MAESTRO EN UN COLEGIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
Me tocó en suerte conocer al maestro de literatura de nivel
secundaria. Y me llamo la atención sobre sus experiencias. Me dijo, yo, llegué a la secundaria a dar
literatura de mera chiripada (Por casualidad) Pero resulta que me fui quedando,
y ya llevo 15 años en este rol de trabajo. Crecí en una familia de pueblo con
muchos hermanos y medios hermanos, y estudié en la Universidad Autónoma de
Sinaloa y en escuela normal superior del estado de Nayarit.
Estaba estudiando en la escuela de ciencias sociales en la
Universidad, y ya casi para terminar la carrera, una maestra me dijo que si no
quería ganarme unos cuantos pesos dando clases de literatura en un colegio
privado. Yo, le respondí ¡No, no, y no! ¡Nunca en mi vida seré maestro! Ella
para convencerme, me dijo que me ayudaría con mi tesis de titulación. Fue así
como hace 15 años, ni ¡No, no, no! Se vio convertido en ¡Si, si, si! ¿Por qué
acepte? Por qué respondí de esa manera entonces, no lo sé.
Yo, era un estudiante aplicado “No excelente” en la
Universidad. Todos los profesores me apoyaron mucho. Cuando decidí ingresar a
estudiar la carrera de maestro en literatura en Nayarit, la directora del
colegio me acompaño para apoyarme con
el director ya que era su amiga, y ella también en el periodo de vacaciones de
verano iba a esa ciudad a estudiar su especialidad. Su apoyo fue un gran apoyo,
me admitieron de inmediato sin pedirme papeles que perteneciera al sistema
nacional del magisterio, es decir que contara con plaza registrada. Ya sabes
que aquí en México lo que vale son las conexiones.
Desde niño me dediqué a pastorear las cinco vacas de mi casa,
trabajaba duro en el campo con mi padre, por lo que cuando me vine a la ciudad
a estudiar tenía ideas vagas sobre lo que me esperaba en la ciudad. Como te digo entre primero a la facultad de
ciencias sociales. No estaba ni pensaba estudiar para profesor. La tesis la
hice con el apoyo de la directora del colegio. Me fui encariñando con la
secundaria y me quedé ahí. En vacaciones me quedaba en la ciudad para trabajar
de cargador en los muelles.
Eran tiempos muy difíciles para un joven campesino sin
familia en la ciudad. Recuerdo que el cuarto que rentaba se goteaba en tiempo
de lluvia, y me amanecía mojada toda la poca ropa y los zapatos quedaban
empapados. Por eso me esforzaba en trabajar en lo que cayera. Publicaba anuncios en los pasillos de la
Universidad en los que decía que buscaba trabajo. En aquellos años, no existía
el teléfono inteligente. Un día me compre uno pequeño y lo cargaba en el
bolsillo. Fue cuando casi al inicio de ciclo escolar la directora me llamaba de
nuevo para que fuera a cubrir el horario de literatura al colegio. Todo comenzó
con una invitación para que me presentara al día siguiente a una entrevista con
ella.
A la mañana siguiente me recibió en el turno de la mañana,
fuimos a la oficina y hablamos durante aproximadamente media hora sobre quién
era yo, que estudios tenia, con quien vivía, mis preferencias sociales, me
pregunto sobre mis experiencias juveniles y de que estaba arrepentido. Al día
siguiente ya estaba dando una lección a los alumnos de segundo y enseguida a
los de tercero de secundaria. Al principio fue difícil. No entendía qué hacer,
cómo actuar, estaba distraído, nervioso y enojado.
Era lógico, nunca había tenido contacto con la pedagogía, ni
con las técnicas, mucho menos contaba con habilidades. Lo que si me servía
mucho era que estudiaba comunicación y eso me tranquilizaba, me ayudó mucho.
Mucho más tarde leí los libros de texto y luego comencé a buscar libros acordes
con esos libros de texto. Con el tiempo, me di cuenta de que hay que estar muy
atento a los jóvenes, que todo importa: tus gestos, entonaciones, movimientos,
palabras, hábitos. Y me di cuenta de que el trabajo de un maestro requiere una
creatividad constante. El maestro no tiene recetas preparadas: estás lidiando
con la vida de un joven vivo que está sucediendo justo en este mismo segundo y
debes sentirlo.
Cuando los jóvenes te creen, cuando se hacen amigos tuyos,
entonces sólo debes ir hacia adelante, hacia arriba, hacia donde les animes a
ir. Cada día. Y no seas falso: los jóvenes sienten la falsedad, no se les puede
engañar. Otra cosa que un maestro siempre debe recordar es que los jóvenes son
las únicas personas libres. La vitalidad crece en ellos y proporciona la base
para una visión creativa; sueñan sin tener en cuenta el pan de cada día. Y
estas personas también valoran mucho la camaradería, por lo que el aula
necesita un aire en el que haya la calidez de la unidad humana, la hermandad de
los jóvenes y la unión de los soñadores. La principal tarea del maestro es
evocar esta sed de amistad y unir las almas florecientes.
Al mismo tiempo,
enseñar es un trabajo diario realmente duro, por el que no se debe esperar
gratitud. Y debemos entender que entre los jóvenes los hay buenos y malos,
ofendidos y crueles, y también debemos trabajar con ellos, tal vez incluso más
que con otros. Los momentos difíciles ocurren, pero los trato como tareas difíciles
que requieren un poco más de reflexión. Siempre les digo a los jóvenes que la
literatura, el español, las ciencias sociales, las matemáticas son muy
importantes en la vida porque entrenan la claridad de pensamiento, y que la
imaginación es muy importante porque es una habilidad mágica.
Desarrollas la habilidad de la imaginación, lo razonas, lo
sometes a consideración, y se va multiplicando junto con esa fe por lograr lo
que se desea, y todas las cosas estarán a tu alcance. Ser profesor en un
colegio es hermoso, los jóvenes no son como los de mi pueblo. El mayor problema
son los salarios. No me gusta que un profesor en un colegio, y un profesor en
una escuela pública, haciendo el mismo trabajo, reciban cantidades diferentes,
y los precios en las necesidades de la vida sean iguales.
No es justo. El segundo problema al que me enfrento todos los
días es el de la falta de educación mínima en algunos de los padres de familia,
y los hijos de esos padres. Hablamos de que un joven necesita amor, atención,
cuidados, protección, pero también necesitan ejemplos positivos de sus padres.
Ya sabes, es muy difícil inculcar en un joven el amor por la lectura si los
padres nunca leen libros.
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