LOS NIÑOS VEN COSAS,
QUE LOS ADULTOS NO VEN
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex
Director de la escuela Normal del Pacifico – Ex Director General del Instituto
Pedagógico Hispanoamericano.
En la vida cotidiana se comentan historias de niños pequeños que supuestamente se comunican con seres invisibles o ven a familiares fallecidos. Una usuaria en face informó que su hija de 12 meses empezó a mirar fijamente la ventana en plena noche, sonriendo y agitando los brazos, como si jugara con alguien. Ella expuso que su bebe la ignoro por completo, y actuaba como si se comunicara con algo invisible. Dijo “Me dio escalofríos, así que la llevé a mi recamara para que la viera mi esposo” La usuaria comenzó a especular para recibir like y mensajes locos, ya que ella en su comentario expuso que ese día años atrás su abuela había muerto.
De acuerdo a esta historia la mujer estaba pariendo y su abuela muriendo a esa hora. No tienen idea del mundo de comentarios que recibió, desde que ella aseguro que su abuela encarno en la niña, que había regresado a despedirse, que porque la niña estaba sentada en donde se sentaba la abuela, etc. Para muchos adultos los niños supuestamente deben ver ángeles, pero en la realidad son los adultos los que inventamos todo, desde que le mentimos al niño diciéndole que su abuela se fue al cielo y allá está sentada cuidándolo. Con decir que escribieron comentarios de rezos de sanación ¿Cuál es la explicación?
Durante mucho tiempo, ha circulado un dicho: los ojos de los niños son tan limpios que pueden ver cosas que los adultos no ven, una creencia que muchos padres mantienen firmemente. ¿por qué la gente siempre piensa que los niños pueden ver cosas que son invisibles para los adultos? Si revisamos las investigaciones encontramos que los niños menores de tres años tienen una capacidad visual mucho menor que los adultos; hasta cierto punto, son miopes. Solo después de los tres años, a medida que sus órganos visuales maduran, su visión mejora realmente.
De ello se puede extraer que la razón por la que los niños dicen que ven cosas que los adultos no ven no es porque realmente las vean, sino porque las malinterpretan. Especialmente en entornos oscuros y desordenados, los niños son propensos a hacer juicios incorrectos sobre su entorno. Lo que podría ser simplemente un pequeño pájaro frente a ellos, podría parecer un monstruo aterrador para un niño. Por ejemplo: las personas miopes cometen muchos errores al quitarse las gafas. Son dados a confundir a una persona con otra, agarran el objeto equivocado, leen mal palabras, se confunden con los números. Y todo se debe a que no pueden ver bien. Todos los padres desean que su hijo crezca sano y feliz.
Pero en muchas veces vemos a un niño que habla solo, que se ríe o llora, y que aparentemente esta interactuando con otra persona o animal. Es por eso que muchos adultos piensan que los niños ven cosas que los adultos no vemos. Los estudiosos de la energía “Yang-Ying” dicen que los niños reencarnan, y que por eso nacen insuficientes al grado que todavía pueden ver a los espíritus. Por supuesto que esta es una explicación sin soporte alguno y que ha sido solo el producto de quienes creen en la reencarnación, y mediante su imaginación la tratan de explicar en esta forma “Mito, y leyenda”
Además de esta explicación, existe la teoría del tercer ojo, la cual afirma que las personas nacemos con un tercer ojo, el cual se va cerrando con la edad, y que los niños al nacer traen este tercer ojo abierto y que por eso ellos pueden ver cosas que los adultos ya no vemos. Si lo analizamos desde un punto de vista científico veremos que el sistema nervioso de los bebés no está completamente desarrollado, por eso pueden ver cosas extrañas. Todos sabemos que después de que nace un bebé, su desarrollo físico aún es muy incompleto, incluidos los nervios, los huesos, los músculos, etc. Incluso el bebé recién nacido no tiene capacidades sensoriales básicas completas.
Durante este proceso de desarrollo, los nervios de las distintas partes del cuerpo del niño se desarrollan a ritmos diferentes. Por ejemplo, el olfato y la vista se desarrollan en momentos diferentes. Este estado de desarrollo desigual puede hacer que los niños experimenten sensaciones neurológicas diferentes a las de los adultos, y que por eso los bebes ven cosas extrañas. Un niño puede reaccionar a una influencia muy diferente a un adulto. El caso es que esta afirmación ha venido causando discrepancias a través de los siglos. Lo que se ha observado es que en los niños las capacidades cognitivas necesitan cultivarse continuamente a medida que crecen, por lo que son muy limitadas. Sumado a sus limitadas capacidades expresivas, es muy probable que se produzcan malentendidos.
Los niños “mezclan” la realidad con la fantasía. - Los niños poseen una psicología animista, donde fusionan la realidad con la fantasía. En otras palabras, gracias a su rica imaginación, dan vida a objetos inanimados e interactúan con ellos. Este fenómeno es fácil de entender. Por ejemplo, cuando los niños fingen jugar a la casita con sus juguetes, es un fenómeno animista común. Sin embargo, este comportamiento es comprensible para los padres, así que no lo consideran malo. Sin embargo, cuando los padres ven algo malo en su hijo.
Por ejemplo, en el caso clásico de un niño que llora de noche, muchos padres se preocupan en que algo malo le esté pasando por la mente al niño. Lo importante es ver si el niño está débil, tiene su sistema inmunológico disminuido, hay que considerar factores psicológicos y físicos, su capacidad de adaptación al entorno (Los niños son propensos a enfermarse en entornos que parecen ordinarios para los adultos) Por ejemplo , salir de noche puede parecer normal para los adultos, pero un entorno así podría suponer una amenaza para la salud de un niño debido a factores como la temperatura, la humedad y la contaminación del aire , pudiendo provocar que el niño se enferme . No olvidemos que por tradición contamos con muchos tabúes, desde la madre que no deja que su hijo duerma aparte en un cuarto oscuro sin luz, no permite que vaya con ella al cementerio o a un entierro.
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