lunes, 23 de octubre de 2023

 DESTINO

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano
Cursaba el quinto año de primaria Morelos (Amarilla, con el profesor Tomas Castro): Caminaba sobre el desfiladero que existe en la junta de los ríos al arroyo de los frailes. La noche era oscura, la luna reflejaba sus rayos a 500 metros abajo sobre el agua cristalina del rio. Estaba agotado tomando de la rienda al caballo mientras caminaba a pie. Los aullidos de los coyotes rompían el silencio de la noche. Era una noche perfecta para reflexionar ¿Cuál es nuestro destino? El becerro que arriaba serviría en el banquete de boda de mi hermana Isabel que en esas fechas se casaría con el profesor Severiano Gutiérrez.
Es necesario mirar el fondo del barranco, elevar la vista a la luna, llamar a los coyotes para que dejen de aullar, mirar la sombra que vamos dejando al caminar. Una vez en la vida fui un niño arreador de ganado, no creo fuera valiente pero creía en la fortuna que la vida me daba al poder ayudar a mi padre con los trabajos que la vida le ofrecía en la oportunidad de contar recursos para comer.
No, ¿se? si mi padre lo logro pero era su destino. Aprendí a su lado que ese podría ser mi destino, el vivir acorralado por la necesidad en medio de los montes arriando becerros en un clima de paz. Sin embargo siendo aún niño índice soñando un destino distinto con la secreta esperanza de encontrar una salida y para ello me di a la tarea de comprar dos cochinitos de barro los cuales los fui llenando de monedas con lo que ganaba trabajando vendiendo gallinas, cuajadas, carne de res por los ranchos cercanos, boleando zapatos a la entrada del cine, vendiendo chicles.
Sentía que podía cambiar mi destino. No es que fuéramos tan pobres pero la idea que mantenía en la cabeza era que al momento de terminar el sexto grado si mis padres se opusieran para dejarme ir a la ciudad a estudiar la secundaria, lo haría con o sin su permiso.
Quería cambiar mi destino y la única salida que mi tierno cerebro encontraba era esa, ganar dinero para tener con que moverme. Creía en mí mismo. La mente no la traía confundida sabiendo que el ser humano es el constructor de su felicidad y su propio destino. Estaba sujeto a que disfrutaba el monte, los caballos, las vacas a todo ese mundo que se encontraba por encima de mis emociones, especialmente mi mama, papa, amigos.
Me hallaba en un mundo lejano, distinto al de la ciudad. Disfrutaba si localizaba una cueva, un animal salvaje, el canto de las aves, mis gallinas en la casa pero había que sufrir, ascender en la educación para cambiar mi historia. No era un capricho ni la idea surgida de lo impredecible por la edad, deseaba vivir una vida diferente por lo que entre en el laberinto de la ciudad que resulto más impredecible y oscura que mis cuevas.
En las rancherías al llegar a una casa me ofrecían agua fresca sin que se la pidiera, la gente era amable, compasiva. Conversaba tranquilamente. Al iniciar con la idea de encontrar mi destino me enfrente a mis miedos, tristezas, sacrificios, problemas, conflictos personales y tratando de escapar acumulaba dinero.
Comprendía que ser una piedra en bruto no sería mi destino y que no estaba conforme con cumplir en ese camino. Siempre me gusto bromear, ese es mi carácter, jamás lo he hecho con afán de dañar (No soy cruel) No me gusta la venganza, ni el burlarme torturando a las personas con bromas desagradables.
En sexto año de primaria pasaba mi tiempo pensando libremente y amando la libertad. En el cine aprendí que a los ladrones y mentirosos, abusivos los colgaban, a las mujeres infieles las abandonaban, que las leyes en manos de un abusivo podrían cambiar el juicio. Con mi camisa a cuadros, sombrero y botas tome el camino a la ciudad, aunque temiendo fracasar sin embargo podía más mi entereza que lo que podría aguardarme en cada rincón de esa necesidad intensa.
La vida es un camino en donde se crece de manera repentina, e inevitable y solo los que son capaces en entenderla lo recorrerán, los que temen a su destino quedaran en el lugar donde nacieron, crecieron y los enseñaron en los controles.- Ese es el hilo mental que llegado el momento se tiene la valentía en cortarlo para en manos de ellos mismos, vivan o mueran en el intento.
No se trata de jugar un papel de héroe, ni de locura sino de lógica que proviene de la capacidad en entenderlo y llevarlo a cabo en la medida de lo posible.

No hay comentarios:

Publicar un comentario