VACIOS
DEL ALMA
RAMÓN
ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La muchedumbre corre tras lo que se le manipula,
sin reflexionar. ¡Así debe de ser! dice la mente cerrada, y se sigue
aplaudiendo el placer de la carne, y el consumismo. El esposo, el novio,
pareja, exige satisfacción, aunque la mujer se oponga y sea obligada a satisfacer
al hombre a punta de golpes. El deleite se demanda a cada paso, el meollo es
disfrutar hasta el ocaso en el menor tiempo posible apoyados en el dicho de que
la vida es corta y hay que disfrutarla. A los hijos se les educa que son
dueños y señores, sin importarles nada. Aprenden a pisotear con el beneplácito
de sus padres.
Cumplen
sus caprichos, nada les puede faltar, los empujan a vivir y consumir exigiendo.
Aprenden a demandar para que su fiesta sea constante y vivan mediocremente
contentos entre borracheras supuestamente excitantes. Los excesos en principio
eran los viernes o sábados, hoy son toda la semana. La capacidad de azoro ante
el exceso es muy poca, y en ese querer tener todo, se pierde el sube y baja sin
trabajar, dar un esfuerzo, ser austero. Codiciar lo del otro, vivir en zona de
confort. Nadie se para a reparar un daño solo alboroto, ruido sin detalles.
¿Si no nos vaciamos como nos podremos volver a
llenar? ¿Si no dejamos de tener, cuando es que vamos a apreciar? El exceso en
sí no está en la riqueza material, hay muchos otros arrebatos mundanos, que
ahogan en un constante abusar. Ahora más que nunca se estimula el deleite
sexual, y se impone el éxtasis corporal. Sexo: Nos manipulan: ¡No es porque no
puedas, sino porque quieres más! “Pastilla azul, viagra, condones” Al
cuerpo lo que pida, sin importar el daño, cruzar fronteras de la dignidad, ser
depravado sexual. Todos van cayendo redondos.
Los
cuerpos utilizados para envenenarlos, por darle vicio en un deseo incontrolable, y la escasez del espíritu
genuino. Placer para llenar el vacío, sin prudencia solo disfrutar, sin
respeto al cuerpo, ni búsqueda de nuestro espíritu ¿Qué estamos haciendo?
¿Cuál es el exceso que nos marca? A Dios se le
encuentra en el silencio y la abstinencia, y aquel que presuma de excesos y una
vida llena de amor, miente y no tiene conciencia. Se perdió el pudor, se
degeneran los bríos naturales.
Nos
acostumbramos al peso de los cuernos por el libertinaje “Se acepta la traición”
Dicen que el peso los agobia para exculpar. Quiebran cualquier espejo que los
delate ante sus ojos, voltean la cabeza y se tapan los oídos. Una ceguera total, sí llega la infidelidad golpea con
doble rebote. -Unos por otro lado se enteran y salen a defender su honor, y ya
muy enojados usan esos cuernos, para atacar y buscar que les pidan perdón.
La furia revolotea por todos lados, es dolorosa
y alarmante. Las parejas se afilan los cuernos mutuamente. La promiscuidad seduce.
Se
vive el sexo sin corazón, en una primitiva realidad, de pobre testimonio.
Estamos expuestos a la cacería clandestina, donde las balas del libertinaje y
la infidelidad, son las asesinas. Se dicen vivos y llenos de euforia que andan alegres,
felices, pero son muertos o en agonía que han renunciado a una vida plena,
donde hay espíritu y late el corazón. ¿Sabes
cómo manipular a un hombre? Dile que no puede. – El Médico le dice a la bella
joven. – Desnúdate, y le contesta, la enferma es la abuela - ¡Ah! ¡Señora,
saque la lengua!

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