eso significaba mucho para ella y miraba al cielo para que desde allá le mandaran al hombre perfecto. En sus bellos ojos se reflejaba el miedo a fallar a sus padres, familia, y sus silencios me llevaban a reflexionar sobre lo que en aquellos momentos pasaban por su alma. Entre esperanza y nostalgia la vi feliz el día que se graduó de química, despues le perdí la huella. Me hablo sobre la química del amor, el tener esposa, hijos y lo que nos ocurría a diario en los patios de la Universidad.
Recuerdo que en varias ocasiones le saque la vuelta con la intención en que no me sermoneara porque en ese momento no andaba de humor. Me decía que los novios se deben dar la mano, pero no ir más allá con sus caricias hasta que se vean jurando frente a un sacerdote y cerraba con la frase. - Ese es el camino. - el viaje que te conducirá a la eternidad. Tal vez el mayor problema hoy es que la gente no toma en serio al amor o sueña.
Tienen miedo de amar lo que no pueden controlar con seguridad. La nueva generación confía en que el amor funciona mecánicamente y en automático, pero cuando se le acaba la gasolina se detiene a reflexionar si es prudente invertirle dinero en gasolina para seguir adelante o cambiarla por otro modelo. Es como ir en una motocicleta en donde van dos y el que lleva los manubrios la levanta en una llanta con la intención de la que va agarrada atrás se caiga y se quiebre la cabeza. A eso le llaman libertad y se convierten en máquinas sin emociones sentimentales.
No hay fe, esperanza y caridad. Las generaciones siguientes terminaran convertidas en máquinas y cuando lleguen a tocar fondo creerán que es sencillo traer de nuevo a su alma para que se encargue de sus vacíos, pero desconocen que el alma renuncia cuando se le abandona en medio de los placeres. Perder el alma inicia con nuestros egos, arrogancias, miedos. Los resbalones de los que nos quejamos al paso de los años es el cambio a la moneda con la que pagamos en aquel instante, se trata en regresar, pero se paga con intereses.
Vamos cavando pozos que nos privan de un caminar firme, son los errores, nuestros secretos, lo que aun desconocíamos en la juventud. En aquel instante tu deseo secreto no es convertirte en padre o madre, simplemente asistes a las fiestas, bailes y en una descuidada te conviertes en amante. Lo cierto es que si no miras con razonamiento las acciones te iras alejando de tus propias expectativas con las que sueñas y al final andarás obsesivamente excavando en las cuevas oscuras con la esperanza en que alguien se digne y te diga que te ama. Ese es el huerto de la vida, en donde se cosecha lo que se siembra.

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