CAMINO
DE MI EXISTENCIA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
En el camino de mi existencia, y gracias al estudio llegue a comprender que puedo ser imperfecto, pero nunca debo ser ignorante. Por eso me preocupe por invertir tiempo en mis lecturas, observaciones de vida con la intención “No de seguir cometiendo errores, sino de cometer menos” Me llegó ese momento en el que recapacite que estaba pasando mi vida echando culpas, pensando que las personas eran demasiadas irresponsables, y los errores se cometían por ese error. Fue una forma errónea de analizar lo que nos sucede, y la realidad es que es un problema mio, y no de ellos. Me llego ese momento en que tuve la certeza mental que estaba decepcionado con los errores de los demás sino con los míos.
Fue allí en donde me dije, debo reforzar mi forma de ver la vida no solo mía sino la de los demás, y darme cuenta que al igual que ellos todo se debía a mi ignorancia en no comprender mis propias imperfecciones. No podía quedarme con el destino manifiesto en el que se fracasa porque nacemos imperfectos, y que de acuerdo a ello por ser todos imperfectos tenemos derecho a seguir cometiendo errores por nuestra propia naturaleza. Lo primero era enfrentarme a mi propia ignorancia para entender este principio, es decir comprender el impacto de estos errores en nosotros mismos y en los demás, y comprender cómo aprender de ellos y crecer a partir de ellos.
Lo primero que reflexione es que la perfección de la personalidad no se logra de la noche a la mañana, y que es un largo proceso de crecimiento. Así que llego ese momento en emprender el camino cuesta arriba en el desafío en donde cada peldaño que subiera era un escalón más en mi crecimiento. Mi segundo escalón de reflexión me dijo que aprendiera comprendiendo por qué ocurrió el error, cómo evitar errores similares y comprender qué significa esta experiencia para mí. Para lograrlo necesitaba en mi consciencia tener un conocimiento claro y completo de mí mismo. ¿Quién soy, que creo, que deseo, mis valores, principios, y metas que persigo?
Todos los filósofos que había leído expresaban la máxima “Conócete a ti mismo para que puedas conocer a los demás” – “Es el momento en que dejes de engañarte, y vivas en tu vida real, y significativa. Sé honesto” Las voces de mi alma se dejaron sentir buscando generarme miedo a lo desconocido para que me quedara en la comodidad y que no escuchara esa voz que me inquietaba exigiéndome que no solo leyera, sino que escarbara dentro de mí para extraer del fondo de mi alma mi verdadero yo. Me fue difícil debido a que venía de una vida llena de placeres, banalidad, egocentrista, chabacana, chocarrera, en la que no se necesita esfuerzo mental alguno, y en la que la mayoría de la humanidad le llama felicidad.
Me resulto difícil comprender que no huía de la muerte, sino de mi vida, y sí mismo. Un tiempo lo dedique a escribir sobre lo que es la vida, y la muerte con la intención de entenderlas. Me di cuenta en principio que al igual que la gran mayoría decía de dientes para afuera que no tenía miedo a la muerte, que le respetaba, es decir negaba al igual que la gran mayoría en reconocer nuestros miedos. Leí que la muerte es nuestra única certeza, y que por eso la vida debe ser aprovechada en cada instante de existencia hasta que nos llegué ese momento. Aprendí que para disfrutarle debía controlar el miedo a ella, hacer como si no valiera la pena pensar en ella.
Abrí mi consciencia para escuchar a todas las voces, no solo a las que salían desde mi interior sino a las por su boca expresaban otros seres humanos, y animales, y me di cuenta que en la vida real solo éramos una sola voz que no aceptábamos morir, y renegábamos de la vida que llevamos. Comencé escuchando a los perros, los gatos, las gallinas, las vacas, los pájaros, etc.
Cada cual, con sus conversaciones, y con su desesperación de hablar para sacar sus sentimientos, necesidades, expresar lo que les sucede, o expresar su valía ante los de su especie. Me di cuenta que también existía un silencio que habla, y que a veces las palabras sobran, por lo que decidí escuchar mi propio silencio. Observe que la arrogancia no es exclusiva de los humanos saboreando el profundo significado de mis reflexiones mentales. Recordando mis experiencias, contemplando mi despertar, el amanecer, la salida de sol. Aquellos momentos de tranquilidad caminando bajo la lluvia, aquellos en los que en mi niñez me quedaba solo en el monte, sin que hubiera persona alguna en mi alrededor, solo mis perros. Finalmente, con el trascurrir del tiempo y mis estudios deje de esconder mis sentimientos y miedos, saque a la luz mis deseos profundos.
Escribí sin miedos, y sentí como si estuviera en el umbral de un camino correcto hacia mi honestidad. A partir de ese momento, comencé a aprender a asumir la plena responsabilidad de mi propia vida. Comprendí que la verdadera conciencia no se trata de cuántos grandes principios puedo articular, sino de si puedo integrar verdaderamente esos principios en mi vida. Reflexione el mundo de cosas que había dejado rezagadas, y que no quise asumir mi responsabilidad, las guarde en mi mente como recuerdos. – Llego el día en el que me vi parado en la entrada de un templo, y mi conciencia me llevo a reflexionar “Si, hoy fuera tu último día de vida, ¿qué harías, cual sería tu testamento, de que te arrepentirías, a quien le pedirías perdón, a quien dejarías de odiar?”
La respuesta a mi conciencia fue muy clara. No quiero esperar hasta el final de mi vida para descubrir que nunca he vivido realmente de acuerdo con los dictados de mi alma, he madurado en la sinceridad, honestidad, y no llevo más en mi mente la palabra excusa. Hoy y a partir de esta edad solo daré mis propias respuestas no para quedar bien con nadie, sino para vivir con autenticidad para cuando me llegue ese final pueda abandonar la vida sin dejar detrás de mi vergüenza. Reconozco que desperdicié gran parte de tiempo de mi vida en frivolidades, pasiones, deseos, que le sonreí a quien me caía mal, que muchas ocasiones dije lo que no pensaba.
Aprendí de todo ello que mi mente necesita menos bullicio para escuchar la voz sincera de mi alma, y de esta forma encontrar mis propias respuestas existenciales. Quiero caminar hasta mi final siendo autentico, medio valiente para enfrentar mis desafíos, para recorrer este camino con la frente en alto para que cuando llegue el final de mi vida si es que tengo tiempo en reflexionar expresar “No he vivido esta vida en vano, no fui uno más entre las masas, he escrito mi propia vida, desnude mis pasiones, escuche al silencio, no fui valiente, porque aprendí a callar llevándome conmigo muchos de mis secretos más profundos” Cuando dejes de ver la muerte como un punto final y en cambio la veas como parte de la vida, te darás cuenta de que la muerte no es el enemigo, sino otro aspecto que acompaña a la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario