viernes, 7 de noviembre de 2025

 

DIRECTOR DE ESCUELA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director de “La escuela Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.

¿Qué falta a la educación? ¿Es conveniente quedarnos a culparnos los unos a los otros? ¿Será verdad, que el tiempo se acaba y seguimos empantanados en humedales contaminados? En estos tiempos de globalización, competencia feroz y productividad permanente, se dice que las escuelas van a tener que contar con herramientas nuevas como la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación. Todos coincidimos en que así va ser, pero esto no podrá lograrse sin tener en cuenta el factor por excelencia, que es el humano. La idoneidad nace de la competencia y ésta es equivalente a la productividad, pero todo pasa por las personas que participan en los procesos de desarrollo humano.

Nuestras escuelas empezarán a ser cada vez más competitivas en la medida que innoven y cambien las viejas teorías de la gestión del personal por otras más simples y democráticas, sustituyendo los controles por la incentivación y la emotividad, desencadenante de la voluntad de ser y de hacer. El profesor, el alumno y todo el personal, tendrá que dejar de verse como un costo o una mala inversión gubernamental de tintes meramente políticos o mediáticos, como hasta hoy se ha manejado, para pasar a ser un capital social; el patrimonio más preciado a desarrollar, mantener y cuidar por parte de la sociedad.

La palabra de moda, la innovación, va pasar necesariamente por todos los rincones de la educación y este concepto ya está siendo aprovechado por demagogos incrustados en puestos directivos en materia educacional. Para que las cosas cambien antes tendrán que cambiar los viejos sistemas de gestión, sobre todo laboral. Esto llegará, más por exigencia para sobrevivir que por predisposición, pero las/os nuevos directivos, más que dirigentes, tendrán que ser líderes que saben atender y entender a las personas de su equipo.

Tendrán que esforzarse para que en la Institución educativa haya un buen ambiente de trabajo y, sabedores de que es mejor convencer que controlar, eliminando el excesivo papelaje que para lo único que sirve es para distraer al maestro de su verdadera actividad y como justificación en los cuerpos directivos. Cambiar no es sencillo ya que se verán obligados a crear nuevas escalas de valores en la misma, mejores relaciones de sensibilidad, apegadas a él servir y no al aprovecharse.

El Director(a), actual es efectivo en eso, tiene visión de futuro, sabe enfrentarse a los procesos de cambio, sabe actuar directamente con los profesores y personal administrativo, crear e incentivar equipos de trabajo y delegar responsabilidades, porque conoce a su gente y tiene confianza en ella. Sabe que la comunicación abierta inspira confianza y genera lealtad, que los compañeros de trabajo constituyen el mejor patrimonio de la educación y suscitará el deseo de la plantilla para innovar y mejorar.

El Director(a) moderno(a) y competitivo(a) sabe de la disposición de sus profesores y alumnos hacia el aprendizaje, el desarrollo, la innovación y la competitividad. Sabe que están dispuestos a afrontar reformas continuas a todos los niveles, pero no a cualquier precio, ni a tontas y a locas por quedar bien con el gobierno en turno. El sistema ha de sustentarse necesariamente en los equilibrios, las contrapartidas y las compensaciones. Si la educación en su escuela va bien, deben beneficiarse todos. Si tiene problemas, salvarla será también cosa de todos y no solo de la Dirección o los maestros, sino de todos, incluyendo padres de familia y sociedad en su conjunto.

La competencia de sus egresados es la competencia de la sociedad. Si los sistemas productivos marchan bien, la economía va bien, mejorará nuestro nivel de vida y cada uno obtendrá su parte. El Administrador educativo no puede enriquecerse a costa de los bajos salarios de sus profesores, ni competir de ese modo, no puede exigir fidelidad, capacidad de sacrificio y formación permanente con constantes insatisfacciones laborales. Esos sistemas pueden ser de breve transición, pero no la norma de actuación de la educación que pide implicación y responsabilidades y que desea competir, mantenerse y generar riqueza humana a mediano y largo plazo.

Las dos partes, gobierno y profesores, se necesitan y precisarán de nuevas políticas económicas y de empleo para superar los nuevos retos de la globalización. Vamos a necesitar una nueva organización de los sistemas de trabajo para competir. Las relaciones entre gobierno y profesores tendrán que ser necesariamente de franqueza, confianza y calidad, pero nuevas.

 Las decisiones maestras de la educación y su rumbo tendrán que contar siempre con una alta participación de los trabajadores y sus representantes sindicales. Para la modernización del tejido social educativo vamos a necesitar muchas dosis de colaboración y todo tendrá que partir de una nueva organización del trabajo para competir. Quien no lo entienda así, se quedará en el camino como una estatua de sal o con pies de barro. Entre todas las partes tendremos que buscar mayores niveles de calidad y competitividad, tanto para los productos humanos que sepamos crear, como para la vida de la sociedad en todo su conjunto.

El lugar de trabajo tendrá que ser la estancia adecuada para poder crear, innovar, y dar los mejores rendimientos físicos e intelectuales. Los profesores necesitarán una mayor y mejor cualificación, formación de base y permanente, habrá que pactar formas flexibles de trabajo que interesen a todos y dar participación real a las personas más capacitadas, sean hombres o mujeres, blancos o negros, amigos o de ideas diferentes a lo Institucional.

Estoy plenamente convencido de que el diálogo social y la flexibilidad de educación para estos temas, contribuirán a mejorar la competitividad. Los directores(as), que mantienen un buen diálogo social con sus compañeros y saben motivarlos, compiten mejor y logran mejores resultados y objetivos. Son más seguros ante los cambios.

Para afrontarlos, los profesores tendrán que recibir una formación permanente y apropiada a las nuevas necesidades de la sociedad. Sin formación nunca podrá alcanzarse la innovación y la competitividad. Gobierno, padres de familia y toda la sociedad tendremos que entender que la formación no es un gasto, sino una inversión a futuro. Habrá que ajustar las competencias de los profesores y directores(as), a las necesidades del futuro capital humano.

Hablamos de modernización de nuestras escuelas, de continuidad en desarrollo humano deseable, de seguridad, de salarios justos, de fidelización social, de igualdad, de formación adecuada para las necesidades de las la futura e inmediata sociedad, de compensaciones sociales… Si esto es así, los profesores responderán con creces al reto de la modernización y la competitividad, sobre todo en las escuelas rurales y las de colonias periféricas, que es donde más falta hace.

 

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