domingo, 19 de marzo de 2023

 

NOS ABRAZAMOS EN MEDIO DE MI SUEÑO



Mis maestros de primaria, secundaria, preparatoria me llevaron a los libros. Un puberto ingenuo, aunque aun soy ingenuo, lo puberto ha quedado en ese pasado, sin embargo, continúo haciéndome preguntas tratando en resolverlas mediante la lectura. Finalmente, los años acumulados en el cuerpo hicieron que dejara de ser aquel yo joven inquieto que leía soñando y arropaba a los poetas besando con sus versos a las fantasías de que escribían sobre sus musas. La secundaria fue años de soñar despierto, de besar los labios enamorados de mis amores platónicos, y despertar en ese malestar que no estaban conmigo.

Quererlas revivir era mi fantasía sin contemplaciones morales, alejado de las normas sociales solo ella y yo en ese sueño fantasioso a donde me conducían. La lectura y los sueños me llevaban a fundirme en la soledad de mis noches húmedas de tal forma que me elevaba por encima de la realidad arrinconando las costumbres que me ataban. No fui un puberto descuidado, ni apresuré mi madurez esa es mi verdad. No hice nada que fuera puesto ante los ojos de la sociedad que me avergonzara en público, sino que soporté el empuje hormonal al no estar despierto y caer en la tentación de lo que la sociedad condena como inmoral.

Me acepté con ese empuje, permití que mis flujos corrieran llenando ese placer, que nadie acepta pero que todos los jóvenes vivimos en esa etapa de la vida. A veces reflexiono si debo sentir pena por ello, sin embargo, la experiencia me contesta ¡No! Todo es parte de la naturaleza humana. No es descuido, ni existe control es la aceptación en cierta edad en la vida, solo requiere esa combinación que a los ojos de los moralistas es insana al mezclar placer con satisfacción y la circunstancia. Se pide prudencia, que no aceptemos o que lo admitamos con miedo como si ello fuera una ritual demoniaco.

Con los años me di cuenta que esos sueños se diluyeron, salieron de mi mente, ya no llegan, pero me ha quedado en la cabeza el poder revivirlos recordándolos. Aquellas chicas en su jardín de flores dispuestas a entrégame sus tesoros más preciado que por cuestiones culturales debían conservar hasta el día de su boda. En mi mente están presentes y a diferencia de aquel ayer, hoy no llegan como un chubasco en medio del sueño, se hicieron invisibles, emigraron a la cabeza de otros jóvenes. Hoy sueño con el mar, las estrellas, los conflictos personales. Mis imágenes nocturnas ruedan envueltas con las olas de un mar menos embravecido.

 A lo lejos en medio de ese sueño escucho el mar tronar sobre la arena, luego levanto los ojos para contemplar ese respirar de sus aguas que a cada golpe van soltando brisa y bailan yendo y regresando sobre la arena. Enseguida me despierto y al momento olvido el sueño. Abro la ventana para que, entre la brisa de la madrugada, reconozco el roncar de las personas que duermen cerca o a mi lado. Sus respiraciones son inquietas ¿No sé si están soñando o les falta respiración? Ella despierta y me dice ¿Qué estás haciendo despierto?

A lo que respondo. – Estaba soñando. ¿En qué sueñas? Sonriendo le contesto que en el numero con el que saldrá premiada la próxima lotería, pero la verdad es que no recuerdo el sueño, tan pronto como desperté se alejó el mar de la costa, la brisa que en mi sueño entraba por la ventana ahora es un calor insoportable. Todo esto es lo que me sucede mientras permanezco medio dormido, somnoliento. El despertar me saco de mi página nostálgica mental, en donde ya no llegan las musas que me llenaban de fantasía y placer mi juventud.

Miré al piso y descubrí el libro que estaba leyendo antes de dormir, lo deje marcado en la página que voy.  Mi cabeza no está clara, se apoderan los recuerdos de mi juventud, las voces alegres de mis amigos, las buenas fiestas, nuestros secretos, aquel pasado que nos impulsó a caminar juntos por las calles en una juventud que los adultos criticaban era loca. Tantas cosas vividas que no cabrían en varios libros. Los recuerdos de esa juventud guardados que regresan poco claros y se vuelven a instalar en el cerebro como si se estuvieran viviendo en ese instante.

 Me deje caer de nuevo en la cama tratando en ser indiferente a esos recuerdos, pero las voces de mis amigos retumbaban en mi mente, se apoderan de mi tranquilidad, regresaban como si estuviéramos en ese instante en la secundaria. Solo me quedaba esperar; agarrar de nuevo el sueño, sin darle crédito a que una chiquilla se presentara en ellos con su cuerpo delgado por su edad o una de 20 desarrollada. Estoy consciente que esos sueños ya no vienen a mí, me dejaron para siempre, me dieron la oportunidad en disfrutarlos y con los años se han ido en busca de otra persona joven que pueda deleitarse cada noche sin que ponga en peligro su virginidad.

 Hoy, no hay tiempo para soñar y divertirse, solo me queda añorar y seguir viviendo. Aquella noche mi sueño se dio demasiado rápido-, en la mañana cuando llegué a clases en la secundaria la vi parada en medio del salón de clases. Estaba con su uniforme rojo de tercer grado. Sonreí al verla recreando lo que sucedió esa noche en mi casa en medio de mi sueño. Ella desconocía el placer que me brindo, yo en cambio se lo agradecía, y aunque fue un sueño loco, la había disfrutado.

Me detuve a contemplarla y estuve a punto de exclamar “Te amo” sin embargo no me arriesgaría a que todo el salón de clases se diera cuenta y ella decidiera que esa noche no me visitaría de nuevo por la vergüenza de poner en boca de todos nuestras intimidades por lo que decidí callar, pensar que ella lo sabía, que soñamos y disfrutamos juntos y que en ese momento debíamos aguantarnos las ganas de correr abrazarnos y besarnos de nuevo como lo hicimos en la noche.

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