LEALTAD DE AMIGOS,
EN EL PUEBLO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
En el mes de diciembre muchas personas están ansiosas por viajar, pensando que ciudades, o paisajes distantes pueden traer sentimientos diferentes y hacer su vida más interesante. Soy una de ellas, pero opino lo que realmente nos cambia no es sólo la geografía, sino cómo vemos a las personas y animales que los habitan. Incluso, sin salir fuera estando en el mismo lugar, solo bastan dos ojos capaces de ver el mundo diferente a su rutina para descubrir que los pasos que hemos dado durante varios años por los mismos lugares son diferentes cuando lo vemos con diferentes ojos. Un amigo de mi pueblo sintió que había llegado el día en abandonar el pueblo porque me dijo que su vida era bastante aburrida, y que por eso se iría a estados unidos, concretamente a San Diego California.
Diez años despues coincidimos en el mes de diciembre en nuestro pueblo. Le pregunte sobre sus novedades, y para mi sorpresa me dijo que se sentía completamente vacío. Que extrañaba las cuajadas, el café de olla, las gorditas, tamales, jamoncillo, las chicas y sus costumbres. Me dijo que vivir en estados unidos, no es como lo pintan, que el sueño americano es una fantasía para engañar ingenuos que vayan a trabajar de esclavos.
Caminamos aquel día por las calles, y en sus ojos reflejaba la alegría del reencuentro con los suyos. Comprendí que mi amigo con su lección había aprendido a mirar las cosas tal como son. Y, lo digo porque cuando pasamos caminando frente a su antigua casa donde vivió de niño al lado de sus padres (Hoy fallecidos) se le quedo mirando al árbol que estaba en la calle frente al cuarto donde dormían sus padres, y descubrió que el árbol estaba cambiando en florecimiento y altura. “Al igual que las percepciones de nosotros los humanos vamos cambiando”
Las calles le parecían muy familiares. Ahora entendía que en el pueblo nada cambiaba solo las personas que se marchaban a la ciudad o las llevábamos al panteón a enterrar. Comprendí de su experiencia que en la vida no se trata de irnos, ni de escondernos, sino de aprender a estar presente o volver. La realidad es que no necesitamos irnos lejos con el alma vacía por el aburrimiento sino estar decididos a que donde quiera que estemos valga la pena vivir. Muchas veces no es el medio ambiente el que nos empuja a marcharnos, sino el malestar en querer cambiar, pero si estas vacío ¿Qué vas a cambiar?
Somos seres que amamos las nuevas experiencias, que nuestro estado de ánimo no decaiga hasta la melancolía sin embargo nos falta lo más importante que es “Aprender a Observar” Cuando aprendemos a observar, experimentar y sentir con curiosidad y apertura, la vida ordinaria puede estar llena de sorpresas y posibilidades. Así, aprendí que no amare el irme lejos de mi pueblo y mi gente, sino que tratare de ver el mundo con mis mejores dos ojos, sin prejuicios, y tal vez descubra que el verdadero milagro siempre está por ahí en mi pueblo.
Muchas veces sentí de joven que las chicas de mi pueblo eran injustas porque eran amables y cariñosas con otros chicos. Sentí que merecía un mejor trato, que por el hecho de ser estudiante universitario lo merecía, sin embargo, no era así. El sentir de las chicas nunca giro alrededor mio. Ellas tenían otras expectativas. Recuerdo que una de ellas, quien me parecía muy bella, e inteligente comenzó a salir con un amigo mio y eso basto para que me alejara por completo de todo acercamiento o roce con ella. Esa experiencia me hizo reflexionar de que la realidad en cuestiones de enamorar a una chica no era tan hermosa como podría haber sido si mi amigo no se fija en ella, y ella le correspondiera, hubiera sido posible alcanzar la victoria.
Al principio estaba enojado e insatisfecho, pero luego llegue a entender que el mundo no da recompensas especiales por los esfuerzos, lo único que puede hacer es aceptar esta realidad y encontrar tu propia manera de seguir adelante. De mi interés fallido aprendí que no podemos cambiar la forma en que funciona las personas, pero podemos cambiar nuestra mentalidad en como funcionamos nosotros. Fue en aquellos años juveniles cuando deje de pensar que el mundo me debía algo y tome la iniciativa de crear valor a mi persona, así que decidí avanzar con firmeza, aunque en mi cabeza no borrara aquella imagen.
Dejé atrás el “Aferrarme a una causa perdida, o una posible deslealtad con mi amigo” y me dije ¿Qué puedo hacer? Cuando ya no me esperaban aquellos ojos bellos en el pueblo que me animaran a regresar con frecuencia. En la vida, siempre nos enfrentamos a incontables opciones - ¿deberíamos seguir con ello o rendirnos? ¿Deberías correr riesgos o estar seguro? ¿Debería seguir el corazón o cumplir las expectativas de los demás? A veces pensamos que las personas consiguen el amor de otra persona porque nacen con habilidades extraordinarias, o porque se capacitan para manejar mejor “Verbo persuasivo” pero, de hecho, lo que realmente da forma a una persona es la dirección que elige cada vez “Victoria o derrota”.
En aquellos años tuve la oportunidad de luchar, pero quizás hubiera perdido una amistad, y no conseguir lo que deseaba, por ello a toro pasado me pregunto ¿Sería la vida mejor ahora si hubiera hecho una elección diferente? Un día me di cuenta de que el pasado no se puede cambiar, y que el futuro seguía en mis manos meintras estuviera vivo “Tómalo, o déjalo”. En lugar de estar atado por los recuerdos, aprendí a vivir con ellos, traer de vez en cuando experiencias pasadas, trabajar en mi vida en mi presente y futuro. Cada arrepentimiento, cada fracaso, es parte del crecimiento, y la verdadera clave no es cómo olvidar, sino cómo hacerlo una fuerza hacia adelante.
Solo cuando finalmente cierras la boca puedes empezar a escuchar verdaderamente la voz de la vida. El sentido de la vida nunca es replicable ni predecible. El verdadero sentido nace de la singularidad de la interacción de las experiencias individuales con el dolor, las decisiones y las responsabilidades. Podemos hablar del mundo, de la muerte y de nuestro verdadero ser, pero en última instancia no podemos escapar a una cosa: solo puedes pagar el precio de tus propias decisiones.
El valor de la vida no reside en cuántas palabras profundas puedas pronunciar, sino en si puedes vivir la honestidad que hay detrás de esas palabras a través de tus acciones. En la vida todos estamos deseosos, impacientes por comentar lo que estamos pensando. Y en la mayoría de las ocasiones creemos que estamos educando al otro. Sin embargo, estas palabras a menudo ocultan una arrogancia inconsciente: la creencia de que lo han comprendido todo y, por lo tanto, están capacitados para iluminar a los demás. “Las verdaderas decisiones no las toman otros por ti”
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