martes, 3 de octubre de 2023

 

MAESTRA DE ARTISTICA, IMPARTIENDO HISTORIA EN LA SECUNDARIA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Inicié siendo una maestra de educación artística. Gracias a la falta de horas me dedique a buscar incrementarlas y termine siendo maestra de historia. Mi trabajo nunca ha sido pesado, al contrario, lo disfruto, y me llena de energía para toda la semana. Mi estado psicológico es perfecto. No niego que al principio no me tenía confianza en mí misma, y pasaba muchas horas investigando sobre los hechos históricos antes de ir a dar mis clases.

 De mis estudios como maestra de educación artística la materia que más me gustaba era pedagogía, e incluso me fascinaba la psicología, tanto que en cierto momento estuve tentada a meterme a la Universidad y estudiar para psicóloga educativa. Se me quedo grabada una frase de uno de mis maestros, y la hice mi favorita “Lo importante para una maestra, no es lo que se le transmite a un niño, sino el como” Tuve ese gran maestro que me enseño perfectamente la pedagogía. Eso, marco mi vida. Logré entrar al sistema educativo, y me dieron 8 horas clase. Muy pocas, y prácticamente sin sueldo.

 Además, debía recorrer varias escuelas alejadas una de la otra. En esos momentos deseaba dejar la profesión y dedicarme a otra cosa, pero me encanta ser maestra y continúe haciéndolo desinteresadamente. Despues del pago de la quincena mis amigas se iban de fiesta, pero a mí eso me interesaba muy poco. Por un lado, sentía que no me apasionaba ir a bailar a un centro de baile con la intención de conseguir novio, pero tampoco me gustaba quedarme sola en casa los fines de semana.

 Fue en ese momento que me nació la idea de estudiar una licenciatura de la enseñanza de la historia. Un día la maestra de historia de la secundaria en donde tenía dos horas de clase de artística a la semana se jubiló, y el director me invito a que cubriera los grupos de esa materia mientras le enviaban a una nueva maestra. No sé qué fue lo que pasó, pero a los dos meses el director me dijo que me había conseguido las horas como maestra suplente de historia de esa secundaria por todo el ciclo escolar. Ahora por fin podría vivir con 18 horas, y un sueldo, aunque aún bajo, pero ya un poco decente.

 Pasaron 10 años para que me basificaran esas horas, siempre con el Jesús en la boca en que se las asignaran a una maestra y me dieran las gracias. Una maestra me aconsejo que las peleara por prelación (Antigüedad) y de esa forma lo hice. Por fin descanse, incluso ese día que me llego el nombramiento me sentía como una persona recién llegada de otro planeta. Amó mi profesión, ahora quiero participar en todo, simplemente la escuela llena mi vida. En mis recuerdos aún tengo la sensación de aquellos años dificultosos en donde me parecía que la escuela terminaría por expulsarme, pero todo me salió genial.

 Termine mis estudios de Historia, y me quede en la escuela secundaria, quedo atrás la falta de horas por semana, esas poquitas horas es lo que me dieron al principio, para que pudiera acostumbrarme a la miseria y saliera corriendo. Durante mis primeros años de maestra de artística, me dedicaba ayudar a las maestras con sus festivales sin que me pagaran nada y fuera de mis horas de trabajo, me sentía muy bien y pensé en lo fácil que era ayudar cuando te gusta lo que haces. Era maestra de educación artística, y ayudaba a montar festivales, decorar la escuela. Con solo 19 años sabía con certeza que tenía que agradarle a todo el mundo. Si de repente me regañaba una de las maestras me quedaba callada, si los niños me trataban mal, si hacían ruido, lo consideraba un problema menor.

 Hubo clases que fueron fáciles y divertidas para mí: me dieron energía, quería prepararme mejor para las clases y esforzarme más en ellas. Y como en todos lados, había algunos niños con los que no podías llevarte bien, de lo contrario tendrías que huir de la escuela. Muchas maestras se enfrentan en la secundaria a problemas de disciplina. Piensan que, si les cuentas algo interesante, los jóvenes deben escuchar. Pero en algunas clases no están interesados en nada en absoluto. En cuanto a mis experiencias; admito que no tenía suficiente energía para alzar la voz y lograr que todos los jóvenes hicieran lo que tenían que hacer.

 Seguí experimentando empatía de una manera que no era la forma en que debería experimentarla una maestra, es decir “ni, muy muy, ni tan tan” en la flexibilidad disciplinaria. Todo el tiempo me parecía: “Bueno, de verdad, ¿por qué necesitan ahora esta historia, estos estudios sociales? Ahora están cansados, tengo que entenderlo, su único deseo es regresara a su hogar. En esa medida me fui nutriendo de habilidades pedagógicas y psicológicas. Acepto que sufrí, y que muchos de ellos me han atormentado. Sin embargo, sigo agenciándome temas nuevos y datos importantes.

 Me di cuenta de que los propios escolares necesitan ser educados y les expliqué cómo es posible y cómo no. Después de años de trabajo, supe con certeza que el estudiante de secundaria es una persona en un estado bastante inestable. Nacemos y experimentamos el estrés del nacimiento, crecemos, entramos en la etapa de la pubertad, y en este momento absolutamente todo lo que sucede en su vida es importante para una persona. La adolescencia es como un anticipo de la vida adulta, en esta época el joven vive todo con la más salvaje amplitud: el primer amor, la traición, el bien y el mal.

 Encontré esta metáfora: cuando una persona va al médico, está enferma, no puede pensar con sangre fría, la mente pasa a un segundo plano. Lo mismo ocurre con los adolescentes durante la pubertad. Al principio pensé que sería más eficaz apelar a los jóvenes, razonar con ellos, pero luego decidí que dar rienda suelta a las emociones en la edad escolar es aún más correcto. El director de la escuela con apoyo de varios maestros trabaja con equipos de basquetbol, futbol, voleibol. Yo los apoyo con un grupo de danza. Nos hemos convertido en aprendices de psicólogos ya que los jóvenes pueden acudir a nosotros en cualquier momento.

 Me gusta organizar concursos no solo de historia sino de literatura, matemáticas y otras materias. Siempre estoy dispuesta a involucrarme en proyectos educativos. Me divierte mucho cuando tenemos presentaciones de bailables, recitación, poesía. Así, es ahora mi vida escolar. Me gusta mucho ver en los ojos de mis alumnos su expresión cuando les explico hechos históricos. Por cierto, de vez en cuando me vienen a visitar antiguas alumnas. Me encanta socializar con los jóvenes, pero mi socialización la aprovecho para crear con los temas discusiones que los lleve a reflexiones y razonamientos.

 Para ser una buena maestra hay que participar en todo, ser leal a los jóvenes, no ser tan formales. Definitivamente mi amor a la danza y la música me ayudó a afrontar la vida escolar y a reflexionar. Si tomamos el resultado de la creatividad, por ejemplo, hay canciones hermosas que sirven en una clase para sacarles a los jóvenes el estrés. En cierta ocasión los jóvenes a los que les daba clases descubrieron que bailaba en un grupo de adultos, y fueron a mi presentación, por supuesto, me sorprendí mucho y los saludé desde el escenario. La profesión de maestra me ha convertido en más humana, mejor persona. Aprendí que la motivación también es mi responsabilidad, y no sólo un deseo, para ello me presiono doblemente.

 Hay ocasiones en que quedo cansada, vacía, al grado que no puedo ni sentarme. Esos son los momentos más difíciles de mi vida como maestra, no tengo fuerzas, no tengo energía y no puedo dársela a los escolares, simplemente estoy vacía. En mi experiencia aprendí que debo poner toda mi comprensión en los jóvenes, sin importar que yo juzgue que andan haciendo tonterías. Con mis compañeros de trabajo, me di cuenta de que hay gente que es mucho mejor en lo que hago.

Sufrí para adquirir experiencia, no es fácil impartir clases con eficacia, los jóvenes son difíciles en ciertos momentos y cuando intentas calmarlos y no se dejan te sientes una inútil.

 Durante muchos años estuve obsesionada con los resultados de los exámenes, aunque a decir verdad nunca me ha gustado ese proceso. Soy de esas maestras que se cree que cuenta con la suficiente fuerza para proteger a los jóvenes de cualquier situación. No he logrado enseñar hasta tal punto que pueda recomendar nada a cualquiera. Me alegraré si alguien viene a mi clase y la disfruta. Cualquier trabajo puede ser divertido, sólo necesitas a la persona adecuada para ello. Hago lo mejor que puedo hacer.

 

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