MI
VIDA Y LA ESCUELA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
No
todos nos damos percatamos de cuántas habilidades para la vida podría
desarrollar cada estudiante en un entorno educativo. Cabe señalar que en un
pasado cercano las escuelas estaban abiertas por la mañana y por la tarde todos
los días y los sábados hasta medio día. Asimismo, tal modelo de educación es
lógico que beneficie también a los miembros de la sociedad en la que se desarrollaba.
Debemos mencionar que los maestros en esos años vivían en el lugar donde
servían y por lo tanto tenían suficiente de su tiempo personal en la vida
escolar.
Los
patios en las escuelas eran amplios y los niños los usaban para correr, no
había que ponerles toboganes, arenas, columpios, resbaladeras, solo una fuente
de agua limpia para saciar su sed. Se construía una pila de ladrillo y en medio
una llave de cobre por donde salía el agua y los niños ponían los labios, las
manos para agarrar el agua y beberla. Muchos maestros dejaron huellas
imborrables en sus alumnos (Buenas y malas) Entre los amables, estrictos,
exigentes, groseros. Hoy existen muchas escuelas con sus nombres por su trabajo
en la profesión.
En
ellas han faltado ponerle nombres de profesores de Talleres, Educación Física,
Ingles, Carpintería, mecanografía, prefectas, conserjes, etc. (los olvidados).
En muchas de esas escuelas los maestros se conocieron, y se casaron, ahora
tienen nietos que han vivido para verlos. Tuve maestros modelo en primaria y
secundaria que enseñaban con pasión y amor a su trabajo al que consideraban un
deber supremo y en su rostro se manifestaba ese placer infinito que les
producía trabajar para niños y pubertos.
Profesores
progresistas, sentimentales, y de mente abierta, aunque por fuera se
comportaban serios y estrictos. Para muchos de ellos la lección no terminaba
con la campana, seguían ocupados con su trabajo duro. Personas honestas,
moralmente bien formadas, que odiaban mentir, hacer trampa o que sus alumnos lo
hicieran (Alto compromiso).
A
principios de 1970, los conceptos pedagógicos habían comenzado a redefinirse.
Desde la silla en donde el maestro se sentaba a dictar se comenzó a criticar
por los pedagogos a nivel mundial. Los profesores iniciaron sus primeros cursos
dando seguimiento a las ideas de John Dewey en Estados Unidos, Kerschensteiner
en Alemania, María Montessori en Italia, Rosario Castellanos en México. Estos
bloques dieron forma a los nuevos principios pedagógicos, que se centran en el
niño más que en el maestro. En nuestro país, despuntaba Rosario Castellanos.
Los profesores mexicanos entraron en contacto con estos nuevos conceptos
pedagógicos, los adoptaron y trataron de trasladarlos a la realidad de su
profesión.
Tuve
profesores que desarrollaban con vigor su visión de una escuela democrática,
que rechazaban la actitud pasiva de los alumnos, asegurando su autonomía para
que dominen los conceptos de autoeducación. Las escuelas primarias y
secundarias iniciaron actividades agrícolas en sus patios a lo que llamaron
cooperativa escolar. En ella se desarrollaba el conocimiento de la
horticultura. A cada alumno nos responsabilizaban de cuidar, la huerta, cada
uno con su propio espacio de cultivo. Flores y verduras crecían ante el
beneplácito de los alumnos.
Algunos
de los maestros fueron más allá sugiriendo que plantaran árboles frutales,
otros llegaron a contar con viveros. En otras incluso pusieron abejas. Todo en
la parte del frente de las escuelas o en el patio trasero. A los niños nos
enseñaban mediante la palabra que respetáramos a las palomas y en una parte de
la casa si se podía les diéramos un espacio para sus nidos (En lo personal
llegue a contar con 200 palomas), 100 gallinas, 10 burros, 15 chivas, unos
conejos.
Me
maraville cuando en la casa de mi tía Emilia Benítez le llego un pavo real y su
pareja, así como borregos. El pavo real me dejaba boca abierta cuando abría su
cola, y el borrego macho no me dejaba entrar al corral por su agresividad. En
secundaria se organizó un periódico mural, en este rendíamos homenaje a
personajes ilustres de la historia y la ciencia, además colocaban los
comunicados de la dirección de la escuela y todas las actividades (Eventos
próximos, los que pasaban etc.)
Esta
era la forma de nuestra prensa. Al no contar con biblioteca, un profesor tuvo
la idea en organizarnos por equipos para que acumuláramos libros para prestar.
Los concursos de recitación y oratoria eran impactantes, todos nos preparábamos
para ellos y apoyábamos a quienes nos representaban por el grupo. Allí se
escuchaban las mejores recitaciones clásicas y algunos de los interpretes
lograban sacarnos las lágrimas. Aún recuerdo a varios alumnos recitando y a
otros en oratoria, por ejemplo, al actual Licenciado Rodolfo Mendoza González
en su intervención recuerdo como si las palabras estuvieran clavadas en su alma
cuando habló. Los pocos periodistas eran de fina máquina.
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