sábado, 14 de octubre de 2023

 ABOGADO MOLESTO DEFIENDE A SUS HIJAS EN LA ESCUELA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Muchos de los maestros piensan que soy un padre conflictivo y molesto, incluso me he enterado que cuando mis hijas han cambiado de escuela se avisan entre ellos con la intención de convencer al director que no las inscriba. Lo que sucede es que soy una persona convencida con la dignidad, honestidad y la justicia, y ese es el fondo de mi lucha. - Tengo dos hijas. Durante sus seis años en la escuela primaria, les robaron cosas, los maestros les bajaron las calificaciones sin razón y un compañero agresivo les rompió sus cuadernos, el teléfono, y las escupió en la cara sin que se diera un castigo.
En muchas ocasiones me presenté en la dirección de la escuela, le envié cartas a la supervisión y al jefe de sector. En otra ocasión me vi en la necesidad de llamar a la policía para que controlara a unos jóvenes de secundaria que rondaban la primaria molestando a las niñas de sexto grado. Uno de esos jóvenes acosa a una de mis hijas, y el caso lo lleve a los tribunales juveniles. Así protejo los derechos de mis hijas. Acaso ¿no existen los derechos de los niños y los padres en la escuela? Aunque el derecho a la educación escolar gratuita es el más conocido, no es lo único que la ley garantiza a los escolares y a sus padres.
Para que le resulte más fácil defender sus derechos, es necesario conocerlos. Enumeraré las principales cosas que los padres pueden exigir en la escuela. Cada escuela cuenta con un reglamento interno. Si surge algún tema controvertido, puedes solicitar a la dirección de la escuela que te muestre el documento que lo regula. Hice esto más de una vez: pedí planes de estudio, criterios para evaluar las tareas y exámenes. Para los padres debe ser importante estar al pendiente en como una maestra enseña a su hijo.
Cada maestra desarrolla un plan de estudios. Los padres pueden familiarizarse con ellos. Hice estas solicitudes a la administración de la escuela y me enviaron los programas por correo electrónico, de forma sencilla y rápida. Se pueden encontrar más programas de trabajo en el sitio web de la escuela, pero a veces se olvidan de actualizarlos. Solicite que desarrollaran una página en la wet para como padre poder consultar las calificaciones, tareas, y progreso. Si hay dudas sobre las calificaciones, acudo a la escuela para platicar con la maestra. Esto, que hice no pareció gustarle mucho al director de la escuela.
Soy un padre convencido en que debemos defender los intereses de los niños, ya que ellos no son capaces en defenderse solos. Cuando a un padre le reporten una infracción de su hijo, lo inmediato es investigar. Antes de que mis hijas llegaran a la escuela pública, las tuve en un colegio particular. Un día uno de los niños le saco el teléfono de la mochila a mi hija y se lo rompió. La directora del colegio se justificó argumentando que los niños no deben llevar teléfono a la escuela.
La hice responsable a ella por la falta de respeto a la dignidad de los niños, por no protegerlos contra la violencia tanto física como mental. Si se viola este derecho, lo más difícil es lograr justicia, porque los límites de la violencia psicológica son muy borrosos “Para algunos escupir en la cara es inaceptable, para otros no es nada de qué preocuparse”, son cosas de niños” Soy abogado y por mi experiencia, sé que los padres a menudo no quieren involucrarse en conflictos, incluso si su hijo se siente ofendido por compañeros y maestros. No apoyo esta posición y creo que la escuela puede ser un lugar muy cruel, si los padres no estamos al pendiente de nuestros hijos.
Al director de la escuela se le debe exigir en principio que atienda todo tipo de situaciones, y que sancione la mala disciplina no solo de los niños sino de las maestras. A veces uno se tiene que quejar varias veces para que a la maestra mal portada se le amoneste. Lo esencial es proteger los derechos e intereses legítimos de cada cual. Por ejemplo, presentar la queja ante el director y si el caso amerita la intervención de una autoridad exterior se hace la denuncia y, incluso puede ser necesario, involucrar a un psicólogo escolar para resolver el problema.
En ese colegio cuando un niño se reía a carcajadas, o corría, la maestra lo ponía al frente de la clase para humillarlo. Lo regañaba, y lo hacía culpable de que su clase no saliera como ella deseaba por culpa de ese niño. En muchas ocasiones castigaba a todo el grupo, sin dejarlos salir al recreo, o los detenía cuando el niño se andaba orinando, no le daba permiso en ir al baño. Mis hijas le tenían miedo. Yo les compre un teléfono para que a la hora de su recreo me llamaran, y en dos ocasiones una de ellas lo hizo llorando desde el aula en donde estaban todos solos castigados a la hora de su recreo.
Acudí con la maestra y le hice ver que el colegió no era la Gestapo y que Hitler había muerto, así que fuera más amable con los niños. La reacción de la directora fue dura y lejos de resolver el conflicto me sugirió que si no me gustaba que sacara a mis hijas. No estuve de acuerdo debido a que faltaba poco para que se terminara el año escolar. No niego que tenía miedo que tanto la directora como la maestra trataran peor a mis hijas, o que las ofendieran. Mis hijas las retire del colegio en sexto grado, despues de que le gane la demanda al colegio para que me pagaran el teléfono, y las inscribí en una escuela pública. La elegimos por estar cerca de la casa.
A mis hijas no les gusto en todo el año la escuela debido a los conflictos frecuentes con los niños y la forma de aplicar la justicia de los maestros. Las convencí que se quedaran durante ese año para despues inscribirlas en la secundaria. En la nueva escuela me di cuenta que los profesores pasan por alto los errores en el trabajo de los alumnos, exigen tareas, pero no las revisan. A mis hijas les comenzaron hacer bullying, y me mostraron lo que escriben sus compañeros en los chats de entre compañeros.
De nuevo no deseaba intervenir, y dejar que las aguas se tranquilizaran, pero controlar la situación y ver a mis hijas desanimadas me dije: esto, no puede seguir pasando. No niego que tuve varios enfrentamientos con la maestra, pero la hice entrar en razón que revisara las tareas, los cuadernos de los niños, el chat en donde se metían para que ella pusiera al tanto a los padres de esos niños. Era tiempo de que les pusiera atención.
La maestra se entregó más a su clase. Incluso la escuche un dia cuando corregía a los niños al pronunciar incorrectamente mal las palabras. Los últimos tres meses de clases, supe por voz de mis hijas que ninguno de los niños se ofendía. Mis niñas tenían prisa por llegar temprano a la escuela, su actitud cambio. No miento fue desagradable al principio el ver la apatía de la maestra, sin embargo, ella cambio para beneficio de todos los niños.

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