MOQUILLO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Médico Veterinario
Zootecnista FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
RESUMEN: La “enfermedad de Carré”, también conocida como moquillo canino o distemper, es una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta a perros y otros animales. Es causada por un paramixovirus, y se transmite por contacto directo con secreciones infectadas. La enfermedad puede afectar diversos sistemas del cuerpo, incluyendo el sistema nervioso, respiratorio, digestivo y la piel. Síntomas: Fiebre; Letargo; Pérdida de apetito; Secreción nasal y ocular; Tos y dificultad para respirar; Vómitos y diarrea - Síntomas neurológicos (como espasmos musculares, convulsiones, parálisis) - Transmisión: La enfermedad se propaga a través de aerosoles (gotitas de saliva, secreciones nasales y oculares) de animales infectados. - Los cachorros y perros no vacunados son más susceptibles.
Tratamiento: No existe cura para el moquillo, pero el tratamiento se centra en controlar los síntomas y prevenir infecciones secundarias. La vacunación es la mejor forma de prevención.
Vacunar a los cachorros a partir de las 6-8 semanas de edad,
con refuerzos. Mantener a los perros alejados de animales infectados. Importante:
El moquillo canino no se transmite a los humanos.
Los animales enfermos excretan el virus a través de las secreciones oculares, nasales y bucales, así como a través de la orina, las heces y las partículas de epitelio exfoliado. Un perro sano puede infectarse por contacto con un perro enfermo, por el uso de objetos comunes (juguetes, collares, comederos, peines), por la comida y por gotitas en el aire. Las razas de caza suelen enfermar tras el contacto con animales salvajes. Cabe recordar que las mascotas que se han recuperado de la enfermedad siguen siendo portadoras del virus durante dos o tres meses, por lo que pueden infectar a otros.
Los ejemplares jóvenes y debilitados son muy susceptibles al moquillo canino. Los cachorros de hasta dos meses, alimentados con leche de una perra vacunada o recuperada, no se enferman. Están protegidos por las inmunoglobulinas maternas. Los perros pueden verse afectados por el moquillo durante todo el año, pero los brotes son más comunes en otoño y primavera.
El moquillo canino puede manifestarse de diferentes formas: Superaguda: la temperatura sube repentinamente a 40-41 grados, el perro está muy deprimido y presenta abundante secreción nasal y ocular. Si no se toman medidas, en 2-3 días el animal entra en coma y muere.
Aguda y subaguda: la enfermedad dura de 3 a 4 días a 2 a 3
semanas. Los síntomas son variados. Con una inmunidad fuerte de la mascota y
una baja virulencia del patógeno, puede producirse la recuperación. Crónica: dura meses. Se alternan periodos de
mejoría con la reaparición de los síntomas de la enfermedad. Esta plaga puede
desarrollarse tras una vacunación inadecuada.
Moquillo (también conocido enfermedad de Carré) es una enfermedad infecciosa y altamente contagiosa que, si no se trata a tiempo, puede ser mortal en el 80%-90% de los casos. Se caracteriza por la rápida propagación del patógeno por todo el cuerpo y el daño a numerosos órganos internos. Además de los perros, también se ven afectados otros depredadores: hurones, zorros, lobos, martas, mapaches y visones.
El tiempo transcurrido desde el momento de la infección hasta la aparición de los primeros síntomas (período de incubación) es de 4 a 7 días. En algunos casos, puede ser más corto o más largo (hasta varios meses). Los síntomas del moquillo canino son muy variados y dependen del estado inmunológico, de la presencia de otras patologías, de las condiciones de mantenimiento y de alimentación.
Síntomas del moquillo canino: Primero, la temperatura sube. El animal se vuelve letárgico, duerme más, no juega y rechaza la comida y las golosinas. Es importante no perderse esta etapa y contactar con una clínica veterinaria lo antes posible para que le recete un tratamiento eficaz.
Además, se ven afectados varios órganos, en relación con lo cual se distinguen las siguientes formas de la enfermedad: Respiratorio (pulmonar) Los síntomas se asemejan a los de un resfriado intenso. Las membranas mucosas de la conjuntiva y la cavidad nasal están enrojecidas e inflamadas. Se observa abundante secreción mucosa o purulenta que obstruye los párpados y las fosas nasales. El perro estornuda y se frota los ojos y la nariz con las patas. La respiración es ronca y dificultosa, y el pulso es rápido. Debido a la disminución de la inmunidad, la enfermedad se complica con infecciones bacterianas. Se desarrolla bronquitis (inflamación de los bronquios) y, posteriormente, neumonía (daño pulmonar).
Gastrointestinal (intestinal) - Se presentan vómitos y diarrea. Se pueden encontrar partículas de sangre y moco en las heces. El cuerpo se deshidrata y agota rápidamente. Pueden presentarse simultáneamente formas pulmonares e intestinales. El tratamiento no debe retrasarse, debe iniciarse lo antes posible.
Exantematoso (piel) Además de los síntomas generales, aparecen pequeñas manchas rojas en el abdomen, las orejas, la cara interna de los muslos, alrededor de los labios y los ojos. Posteriormente, se transforman en ampollas con contenido transparente o turbio, y en costras que se desprenden con el tiempo. Otro síntoma es el engrosamiento y agrietamiento de la piel de las almohadillas de las patas. La forma cutánea puede evolucionar a la forma nerviosa, cuyo pronóstico es menos favorable.
Nervioso: Suele desarrollarse después de una lesión pulmonar o cutánea, así como simultáneamente con estas. (se han dado casos en los que la lesión nerviosa fue primaria y posteriormente se presentaron fiebre y otros síntomas) Al inicio de la enfermedad, se presentan breves ataques de excitación (el perro chillo y ladra sin motivo), seguidos de pérdida de coordinación de movimientos, tics, convulsiones, paresia y parálisis de las extremidades, pérdida de la consciencia y deterioro de la audición y la visión.
Los tics nerviosos pueden persistir incluso después de la recuperación del animal, en cuyo caso el perro permanece incapacitado y requiere observación por un neurólogo. La forma nerviosa del moquillo canino, que se presenta con síntomas intensos y fiebre, suele tener un pronóstico desfavorable.
Se presta atención a si están presentes los siguientes síntomas: fiebre superior a 39.5 grados, tos, secreción de la cavidad nasal y de los ojos, fotofobia. Signos de trastorno del sistema nervioso. La presencia de secreciones de cierta viscosidad ya da motivos para sospechar la enfermedad. Si se manifiestan varios signos, lo más probable es que se aísle el virus.
Se realizan diagnósticos diferenciales con patologías no infecciosas, intoxicaciones, salmonelosis, infecciones por parvovirus y adenovirus, piroplasmosis, helmintiasis, enfermedad de Aujeszky, etc. Se prescriben una serie de estudios para ayudar a encontrar anticuerpos e identificar el patógeno: PCR (reacción en cadena de la polimerasa). Este es el método principal, en el que se toman muestras de las mucosas de los ojos, la nariz y el ano. RN - reacción de neutralización,
IFA - ensayo de inmunofluorescencia, RIGA, RPGA - reacciones
de hemaglutinación indirecta y pasiva. Se prescribe un análisis de sangre en
los casos en que el paciente no presenta ninguna secreción.
Tratamiento del moquillo canino: El éxito de la terapia dependerá de la rapidez con la que el dueño del perro contactó con la clínica, del sistema inmunitario del animal, de la virulencia del virus y de otros factores. Desafortunadamente, a menudo los dueños no prestan atención a los síntomas iniciales (fiebre, letargo, rechazo a comer, diarrea) y solo buscan tratamiento en etapas posteriores. Para combatir el virus se administra un suero inmunológico monovalente (que contiene anticuerpos únicamente contra el patógeno) o un suero inmunológico polivalente (que también contiene anticuerpos contra enteritis por parvovirus y coronavirus, enfermedades por adenovirus).
Para detener la propagación de una infección secundaria (estafilococo, estreptococo) se utilizan antibióticos de amplio espectro. También están indicados medicamentos que alivian los síntomas y mejoran el bienestar: antipirético, expectorantes, anticonvulsivos, desintoxicación, apoyando la actividad cardíaca, restaurar la función del tracto gastrointestinal, normalizar el equilibrio hídrico, analgésicos, calmante.
Medidas preventivas: El principal método de prevención de la enfermedad es la vacunación. El cachorro se vacuna por primera vez a los 2 meses, luego a las 3 semanas y finalmente a los 12 meses. Posteriormente, la mascota debe vacunarse anualmente. Si ha adoptado a un perro adulto y desconoce si ha sido vacunado, es necesario ponerlo en cuarentena durante 10 días. Durante este período, es importante vigilar su estado general y evitar el contacto con otros perros. Posteriormente, realice la vacunación obligatoria. Los medicamentos modernos ofrecen una alta protección contra el moquillo. Pero incluso en los raros casos en que una mascota enferma, se recupera más rápido y la enfermedad es más leve.
Además de la vacunación, es necesario fortalecer la inmunidad de su mascota, limitar el contacto con animales callejeros y someterla a exámenes preventivos regulares. El problema es que cuando aparecen los primeros síntomas, los dueños se limitan a la medicación general, tras lo cual el perro puede sentirse mejor. Pero esta falsa recuperación es peligrosa, ya que la enfermedad regresa con renovado vigor y ya se ha perdido un tiempo precioso. Si sospecha que su mascota tiene moquillo canino, aíslela de los demás perros. Desinfecte la habitación donde se encuentre el animal enfermo de 2 a 3 veces al día. Después del contacto con el perro, lávese bien las manos con jabón y hierva la ropa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario