sábado, 11 de marzo de 2023

 


CARTAS DE AMOR

 

Para escribir una carta, nos hacía falta un papel, pluma, sobre y un timbre. Siempre se tenían cosas que contar, ganas de estar en contacto a través de las mismas. La separación de los amados, las ganas en verse y besarse, si había mucho que sufrir al redactar. Las cartas eran el medio perfecto para desahogar penas, soledad, tristeza, alegría y para ello había que sentarse a escribir.

 

La juventud nos permitió tener en las manos un gran muestrario de ellas desde las que llegaban con un beso de los labios anhelados, una gota de supuesta lagrima con la tinta corrida o aquella en donde le declarabas que ya no podías vivir sin ella (Él) Han pasado los años y con ellos la tecnología borro del mapa este romántico medio de comunicación solo queda la memoria de los hermosos recuerdos que jamás se recuperaran.

 

Las cartas que atrapaban a los románticos, sacaban lágrimas en las horas de mayor soledad. Una y otra vez se releían a la luz de una lámpara con luz tenue hasta que los ojos se cansaban y ganaba el sueño, en medio de aquella soledad en una ciudad lejana de donde procedíamos.

Terminabas una relación y no sabías que hacer con las cartas, las metías en un lugar en donde nadie pudiera husmear. Ese papel guardado con un sello sobre un timbre marcando la fecha y el lugar de procedencia. Las cartas a los familiares pidiendo dinero debido a que estudiabas fuera del pueblo o ciudad, los telegramas urgentes con una respuesta positiva de un giro con valor monetario.

 

La espera para poder mandar otra carta apenas recibieras contestación ¿Cuántas cartas mandabas al mes? A la novia, la madre, familiares o lo que te quedaba atrás con el ánimo de estar presente, solo aspirando a ser recordado por un instante mientras se leía.

Allí frente a tu soledad sin poder escapar a la tristeza y con el compromiso de luchar estudiando que para eso estabas allí. El tiempo se las llevo, ya no llega una o si la encuentras a la entrada de tu casa es de un negocio que te recuerda algo. Las redes, el internet es la nueva evasión de la supervivencia en la soledad, allí está para que las personas escapen, que sienta que se encuentran sin hacerlo al escribir a sus amigas, a sus antiguas amistades.

 

Dimos el salto tecnológico y en ese caminar infatigable nos toca ver morir el romanticismo para contar una realidad diferente, un alto sin parar para seguir el rastro de los que un día nos quisieron y han muerto sin darnos nuevamente la mano. ¿Cuantas ilusiones perdidas?

Rememorando el instante de una carta de amor en la mano aun sin abrir; una de puño y letra de la persona amada nos hacía cambiar la alegría del día. Pero tenemos que seguir, dejar atrás la nostalgia en aquel recuerdo al ver la carta tirada en la entrada de la casa. - Buenas y malas noticias, penas, versos, amores, frases escritas con el corazón que nos hacía temblar de contento o simplemente contestarlas para continuar el engaño del ¡Te quiero, no puedo vivir un minuto más sin ti!

 

Ese trozo de papel que nos alcanzaba con peticiones del ¡No me olvides! Capaz en desatar la alegría, saber que estabas vivo para ese alguien. Estaban presentes en ese instante al tenerla entre las manos. - letras que trasmitían calor humano, mismo que se necesitaba para seguir adelante o aquella carta que llegaba cuando más la necesitabas, en el instante que sentías rendirte. Llegabas de la calle y allí estaba tirada en la puerta la voz silenciosa en letras haciéndose presente.

Esa juventud que viví, que me hizo amar las costumbres pensando en contestar una carta en la cual expresaría mentiras de mi suerte diaria. Cartas que llevaba a la universidad dentro de mis libros y en un momento las sacaba para volver a vivir su encanto. - Días pensando en el ¿cuándo? me llegara la siguiente preguntándome ¿Cómo me encontraba? Mi situación amorosa, el coraje demostrado en el estudio.

 

Las cartas se marcharon para no volver, ya no pregunto por ellas y sin saber siquiera su ¿Por qué? cuando veo una tirada en la puerta de la casa me da cierto miedo al comprender que me andan buscando para que pague algo que debo.

 

Las cartas me traen recuerdos de los momentos gratos del comprender esos imposibles para volver a vernos entre aquellas personas imborrables de la mente que un día nos escribieron para decir que nos amaban y nosotros sin resistir le contestábamos de igual manera.

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