sábado, 24 de diciembre de 2022

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

DIPLOMADO Y MAESTRÍA EN DESARROLLO HUMANO FESC- UNIVERSIDAD NACIONAL AUTONOMA DE MÉXICOhttps://www.amazon.com/dp/B0BQY4RNML/ref=mp_s_a_1_17?crid=2FPTK3797KBYR&keywords=ramon%20larra%C3%B1aga%20torrontegui&qid=1671890882&sprefix=%2Caps%2C144&sr=8-17&fbclid=IwAR1tgTuVYKw0S5VDUQU3n0M3KTqNA2n2WSrLHjC_PD9CBHgjazc5oIT67HI ACOSO

Muchas personas pueden estar desconcertadas, ¿por qué los niños acosados no toman la iniciativa de decírselo a sus maestros o padres? Muchos niños no se lo dicen a los adultos de inmediato, porque sienten que estos son asuntos frívolos, y que es más fácil soportarlo que ser tratado por los adultos Es precisamente debido a este tipo de pensamiento que estos acosadores tienen espacio para hacer el mal, y las víctimas solo estallarán cuando las cosas ya no se puedan tolerar. ¿Por qué las escuelas permiten que ocurra el bullying? En Secundaria los maestros no tienen tiempo de calidad con los alumnos, de echo solo los atienden en sus 45 minutos de clase.

La mayoría de las intimidaciones ocurren después de la clase, y es posible que los maestros no estén presentes dentro de la clase ya que se da en el tiempo intermedio entre clase y clase y cambio de profesor. A menudo solo logran observar cuando entran al salón y el comportamiento desparpajado cambia de inmediato. Muchos son intimidados en los baños, los atacan con acciones que dan vergüenza comentarlas por el agredido. Los profesores deberían estar al pendiente en los cambios de actitud para aclarar las situaciones, comprobar el niño agresor como sea posible y mandar llamar a sus padres.

Los padres de las víctimas no tienen forma de ver lo que sucedió en el acto, pueden juzgar la situación sin conocerla. La victima quedarse callada para no desagradar al padre que lo regaña diciéndole que se defienda, que golpee al agresor. Muchas veces el niño llega golpeado a su casa y expone que se peleó pero que quedaron iguales en daños cuando en realidad es que fue abusado, golpeado, le quitaron su dinero, lo amenazaron. Los padres deben acudir a la escuela y pedirle al director que les solicite a los profesores que vigilen la actitud de ciertos niños provocadores y abusivos.

Que recopilen información con otros estudiantes para que accionen en el camino correcto. Después de confirmar los detalles, si la situación no es grave, también puede preguntarle al niño cómo le gustaría manejarla. Si, solo se trata de gritos, poner apodos, estar molestando se le pregunta al niño ¿cómo desea que se le controle al pendenciero? Se platica con el provocador para ver cómo reacciona ante la llamada de atención, se le da seguimiento y se confirma si continua en esa actitud escondiéndose a los ojos de los profesores.

Hay provocadores que inician con apodos, pasan a burlas, chistes desagradables que lesionan la dignidad, luego llegan a los golpes causando problemas no a uno sino a varios niños. Hay padres que se adelantan a las autoridades y van en busca del agresor para arreglarlo con lo que los conflictos se van complicando. Vendrán los padres quienes serán los que le causen problemas a la escuela. Hay niños reincidentes que siempre están causando problemas a los demás, de echo la mayoría de estos niños no tienen control en su hogar o hay problemas fuertes entre sus padres.

 Algunos directores prefieren expulsados en las primeras semanas de clases, y esos niños van rolando de escuela en escuela causando problemas. Los padres los alientan a ser agresivos para que les tengan miedo. Los directores se cansan en discutir con los padres y terminan siendo convencidos con la promesa que la próxima vez se aplicara el rigor de la disciplina expulsándolo. Pero ese niño para esa fecha ya cuenta con seguidores que al momento en que este sea expulsado serán los vengadores sobre el niño o niños que él agredía y se tomó como causa de su expulsión.

Algunas escuelas se ven con situaciones molestas cuando el padre del agresor interpone una denuncia legal y se queja en derechos humanos, pero no le hace frente al problema real y su raíz. El maloso seguirá intimidando, y exigirá que se lo hagan saber a los demás. Esa es su diversión y el orgullo de su padre quien piensa que su hijo se está convirtiendo en un verdadero hombre. Algunos padres al ver que la actitud de la dirección no cambia con ese niño, prefieren llevarse a su hijo a otra escuela para quitarse de preocupaciones.

La mayoría de las conductas desviadas provienen de la familia problemática. La dirección de la escuela debe estar al pendiente para intervenir de forma inmediata para brindarles la ayuda y la disciplina que necesitan tanto los padres como su hijo. Cada niño que va creciendo y es descuidado es posible que sus padres terminen arrepentidos en no controlarlo a tiempo. A los jóvenes de secundaria no les gusta que sus padres les pidan a los profesores que los cuiden, sienten que pedirles eso significa que no saben defenderse solos, son unos inútiles, que tienen miedo a todo, que sus padres son los que se quejan y no ellos por eso prefieren aguantar los abusos y se debe a que insinúan que sus padres se preocupan de todo y las cosas pequeñas las hacen grandes.

Todo padre espera que su hijo pueda crecer en un ambiente armonioso y estable. Pero sabemos que esto solo puede considerarse como una buena esperanza, y se debe a que no podemos como padres controlar el ambiente en la escuela que vive el hijo, las personas que por azar del destino conviven en un aula escolar y que desafortunadamente algunos de ellos llegan con muchas mañas y dañados mentalmente por sus padres y el entorno en donde viven. Por ello, no regañe a su hijo, mejor siéntese a platicar, deje que sea él quien pida ayuda y explique cómo piensa corregirlo. Enséñelo a protegerse adecuadamente, vea cuáles son sus debilidades y los límites que debe permitir. Dese la vuelta por su escuela y regresen juntos a casa. No deje todo en manos del niño, ayúdelo a tomar decisiones. No todo es echar culpas y dar castigos, sino dar respeto, proteger su dignidad. 

¿Por qué se ignoran las características de la edad? Me parece que la razón es solo este miedo de los adultos a que su hijo se acostumbre de inmediato a sus exigencias. La confianza maníaca de los adultos de que son ellos quienes crían y forman a los niños, y todo debe preverse, las cosas buenas deben establecerse, las cosas malas deben detenerse de antemano. Como resultado, un niño, que fue tratado como un objeto en los esfuerzos educativos, en la adolescencia a menudo se convierte en un objeto, un objeto casi inanimado que "no quiere nada".

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