MARÍE CURIE (DOS PREMIOS NOBEL)
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano
FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Esto
afectó la infancia de Maria Skłodowska-Curie. En su autobiografía, recordó: Todas
las clases eran en ruso, impartidas principalmente por profesores rusos que
trataban a sus alumnos de la misma manera que trataban a la propia Polonia: con
hostilidad. (...) Por eso el valor de dicha educación era cuestionable y el
ambiente en la escuela era insoportable.
Maríe
recordó que los profesores vigilaban constantemente a los escolares y
desconfiaban de cada uno de sus movimientos. Los niños eran conscientes de que
cualquier conversación en polaco, cualquier palabra dicha accidentalmente en
polaco, podía ser utilizada en su contra y la de sus familias. En un entorno
tan hostil, señaló Curie, los niños perdieron toda alegría de vivir: Dijo” Un
sentimiento prematuro de desconfianza e indignación se cernía sobre su infancia
como una espada pesada, como una pesadilla”. Estas condiciones de desarrollo
extremadamente anormales tuvieron un efecto positivo inesperado. Tambien dijo “En
gran medida, despertaron sentimientos patrióticos en la juventud polaca”
Afortunadamente,
el padre de Maríe, Władysław Skłodowski, profesor y miembro de la nueva
intelectualidad polaca, supo despertar el interés por la ciencia en sus cuatro
hijos. Aprovechaba cualquier oportunidad para explicarles cómo funcionaba el
mundo que los rodeaba. Le enseñó matemáticas y física; la niña se adaptó a
estas materias sin dificultad. Más tarde, admitió que lo único que lamentaba
era que su padre no tuviera un laboratorio donde pudieran realizar
experimentos.
Su padre
amaba la literatura y era un gran experto en poesía polaca y extranjera, que
traducía. A veces incluso escribía poemas, lo que causó una profunda impresión
en la joven Maríe. Recordaba especialmente las tardes de los sábados en la
mesa, cuando su padre leía o recitaba poesía y prosa polacas. Más tarde
recordaría que “esas tardes nos proporcionaban un gran placer; gracias a ellas,
se desarrolló en nosotros un sentido de patriotismo”. Marie amaba la poesía y a
menudo se aprendía poemas de memoria.
A los 17
años, tras terminar la preparatoria (era la mejor estudiante, aunque un año menor
que sus compañeros), Maríe consiguió trabajo como institutriz para una familia
polaca que vivía fuera de la ciudad. Trabajaba de día y estudiaba de noche para
ahorrar dinero y poder ir al extranjero a estudiar (en aquella época, las mujeres
no eran aceptadas en la Universidad de Varsovia). También encontraba tiempo
para dar clases a niños campesinos, quienes no podían recibir una educación
adecuada bajo el dominio ruso. Ella recordaba: “Enseñábamos a leer y escribir
tanto a niños pequeños como a niñas mayores. Compartíamos libros en polaco con
ellos; los padres lo agradecían. Incluso estas acciones inocentes podían ser
peligrosas, ya que el gobierno prohibía cualquier iniciativa de ese tipo sobre
todo leer libros en polaco, quienes eran declarados culpables se enfrentaban a
la cárcel o al exilio a Siberia.
A
finales de siglo, esta educación en secreto impartida por la intelectualidad
polaca se había convertido en un poderoso movimiento para erradicar el
analfabetismo y fortalecer el sentimiento patriótico entre los niños de
familias campesinas. Maríe pasó tres años y medio en el pueblo. Durante este
tiempo, enseñó en secreto. También ahorró dinero para la educación de su
hermana, quien ya estudiaba en París. Maríe misma pronto seguiría ese camino. Tras
regresar a la ciudad, se ganó la vida enseñando y continuó sus estudios.
Finalmente, tuvo acceso a un laboratorio (dirigido por su tío), donde realizó
sus primeros experimentos. En ese momento, Maríe decidió que quería estudiar
matemáticas y física en París.
Comenzó
a asociarse con un grupo de jóvenes que “se reunían con el propósito de
estudiar juntos, mientras al mismo tiempo discutían temas sociales y
nacionales”. Éste era uno de esos grupos de jóvenes polacos que creían que el
camino principal hacia la liberación de su patria residía en el intento de
desarrollar las capacidades intelectuales y morales del pueblo. Ella sabía que debía educarse y enseñar a los
demás al mismo tiempo. Siguiendo este principio, decidió organizar clases
nocturnas donde cada uno pudiera enseñar la materia que mejor comprendiera.
Claro que todo esto ocurría en secreto, lo que
complicaba enormemente el proceso de aprendizaje. Muchas décadas después, en su
autobiografía, Marie Curie escribió que había una conexión directa entre esta
forma de vida social polaca y su credo de vida. Dijo “Sigo convencida de que
las ideas que nos inspiraron en aquella época eran la única vía hacia el
desarrollo social. Es imposible construir un mundo mejor sin intentar cambiar
el destino de una persona específica; por lo tanto, cada uno de nosotros debe
esforzarse por mejorar tanto su propia vida como la de los demás” En 1891, a
los 24 años, Maríe se fue a estudiar a París.
Aunque
dedicó casi todo su tiempo a estudiar, logró establecer contacto con polacos
parisinos, con quienes se reunían de vez en cuando para hablar de asuntos
nacionales y olvidarse de la soledad. Sin embargo, al final del primer año,
dejó de participar en estas reuniones, porque dijo “hay que concentrarse en los
estudios para graduarse cuanto antes”. Y así fue: al año siguiente, Maríe se
graduó en matemáticas y física, convirtiéndose en una de las mejores de su
generación de egresados. Poco después, conoció a su futuro esposo, Pierre
Curie.
Sin
embargo, su matrimonio permaneció en duda durante mucho tiempo. ¿Por qué? Todo
giraba en torno a Polonia. Dijo “Pronto me pidió que fuera su compañera, pero
no me decidí de inmediato. Dudaba si valía la pena dar ese paso, que me separaría
de mi familia y mi patria” – “Ese verano, no estaba segura de quedarme en
París: iba a volver a Polonia de vacaciones y no sabía si quería regresar. Por
suerte, en otoño, tuve la oportunidad de trabajar en un laboratorio de la
Sorbona, así que volví a trabajar para mi doctorado”
Descubrimiento
del Polonio: En julio de 1895, Marie se convirtió en la esposa de Pierre Curie.
En julio de 1896, Marie y Pierre anunciaron el descubrimiento de un nuevo
elemento, al que llamaron polonio, en honor a la patria de Marie. El nombre del
elemento proviene del nombre latino de Polonia. Considerando que Polonia ni
siquiera figuraba en el mapa europeo en aquel entonces, esta acción fue una
contundente declaración política. Rusia era un imperio poderoso, y en Francia,
que solía simpatizar con el movimiento nacional polaco, el interés por la
cuestión polaca había disminuido considerablemente tras su derrota en la guerra
franco-prusiana de 1871.
Al
nombrar el nuevo elemento en honor a su país natal, Marie Skłodowska-Curie
pareció anticipar el amplio debate público que siguió a su Premio Nobel en
1903. Con ello, pretendió usar su fama científica para llamar la atención
mundial sobre un hecho puramente político: los polacos se vieron privados de su
propio estado independiente. Al parecer, el polonio se convirtió en el primer
elemento químico político en la tabla química periódica. Despues del Polonio,
la pareja descubrió el elemento “Radio” y este elemento resultó ser mucho más
fácil de reconocer y extraer. También jugó un papel mucho más importante en la
historia de la ciencia, eclipsando al polonio. Cuando se descubrió el polonio,
no se podía ver ni pesar.
Posteriormente,
Marie Skłodowska-Curie dedicó su vida a la creación del Instituto del Radio en
París. En aquella época, recibió numerosas invitaciones de Polonia. La
iniciativa provino de la élite polaca (incluida una delegación encabezada por
Henryk Sienkiewicz en 1912). Pero Marie se negó a ir. En lugar de regresar ella
misma, envió a dos de sus asistentes más talentosos a Polonia. También era
importante para ella que el Instituto del Radio de París contara con
trabajadores polacos de esta manera, formó al futuro personal del Instituto del
Radio en Polonia.
Cuando
la organización finalmente abrió sus puertas en 1932, el Instituto Polaco del
Radio se convirtió en una de las instituciones más avanzadas del mundo en
investigación del cáncer. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Marie Curie
decidió actuar. En su autobiografía, escribió “En aquella época, el principal
deber de todo ciudadano era ayudar a su país”. Poco después del inicio de la
guerra, comenzó a desarrollar máquinas móviles de rayos X. Justo en el frente,
Marie Curie realizó exámenes de rayos X para ayudar a los soldados franceses
heridos. Ella misma conducía estas máquinas (¡Marie Curie fue una de las primeras
mujeres en obtener la licencia de conducir!). En 1918, Polonia obtuvo su
independencia.
Esto
puso fin no solo a la lucha de liberación nacional polaca, que había durado más
de cien años, sino también a la época en que los polacos más se preocupaban por
Polonia. La época en que el patriotismo era un deber cívico y casi una religión
estaba llegando a su fin. ¿Es sorprendente que una de las frases más ingeniosas
sobre este tema fuera de Marie Curie? ¿Y es sorprendente que fuera humorística?
Curie supuestamente pronunció este discurso en una conferencia de la Sociedad
de Naciones en 1921. En su frase sobre el elefante en la conferencia dijo “Un
inglés, un francés y un polaco participaron en un concurso literario.
Se les
pidió que escribieran algo sobre un elefante. El inglés presentó un ensayo
titulado “Mi experiencia cazando elefantes en Sudáfrica”. El francés escribió
un ensayo sobre “la vida sexual y erótica de los elefantes”. El polaco preparó
una monografía titulada “El elefante y la cuestión polaca” Esta frase, ha
quedado grabada para siempre en la cultura polaca, convirtiéndose en un dicho
con el que los propios polacos expresan su gusto por buscar motivos polacos en
cualquier tema, incluso en aquellos que a primera vista parecen no tener nada
que ver con Polonia.
En mayo
de 1932, Maríe Curie llegó a Polonia para la ceremonia de inauguración del
Instituto del Radio. Era su última visita a su país natal. La gran polaca tuvo
tiempo para pasear por el río Vístula. Fue una especie de viaje sentimental a
su juventud, pues le encantaba pasear por allí hacía unos cincuenta años.
Durante el paseo, recordó una melodía: una canción popular del siglo XIX: “El
Vístula fluye, fluye”. Probablemente, Maríe la conocía de niña. En una carta
que escribió apenas dos años antes de morir, Marie Curie citó esta canción. Esta
es una prueba más de su amor por Polonia.
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