MAESTRA DE ARTISTICA, IMPARTIENDO HISTORIA EN LA SECUNDARIA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
Inicié siendo una maestra de educación artística. Gracias a
la falta de horas me dedique a buscar incrementarlas y termine siendo maestra
de historia. Mi trabajo nunca ha sido pesado, al contrario, lo disfruto, y me
llena de energía para toda la semana. Mi estado psicológico es perfecto. No
niego que al principio no me tenía confianza en mí misma, y pasaba muchas horas
investigando sobre los hechos históricos antes de ir a dar mis clases.
De mis estudios como maestra de educación artística la
materia que más me gustaba era pedagogía, e incluso me fascinaba la psicología,
tanto que en cierto momento estuve tentada a meterme a la Universidad y
estudiar para psicóloga educativa. Se me quedo grabada una frase de uno de mis
maestros, y la hice mi favorita “Lo importante para una maestra, no es lo que
se le transmite a un niño, sino el como” Tuve ese gran maestro que me enseño
perfectamente la pedagogía. Eso, marco mi vida. Logré entrar al sistema
educativo, y me dieron 8 horas clase. Muy pocas, y prácticamente sin sueldo.
Además, debía recorrer varias escuelas alejadas una de la
otra. En esos momentos deseaba dejar la profesión y dedicarme a otra cosa, pero
me encanta ser maestra y continúe haciéndolo desinteresadamente. Despues del
pago de la quincena mis amigas se iban de fiesta, pero a mí eso me interesaba
muy poco. Por un lado, sentía que no me apasionaba ir a bailar a un centro de
baile con la intención de conseguir novio, pero tampoco me gustaba quedarme
sola en casa los fines de semana.
Fue en ese momento que me nació la idea de estudiar una
licenciatura de la enseñanza de la historia. Un día la maestra de historia de
la secundaria en donde tenía dos horas de clase de artística a la semana se
jubiló, y el director me invito a que cubriera los grupos de esa materia mientras
le enviaban a una nueva maestra. No sé qué fue lo que pasó, pero a los dos
meses el director me dijo que me había conseguido las horas como maestra
suplente de historia de esa secundaria por todo el ciclo escolar. Ahora por fin
podría vivir con 18 horas, y un sueldo, aunque aún bajo, pero ya un poco
decente.
Pasaron 10 años para que me basificaran esas horas, siempre
con el Jesús en la boca en que se las asignaran a una maestra y me dieran las
gracias. Una maestra me aconsejo que las peleara por prelación (Antigüedad) y
de esa forma lo hice. Por fin descanse, incluso ese día que me llego el
nombramiento me sentía como una persona recién llegada de otro planeta. Amó mi
profesión, ahora quiero participar en todo, simplemente la escuela llena mi
vida. En mis recuerdos aún tengo la sensación de aquellos años dificultosos en
donde me parecía que la escuela terminaría por expulsarme, pero todo me salió
genial.
Termine mis estudios
de Historia, y me quede en la escuela secundaria, quedo atrás la falta de horas
por semana, esas poquitas horas es lo que me dieron al principio, para que
pudiera acostumbrarme a la miseria y saliera corriendo. Durante mis primeros
años de maestra de artística, me dedicaba ayudar a las maestras con sus
festivales sin que me pagaran nada y fuera de mis horas de trabajo, me sentía
muy bien y pensé en lo fácil que era ayudar cuando te gusta lo que haces. Era
maestra de educación artística, y ayudaba a montar festivales, decorar la
escuela. Con solo 19 años sabía con certeza que tenía que agradarle a todo el
mundo. Si de repente me regañaba una de las maestras me quedaba callada, si los
niños me trataban mal, si hacían ruido, lo consideraba un problema menor.
Hubo clases que fueron
fáciles y divertidas para mí: me dieron energía, quería prepararme mejor para
las clases y esforzarme más en ellas. Y como en todos lados, había algunos
niños con los que no podías llevarte bien, de lo contrario tendrías que huir de
la escuela. Muchas maestras se enfrentan en la secundaria a problemas de disciplina.
Piensan que, si les cuentas algo interesante, los jóvenes deben escuchar. Pero
en algunas clases no están interesados en nada en absoluto. En cuanto a mis
experiencias; admito que no tenía suficiente energía para alzar la voz y lograr
que todos los jóvenes hicieran lo que tenían que hacer.
Seguí experimentando empatía de una manera que no era la
forma en que debería experimentarla una maestra, es decir “ni, muy muy, ni tan
tan” en la flexibilidad disciplinaria. Todo el tiempo me parecía: “Bueno, de
verdad, ¿por qué necesitan ahora esta historia, estos estudios sociales? Ahora
están cansados, tengo que entenderlo, su único deseo es regresara a su hogar.
En esa medida me fui nutriendo de habilidades pedagógicas y psicológicas.
Acepto que sufrí, y que muchos de ellos me han atormentado. Sin embargo, sigo
agenciándome temas nuevos y datos importantes.
Me di cuenta de que los propios escolares necesitan ser
educados y les expliqué cómo es posible y cómo no. Después de años de trabajo,
supe con certeza que el estudiante de secundaria es una persona en un estado
bastante inestable. Nacemos y experimentamos el estrés del nacimiento,
crecemos, entramos en la etapa de la pubertad, y en este momento absolutamente
todo lo que sucede en su vida es importante para una persona. La adolescencia
es como un anticipo de la vida adulta, en esta época el joven vive todo con la
más salvaje amplitud: el primer amor, la traición, el bien y el mal.
Encontré esta metáfora: cuando una persona va al médico, está
enferma, no puede pensar con sangre fría, la mente pasa a un segundo plano. Lo
mismo ocurre con los adolescentes durante la pubertad. Al principio pensé que
sería más eficaz apelar a los jóvenes, razonar con ellos, pero luego decidí que
dar rienda suelta a las emociones en la edad escolar es aún más correcto. El
director de la escuela con apoyo de varios maestros trabaja con equipos de
basquetbol, futbol, voleibol. Yo los apoyo con un grupo de danza. Nos hemos
convertido en aprendices de psicólogos ya que los jóvenes pueden acudir a
nosotros en cualquier momento.
Me gusta organizar concursos no solo de historia sino de
literatura, matemáticas y otras materias. Siempre estoy dispuesta a
involucrarme en proyectos educativos. Me divierte mucho cuando tenemos
presentaciones de bailables, recitación, poesía. Así, es ahora mi vida escolar.
Me gusta mucho ver en los ojos de mis alumnos su expresión cuando les explico
hechos históricos. Por cierto, de vez en cuando me vienen a visitar antiguas
alumnas. Me encanta socializar con los jóvenes, pero mi socialización la
aprovecho para crear con los temas discusiones que los lleve a reflexiones y
razonamientos.
Para ser una buena maestra hay que participar en todo, ser
leal a los jóvenes, no ser tan formales. Definitivamente mi amor a la danza y
la música me ayudó a afrontar la vida escolar y a reflexionar. Si tomamos el
resultado de la creatividad, por ejemplo, hay canciones hermosas que sirven en
una clase para sacarles a los jóvenes el estrés. En cierta ocasión los jóvenes
a los que les daba clases descubrieron que bailaba en un grupo de adultos, y
fueron a mi presentación, por supuesto, me sorprendí mucho y los saludé desde
el escenario. La profesión de maestra me ha convertido en más humana, mejor
persona. Aprendí que la motivación también es mi responsabilidad, y no sólo un
deseo, para ello me presiono doblemente.
Hay ocasiones en que
quedo cansada, vacía, al grado que no puedo ni sentarme. Esos son los momentos
más difíciles de mi vida como maestra, no tengo fuerzas, no tengo energía y no
puedo dársela a los escolares, simplemente estoy vacía. En mi experiencia
aprendí que debo poner toda mi comprensión en los jóvenes, sin importar que yo
juzgue que andan haciendo tonterías. Con mis compañeros de trabajo, me di
cuenta de que hay gente que es mucho mejor en lo que hago.
Sufrí para adquirir experiencia, no es fácil impartir clases
con eficacia, los jóvenes son difíciles en ciertos momentos y cuando intentas
calmarlos y no se dejan te sientes una inútil.
Durante muchos años
estuve obsesionada con los resultados de los exámenes, aunque a decir verdad
nunca me ha gustado ese proceso. Soy de esas maestras que se cree que cuenta
con la suficiente fuerza para proteger a los jóvenes de cualquier situación. No
he logrado enseñar hasta tal punto que pueda recomendar nada a cualquiera. Me
alegraré si alguien viene a mi clase y la disfruta. Cualquier trabajo puede ser
divertido, sólo necesitas a la persona adecuada para ello. Hago lo mejor que
puedo hacer.
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