CUENTOS DE LARRAÑAGA “Desde la
ventana” San Ignacio, Sinaloa)
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- UNAM
San Ignacio, Sinaloa. - Es un
bello rincón tranquilo, bendecido por la naturaleza con su río y arroyos.
Piedras especiales y arena fina- El sol hace que sus aguas brillen durante el
día en un color entre verde y azul claro. El rio circula, recorriendo
distancias desde las altas montañas, por el valle para juntarse con el mar. En
su recorrido se va escondiendo y zigzagueando en la niebla de la mañana. Transita,
brilla y juguetea como los miles de pájaros que despiertan temprano por la
mañana a emitir sus cantos. Una hora antes del amanecer se deja escuchar el coro
de los pájaros, el mugir de las vacas, el canto de los gallos, el ladrido de
los perros y el murmullo de la gente que se levanta para iniciar su labor
cotidiana.
El sol envía calor a la tierra,
la hierba crece con las lluvias, el cielo cambia con las estaciones. La calle
en ciertos días permanece desierta, en otras es intenso el bullicio dependiendo
de la época y las festividades. Con el calor del verano los arboles al parecer
dormitan. Es época de poco viento, y el poco que corre, acaricia suavemente los
rostros inquietos que se resguardan bajo la sombra de los árboles, usan un
abanico de mano o se secan con un paliacate. Luego se escucha la voz de los
vendedores de raspado, frutas y aguas frescas.
Caminan lento por las calles
recorriendo y gritando para que las gentes salgan a comprarles. Los niños vagan
en silencio o salen hacer el mandado de su madre. Caminan por las callejuelas desiertas jugando
con su imaginación, olvidándose de los problemas y la idea de futuro que les
espera cuando crezcan. En su rostro se observa la felicidad, a ellos no les
interesa los conflictos del mundo, se ven como hermanos sin ser la misma madre
y padre. Jugar, tener tiempo para ello es lo que les interesa. En su casa la
madre o su abuela se entretiene haciendo la comida tranquila. Así, va pasando
el tiempo.
La abuela mira desde la ventana
a la joven pareja que silenciosamente se abrazan y se dan sus besos. Luego seca
sus lágrimas tocada en el alma por sus recuerdos ¿Qué tipo de tristeza se
apodera de su corazón? ¿Qué inquieta sus sentimientos? Recordar sus momentos
inolvidables de juventud y pasión con la dicha que ahora disfruta con sus hijos
¿Tal vez, es solo nostalgia, por la persona amada que se ha ido con sus
muertos? Se ve a sí misma en esa joven ilusionada entregando sus labios al que
posiblemente sea el padre de sus hijos ¿Cuántos años han pasado, para la que
observa desde su ventana?
Los años se le fueron volando.
Ahora es madre o abuela, a quien le interesa la vida de los jóvenes, está al
pendiente del camino que están próximos a tomar. Comprende que para ir
tranquilo se requiere seleccionar bien a la pareja ¡Eso, es lo que importa! Es
la base de una victoria familiar y una derrota vergonzosa. La abuela desde su
ventana, se ríe y llora, despues de todo son sus nostalgias y, en la pareja que
se besan algo tiene que pasar, pero por lo pronto se esfuerzan por entenderse.
Para ellos no hay enemigos, así
han estado buscándose durante algún tiempo. No mucho tiempo, pero si el
suficiente para darse cuenta de las intenciones del otro. No les importa lo que
se diga de ellos. Se admiran uno al otro, solo tienen miedo de una traición y
deslealtad. Miedo a que uno deje en ridículo al otro al engañarlo. La picardía
es lo de menos, aun ambos están jóvenes y están conscientes que amor con amor
se paga. La vida es corta y la decisión no debe tardar ¿Para qué se juntan y se
besan?
A nadie le gusta ir solo por la
vida, se busca y se encuentra cada quien a su mitad y si esta no funciona,
siempre hay en el corazón un espacio para un nuevo amor. En pareja se perdonan, aunque saben que uno
de los dos está fuera del lugar, despues de todo el corazón tarda en
endurecerse, pero cuando lo hace ni un cincel logra abrirlo.
La abuela observa cómo se abrazan a fin de que
con ello trataran de transmitirse el calor de sus cuerpos o establecer el
compromiso que caminaran juntos por el sendero de la vida. Son jóvenes, no se
piden o se exigen nada, solo un abrazo y un beso, un momento de uno con el
otro. La abuela se acuerda de su noviazgo en su juventud. Recuerda con
nostalgia el ¿Cómo lo vivió?
Lo que tuvo que compartir, las
barreras que brincaron, el lamento de sus pleitos. Ella desde su ventana los
mira en como su risa es genuina y esconden su rostro al fundirse en un beso. La
abuela le pide a Dios, que sean felices. Que vuelvan pronto a ese rincón para
admirar su amor desde la ventana. La abuela esperara otro día, solo desea que
vuelvan pronto. La lluvia golpea fuerte sobre su ventana, los enamorados han
corrido para guarecerse. Despues de todo, en esta época en el pueblo no para de
llover con estruendosos rayos.
Son tiempos en que soplan
vientos frescos. El calor del día se ha marchado, todo es felicidad, los
arroyos crecen para nutrir al rio. El viento golpea fuerte sobre la ventana,
pero los jóvenes corrieron cada uno para su casa con la esperanza en que el
destino los junte para siempre. Ni, la lluvia o el calor podrá separarlos, solo
el tiempo se llevará a la abuela para que deje de asomarse por la ventana.
Los pájaros ya no se escuchan,
se fueron volando en busca de refugio. La abuela se sienta en su poltrona y su
pensamiento se va volando en ese pasado, el que creía olvidado, que los años
van borrando y que la tienen en su casa con la puerta cerrada mirando por la
ventana. La lluvia hace que el niño disfrute de regreso a casa. No puede
esperar a que se pare y corre por la calle con su bolsa de pan. Es inútil
resguardar el pan del agua, no tiene espacio en su cuerpo para protegerlo. Se
lo cambia de axila creyendo que la otra es mejor. Corre con la felicidad en su
rostro, solo espera que su abuela no esté enojada ya que a pesar de la
adversidad el pan llegara, aunque mojado, listo para ser comido por su abuela que
en el camino de la vida a perdido la mayoría de sus dientes.

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