lunes, 16 de octubre de 2023

 LA MAESTRA QUE RECORDAMOS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
En la vida, todos somos alumnos de alguien. Para los niños es muy importante su maestra, por su forma de tratarlos, de enseñarles, de desarrollar su mente, y hacer todo lo posible para que los niños se interesen en las lecciones. Ellos precian mucho la personalidad de su maestra como una persona apasionada, interesada en ellos, y en su trabajo, que se esfuerza por lograr un alto rendimiento y calidad en todo lo que hace. Todos cuando niños disfrutamos de una maestra así, y asistíamos con gusto a la escuela tratando de aprender de su experiencia.
Con el correr de los años, siendo adultos hemos deseado llevar a nuestro hijo para que también estudien con ella. Para el adulto fue esa maestra talentosa, una persona maravillosa y una sabia maestra. Se trata de una persona dotada de cualidades estupendas: erudición, sencillez, accesibilidad en la comunicación, apertura, desinterés, disposición para ayudar de verdad y, lo más importante, muy exigente consigo misma. Es aquel tipo de maestra comprometida que no escatimaba tiempo, siempre estaba al tanto de todas las innovaciones pedagógicas y compartía generosamente su experiencia con sus niños.
El director de la escuela y los padres la consideraban una maestra muy brillante, capaz, experimentada, trabajadora, cumplida, amigable con todos sus compañeros y respetuosa de los niños y padres de familia. Una maestra talentosa he inteligente con temple y calma. De buenos sentimientos. Fue aquella maestra al pendiente de la mejora de cada niño en un microclima en el aula favorable que contribuyo al desarrollo de cada niño que tuvo la oportunidad que cayera en sus manos. Amor, bondad, iniciativa, apertura, creativa, siempre apoyando. Esa es la maestra favorita que los adultos recordamos.
Los adultos siempre deberían recordar con cariño a la mayoría de sus maestros, incluso sentirse orgullosos en superarlos, y no que se avergüencen y se reían de ellos cuando en un comentario los recuerdan. Un maestro debería sentirse orgulloso en ver a uno de sus ex alumnos y escucharlo que es feliz en la vida, o decir que nunca la ha olvidado y la recuerda con cariño y aprecio.
Eso demuestra que esa maestra en su calidad humana fue sincera, noble, de buenos sentimientos, que le brindo el apoyo que el estudiante necesitaba, y por eso es digna de ese elogio en ser recordada con cariño y aprecio. Tener maestros así, es lo que hace de este mundo mejores personas las que apoyan con amabilidad al prójimo. Ese tipo de maestros siembran la semilla de la sensibilidad para ser generoso. Ese tipo de maestros son los constructores en el desarrollo de su sociedad. La profesión maestra siempre ha sido la más honorable, pero al mismo tiempo la más difícil. La capacidad de transmitir su experiencia a los niños que recién inician la vida independiente es un talento que la maestra desarrolla antes de estar frente a un grupo de niños.
Su trabajo requiere talento para que sea fructífero, y sus alumnos se llenen de logros alcanzando sus sueños. Con este tipo de maestras, los niños son muy amigables, atentos, respetuosos, y curiosos. Es posible que en la mente de cada maestro desee que sus alumnos sean exitosos en la vida, que sean felices, y por supuesto con el correr de los años se alegran cuando esto sucede. La alegría más importante para un maestro es el agradecimiento de sus alumnos. Que uno de esos ex alumnos lo salude en la calle o en un evento y le muestre su cariño y gratitud. Para ello la maestra debe ser buena en todo su trabajo, hasta casi convertirse en una segunda madre.
Que sus clases sean entretenidas, accesibles, para todos los niños, que los atienda a todos por igual, sin preferencias. Que les permita participar activamente en ellas. Ser una maestra, es un trabajo interesante, noble y apasionante que le permite hacer realidad sus sueños y las capacidades de sus alumnos. El volumen en el currículo oculto de una maestra que los alumnos admiramos es la amabilidad, generosidad, franqueza, comprensión, sensibilidad. Y lo que todo alumno desprecia de una maestra es que sea vil, abusiva, manipuladora, astuta, egoísta, de lenguaje bajo, se vista y huela mal.
Una maestra debe ser sensible y dedicada. Que tenga un interés sincero por los niños, y no por contar con trabajo. Que su emotividad sea positiva, que tenga tacto pedagógico, sea capaz de buscar cosas nuevas, aplique hábilmente el conocimiento de los fundamentos psicológicos y pedagógicos de la educación y la crianza. Que adopte un enfoque individual para los niños, que sepa organizar eficazmente actividades extraescolares y combinar sus acciones con las de los padres. El tono de su voz sea suave, sus gestos amables, introduzca el juego como forma creativa, con una visión clara de sus objetivos. Que comprenda a los niños y los apoye a resolver problemas del aprendizaje centrado en el niño.

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