CAMINO DE LA VIDA
Ponerme a escribir puede parecer
una tarea inútil a muchos, sobre todo a los que no leen. Lo hago sin recibir
órdenes de nadie, pero muchas veces al iniciar no tengo claro el rumbo que voy
a tomar, ni la intención final. Lo quiero y lo hago, eso es todo. A veces
inicio y me voy en sentido contrario a la intención inicial. A sido el trabajo
de muchos años, sin prisas. Muchos de estos trabajos han sido examinados en
diferentes etapas de mi vida y son temas que me han interesado. Con el correr
de los años me doy cuenta de cuán absurdos deben parecer mis escritos ante todo
pensamiento racional y práctico, pero sigo escribiendo.
Me atreví hacerlo desde niño, incluso en mi
etapa de adolescente que es la más frívola y en la que significa menos la
lectura para las personas. Me gusto vivir como un humano libre, pero me tuve
que acostumbrar al control para poder alimentarme. Los controles que se ejercen
sobre la persona que trabaja para alimentarse son como una cama dura que no
permite descansar tranquilamente. Lo peor llega cuando te acostumbras y lo ves
como algo normal dejando de respirar el aire libre fresco por el viciado
encerrado en una oficina de trabajo o en una actividad que no deseas
desarrollar.
Pero llega la esposa, luego
hijos y a partir de allí, difícilmente serás libre. A medida que el tiempo
pasa, te vas acostumbrando a tener miedo por perder esa entrada de dinero que
tanto significa para que tú y familia pueda medio vivir. ¿Ese es tu destino
hasta llegar a la vejez? Un cautiverio lleno de ansiedad y preocupaciones. A
medida que pasa el tiempo lames la soga en señal de agradecimiento porque te
tenga controlado, te sientes más tranquilo, incluso disfrutas sin preocupación
el que un jefe de trabajo te amenace o abuse de su autoridad todos los días.
Tu estas dispuesto a seguir esas
reglas extrañas que exigen intensifiques tu labor y recibas en pago abusos
sobre todo cuando el jefe de trabajo es incompetente. El estudiar te permite
que la gente te trate con naturalidad, educación, que tengas un pequeño grupo
de amigos con quien reunirte de vez en cuando. El no presumir ningún logro o
exhibir una ostentación engañosa hace que la gente no note tu progreso y con
ello evitas la envidia. Escribir inicio en mi pasado y ahora no descanso hasta
haber anotado mis recuerdos de cierto momento significativo de mi vida. La
oportunidad de escribir se me ha dado en aras del tiempo, y el control solo se
ejerce en el momento en que entrego un trabajo terminado para ser publicado.
Entonces puedo permitirme este placer.
En cada renglón o página
presento la imagen bajo la cual imaginé la vida, sin dejar fuera mis miedos y
errores. Hay pocas cosas que dicen más sobre una persona que su visión de la
vida: si la ven como un camino, un campo, un árbol en crecimiento o un mar en
movimiento. Por mi parte, lo vi con los ojos de un amable estudiante que
deseaba subir esa escalera la cual los adultos le decían que mediante el
estudio iría subiendo escalón por escalón, pero a la vez me aseguraban que
tenía que compartir con otros estudiantes yendo detrás o adelante ya sea
pisándole los talones o atravesándome para que no pasaran antes que yo. En
realidad, no tenía muchos competidores, pero si muchos envidiosos.
La mayoría de estudiantes habían puesto sus
ojos en sus ambiciones y consideraban su trabajo aburrido por lo que clavaban
su mirada en lugares en donde pudieran ganar o agenciarse dinero de forma más
rápida sin importar el trabajo que harían. Busque desarrollarme en la vida,
pero no deseaba ser empleado, pero eso es malo para una persona que no nace con
la vida resuelta a la vez nunca me explicaron cuántos escalones debería de
subir para descansar un poco, ni de que gloria disfrutaría estando arriba.
Tal vez imagine el rancho de mi
vida, una familia hermosa, una esposa amorosa o una vida ordinaria en donde
debía labrar la tierra. Ese es parte de un viaje que le llame vida, desde un
joven que no había decidido para donde ir, muchos menos en donde aterrizaría y cuya
tarea más importante de acuerdo a la sociedad era estar sentado en las aulas la
mitad de su vida por ser según ellos la actividad más importante por la que
debemos pasar para que en la adultez disfrutemos de tranquilidad económica.
¿Cuál sería mi final en esta historia?
Ir aprobando exámenes con desveladas
desgastantes para que al tercer día no recordara nada pero que el examinador
diera su punto de vista en un papel al que le llama calificación y cuya
aprobación es desde su óptica personal. Esos son los vientos que nos arrastran
en este viaje y los aterrizajes forzados en los que caemos. Repartir papeles
para que te contraten, presentarte a entrevistas sin un plan por parte del
entrevistador, conseguir trabajo para que alguien te controle y aguantes la
prueba de fuego del mal jefe de trabajo y las condiciones pésimas del espacio
en ese trabajo.
Llegas a la edad de los 50 años
y te parece difícil volver a empezar, aunque sabes que te queda tiempo para
ello. Pero tendrías que hacer un poco de trampa con la edad y se debe a que
ninguno de los controladores desea contratar a una persona que tenga esa edad.
Ves tu rostro lentamente frente al espejo y notas que traes canas y arrugas,
pero que aún tienes esas fuerzas y que puedes dar tiempo a ser productivo.
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