lunes, 4 de noviembre de 2024

 

MIEDO A HABLAR DEL FRACASO EN EL AMOR

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

En la era del sentimentalismo, se consideraba completamente normal llorar en público, sentir abiertamente celos. No existen emociones malas y negativas (todas las emociones son útiles, adaptativas, nos ayudan a sobrevivir, nos indican algo), pero hay emociones que la sociedad considera negativas y no fomentan. Por ejemplo, la ira o el miedo. Muchas personas temen que hablar de problemas y sentimientos reales provoque una reacción negativa de la otra persona y provoque una discusión desagradable. Por ejemplo, si una persona no estaba preparada para hablar sobre un tema en particular, o si el tema se considera tabú.

Incluso si no hay un conflicto directo, la gente se da cuenta de que existe el riesgo de arruinar su reputación. Muchas personas tienen miedo de parecer resentida. Admitir que las cosas no van bien, en opinión de muchos, es reconocer el fracaso, demostrar que “no se puede hacer frente”. Insinúa esto a los demás y, en primer lugar, a ti mismo.

Las personas que crecieron en familias donde estaba estrictamente prohibido llorar y expresar descontento a menudo no hablan de sus problemas. Al mismo tiempo, la prohibición de los sentimientos no fue explicada ni estuvo motivada por nada. Por otra parte, vale la pena señalar que la sociedad a menudo se esfuerza por lograr una "imagen hermosa", buenas noticias y buen humor. Junto a la “nueva sinceridad”, podemos notar llamados activos a una visión optimista de las cosas y exhortaciones a que se debe alejar de uno mismo la “negatividad” por todos los medios posibles.

No hay persona que esté dispuesta a repetir con más frecuencia que un mexicano ¡Me importa un bledo, lo que digan de mí! Y no hay persona que tenga más miedo que un mexicano de lo que dirán y pensarán de él. El mexicano se ama a si mismo y al mismo tiempo consiente en el derecho concedido voluntariamente para ser tiranizado. El alma del mexicano va de un extremo al otro: Su respuesta a como se quiere, asegura que es lo que más ama y que muchas personas son mezquinas en el trato con él a pesar de ser la persona más sincera que existe sobre la faz de la tierra.

Nos dice que es decente, que actúa de acuerdo a sus convicciones y que si no le creemos que se lo comprueben porque él es decente. - Todos nuestros deseos eventualmente se cumplen, pero están tan distorsionados que a veces ni siquiera los reconocemos. - No admitimos ser infeliceses, pero para que una persona sea feliz también necesita ser infeliz. Actuamos conforme e nuestros planes, asimilamos fracasos, nos resistimos a la crítica, y de antemano nos justificamos. No aprendemos en ¿Cómo asimilar los fracasos? Los psicólogos aconsejan en cómo trabajar con los fracasos, y nosotros contestamos ¿Cuáles? Y comenzamos hablar de nuestros éxitos, y reírnos nerviosamente.

No aprendemos a ser flexibles, tolerantes, y muchas de otras necesidades sociales que necesitamos. La escuela nos da habilidades apegadas a controles, esfuerzo para cumplir con un programa, supuestamente para consolidar el conocimiento. Adquirimos vocabulario, socializamos para compartir. No hay por qué tenerle miedo al fracaso, por el contrario, podemos acoger con agrado lo que nos enseñan los fracasos. Cuando una persona se da cuenta de que todo ha salido mal, tiende a experimentar muchas emociones negativas.

Lo principal es poder controlarlos. Fracasar en el amor y ver dañados nuestros sentimientos no tienen nada de malo, no somos el primero ni el ultimo, y nadie se a muerto de eso. Lo importante es expresarnos, recibir apoyo de una amiga, un ser querido que nos apuntale el alma para tranquilizarnos. Esto, no significa que deba gritar o llorar frente a esa persona “Esa incontinencia puede resultar costosa, y muchas veces humillante”

Aunque no siempre podemos controlar las circunstancias de la vida, podemos responder a ellas con dignidad. Lo sano, es que uno como persona debe sentirse libre de hablar sobre sus errores y aceptarlos para poder seguir adelante. Siempre abra un fracaso que duela más que otro, pero ambas expereincias son factibles de cambiarlas. Lo principal es no encerrarse en las ideas, y darle paso a experiencias de sus amigas para que las resuelva.

Se trabaja con las amigas más confiables para encontrar soluciones juntas sin sentirse como una perdedora solitaria Se buscan soluciones sin miedo a las críticas, pero que sean en un ambiente seguro de confiabilidad y lealtad. Es posible que las soluciones que sus amigas le propongan no las considere correctas, sin embargo, al verse involucradas ellas analizaran con la cabeza fría la solución a su problema

No es costumbre hablar de tus problemas (y de los problemas en general). Y esto no se limita sólo a situaciones sociales, o laborales. A menudo es imposible decir que las cosas van mal cuando se comunica con sus seres queridos. Las únicas excepciones son, quizás, los momentos de desastre evidente. Pero incluso entonces, se puede notar una tendencia a restar importancia al problema, a hacerlo menos significativo ¿Por qué lloras, porque estas triste? ¡Simplemente tonterías! Por otro lado, podemos escuchar frases de aliento ¡ya, veras que todo se arreglara!

Cuando reprimimos nuestras emociones durante mucho tiempo y no compartimos nuestras experiencias con nadie, esto genera tensión. La tensión prolongada provoca estrés y la calidad de vida se deteriora. El estado de ánimo disminuye, la ansiedad aumenta y puede aparecer depresión. Estamos tensos y esto es malo.

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