ANTES DE LA NUEVA ESPAÑA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Es difícil pensar en una transformación tan radical de México como la dada en el siglo XVI, aunque a diferencia de lo que señalan la mayoría de los historiadores, los cambios más drásticos no fueron a nivel político o cultural, sino en lo ambiental y demográfico, y esto se dio tan rápido que si alguien tuviera una máquina del tiempo, viajara a la región antes de 1519 y luego regresara, pero 100 años después, difícilmente creería que se trata del mismo lugar, explica la profesora Gisela von Wobeser, del Instituto de Investigaciones Históricas.
“En ese entonces había pocos españoles y sus ciudades eran escasas y muy chicas, por lo que el resto del territorio quedó casi igual en cuanto a lo administrativo, lo económico y el ejercicio de la justicia. Sin embargo, en ese breve lapso murieron alrededor del 90 por ciento de los indígenas; millones de vacas, borregos y ovejas vagaban en planicies vírgenes destruyendo el entorno para saciar su hambre, y la agricultura extensiva de estilo europeo se apropió de inmensas extensiones, algo jamás visto, pues los mesoamericanos sembraban de forma intensiva en pequeñas parcelas”.
Fue Miguel León-Portilla quien acuñó la expresión “encuentro de dos mundos” para evitar el uso de la palabra “descubrimiento” en referencia a aquel 12 de octubre de 1492, cuando Colón desembarcó en la isla de San Salvador. - América había permanecido aislada del continente euroasiáticoafricano desde hacía 300 millones de años, cuando se desprendió de aquella gran masa de tierra conocida como Pangea, y eso se ve en sus enfermedades, en sus plantas y animales. Así, lo acontecido hace cinco siglos sí es el equivalente a dos mundos encontrándose, con todo lo que eso conlleva”.
En su Historia general de las cosas de la Nueva España, fray Bernardino de Sahagún escribía sobre los indígenas: “Las gentes se van acabando con gran prisa, no tanto por los malos tratamientos que se les hacen, sino por las pestilencias que Dios les envía. En 1520, cuando echaron de Tenochtitlán, por guerra a los españoles, hubo una pestilencia de viruelas donde murió casi toda la población nativa. Después de haber ganado los españoles esta se dio el nombre de la Nueva España. En 1545 hubo otra pestilencia grandísima y universal, donde murió la mayor parte de la gente que en ella había.
En agosto de 1576, comenzó una pestilencia, y murió mucha gente. La llegada de los europeos fue fatal para los nativos (Muchos fallecieron en las guerras, pero no cabe duda de que la principal causa de mortandad fueron las enfermedades) En su segundo viaje Colón (noviembre de 1493, con 17 naves regreso cargado de granos, frutas y verduras, viñas, garbanzos, melones, hortalizas y cañas de azúcar que de inmediato fueron plantadas en el lugar, y el ganado no tardaría en llegar (Todas estas especies se aclimataron a las nuevas latitudes)
Casi todas las plantas traídas crecieran, con contadas excepciones —como los cerezos y tulipanes, que necesitan de inviernos gélidos y primaveras cálidas—, y ello hizo que los españoles replicaran aquí la agricultura extensiva, basada en monocultivos que ocupan grandes extensiones y que contrasta con la siembra intensiva practicada por los antiguos nativos, quienes trabajaban en pequeños terruños que además de producir mucho eran capaces de sostener policultivos, como se ve en las chinampas.
En el tercer viaje, toco el turno a los mamíferos como vacas, caballos, cerdos, asnos, mulas, cabras y borregos, que se reprodujeron a niveles inusitados y que vagaban por la región (pastoreo libre) De hecho, se sabe que las primeras 50 reses de la nueva España entraron por Veracruz en 1521 y que el nombre de quien las introdujo era Gregorio de Villalobos, uno de los allegados de Cortés.
Al principio —explica la académica— estos animales tenían una gran disponibilidad de pastos y espacio, lo que provocó una multiplicación desmedida y desordenada al grado que, del medio centenar de reses que había en 1521, para 1620 eran ya un millón 300 mil, es decir, la población se hizo 26 mil veces más grande en apenas 99 años, mientras que con otros animales pasó algo similar: en la misma fecha las cabezas de borrego rebasaban ya los ocho millones.
El resultado de que estos animales merodearan y se alimentaran a libre demanda fue que hubo zonas en las que se comieron todos los recursos y que muchos de ellos, ya para finales del siglo XVI, murieran de sed y hambre. Esto condujo a la erosión de las tierras, a la destrucción de gran parte de la flora original, a una aniquilación de la biodiversidad y a desequilibrios ecológicos aún visibles en nuestro entorno y que, sumados a actividades como la tala desmedida aparejada a la instalación de la Nueva España hace que muchos parajes hoy luzcan desérticos.
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