ABURRIMIENTO DE LOS NIÑOS Y JOVENES
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Creo que nuestros niños están empeorando en muchos sentidos. Escucho lo mismo de todos los profesores que conozco. Tambien veo una disminución en el funcionamiento social, emocional y académico de los niños, y jóvenes de hoy, mientras que al mismo tiempo hay un fuerte aumento en el número de niños, y jóvenes con problemas de aprendizaje y otras inhabilidades. Como sabemos, nuestro cerebro es maleable. Gracias a nuestro entorno, podemos hacer que nuestro cerebro sea “más fuerte” o “más débil”. Realmente creo que, a pesar de nuestras mejores intenciones, lamentablemente estamos desarrollando el cerebro de la actual generación en la dirección equivocada.
Un niño o joven obtiene lo que quiere, cuando quiere y sin esfuerzo alguno. Solo basta decir ¡Tengo hambre! Y en un segundo se activa la alarma en los padres tranquilizándolo ¡Te comprare algo! Enseguida musita “Tengo sed” y los padres corren a la tienda por un refresco. Si dice que esta aburrido, ponen en sus manos una tableta, computadora o teléfono con interne, o le prestan su teléfono para que se entretenga La capacidad de posponer la satisfacción de sus necesidades es uno de los factores clave para el éxito futuro.
Queremos hacer felices a nuestros hijos, pero desgraciadamente sólo los hacemos felices en el momento e infelices a largo plazo. Me dirán Y, ¿porque? La capacidad de posponer la satisfacción de sus necesidades significa la capacidad de funcionar bajo estrés, y lo que más padece el adulto en la sociedad actual es el estrés, que en este caso cuando el niño sea adulto no será capaz en soportarlo. Ello va llevando a los actuales niños gradualmente a volverse menos preparados para enfrentar incluso situaciones estresantes menores, lo que en última instancia se convierte en un gran obstáculo para su éxito en la vida.
Se observa en el aula, en un centro comercial, restaurante, juguetería, paseos etc. Hay incapacidad para soportar un pequeño retraso a sus demandas, y se debe a que sus padres le han enseñado en su cerebro.
a conseguir inmediatamente todo lo que quiere. Tenemos mucho que hacer, por eso les damos a nuestros hijos dispositivos para mantenerlos ocupados también. Los niños solían jugar al aire libre ¿Qué pasó, a donde se fue? Ahí desarrollaban sus habilidades sociales en condiciones extremas. Desafortunadamente, los dispositivos han reemplazado las actividades al aire libre para los niños. Además, la tecnología ha hecho que los padres estén menos disponibles para interactuar con sus hijos. Un teléfono o tableta que captura la mente del niño no le enseña nada en su habilidad en comunicación. La mayoría de las personas exitosas han desarrollado habilidades sociales y entre ellas la comunicación ¡Esta es una prioridad!
El cerebro es como un músculo que aprende y se ejercita. Si quieres que tu hijo sepa andar en bicicleta, enséñale a andar. Si quieres que tu hijo pueda esperar, hay que enseñarle a tener paciencia. Si quieres que tu hijo pueda comunicarse, debes socializarlo. Lo mismo se aplica a todas las demás habilidades. ¡No hay diferencia! ¿Bueno, y ¿Cuál es el problema? Hemos creado un mundo artificial para nuestros hijos. No hay aburrimiento en ello. En cuanto el niño se calma, volvemos a correr para entretenerlo, porque de lo contrario nos parece que no estamos cumpliendo con nuestro deber paterno.
Vivimos en dos mundos diferentes: ellos están en su "mundo de la diversión" y nosotros en otro, en el "mundo del trabajo”. ¿Por qué nuestros hijos no nos ayudan en la cocina o en la lavandería? ¿Por qué no guardan sus juguetes? Esta es una tarea simple y monótona que entrena al cerebro para funcionar mientras realiza tareas aburridas. Este es el mismo "músculo" que se requiere para aprender en la escuela. Cuando los niños llegan a la escuela, y llega el momento de escribir, responden: “No puedo, es demasiado difícil, demasiado aburrido, se me cansan los dedos”. ¿Por qué?
Porque un “músculo” eficiente no se entrena con diversión sin fin, se entrena trabajando. Los juegos en las computadoras, tabletas, teléfono inteligente se han convertido en nuestras niñeras, pro recuerden que no son gratuitas, hay que pagar por eso, pero el precio más alto y mal invertido que se paga es el deterioro del sistema nervioso del niño y el joven. La vida cotidiana es aburrida comparada con la realidad virtual. Cuando los niños, y jóvenes ingresan al aula, están expuestos a voces humanas y a una estimulación visual adecuada, a diferencia de las explosiones gráficas y efectos especiales que están acostumbrados a ver en las pantallas.
Después de horas de realidad virtual, a los niños y jóvenes les resulta cada vez más difícil procesar la información en el aula porque están acostumbrados al alto nivel de estimulación que proporcionan los videojuegos. Los niños y jóvenes no pueden procesar información en niveles más bajos de estimulación y esto afecta negativamente su capacidad para resolver problemas académicos. La tecnología también nos distancia emocionalmente de nuestros hijos y nuestras familias. La disponibilidad emocional de los padres es un nutriente esencial para el cerebro de los niños y jóvenes. Desafortunadamente, poco a poco estamos privando a nuestros hijos de esto. Cada vez más se escucha la queja “A, mi hijo, no le gusta nada, solo su tableta o teléfono”.
Esto es lo que escucho de los padres todo el tiempo. Llega la noche y no quiere dormirse por estar con su teléfono, ni siquiera se baña. Sin un buen sueño, no hay aprendizaje, sin una buena nutrición tampoco. Llegan a la escuela soñolientos, irritables, ansiosos revisando su teléfono, y sin atención. Aprenden que pueden hacer lo que quieran y no hacer lo que no quieran. Desafortunadamente, para lograr nuestras metas en la vida, a menudo necesitamos hacer lo que tenemos que hacer, no lo que queremos.
Si un niño, o joven quiere ser estudiante, necesita estudiar. Si quiere ser futbolista, necesita entrenar todos los días. Nuestros hijos saben lo que quieren, pero les cuesta hacer lo necesario para lograr ese objetivo. Esto conduce a metas inalcanzables y deja a los niños, y jóvenes frustrados. Educarlos desde pequeños es imponer reglas: Haga un horario para comer, dormir y usar los aparatos. - Piensa en lo que es bueno para los niños, y jóvenes, no en lo que quieren o no quieren. Te lo agradecerán más tarde. Ser padre es un trabajo duro. Hay que ser creativo para conseguir que hagan lo que les conviene, aunque la mayoría de las veces será exactamente lo contrario de lo que quieren.
Limite el acceso a los dispositivos y restablezca la cercanía emocional con los niños, y jóvenes ¡Enséñalo a esperar! - Aumente gradualmente el tiempo de espera entre el “quiero” y el “tengo”. - Intente no utilizar aparatos en el coche o en el hogar mientras comen. Enséñelo desde pequeño a realizar trabajos monótonos, ya que esta es la base de su desempeño futuro (Barrer, trapear, lavar los trastes, doblar la ropa, guardar los juguetes, tender la ropa, desempacar la compra, tender la cama. Haz que estas responsabilidades sean divertidas para que su cerebro las asocie con algo positivo.
Enséñeles habilidades sociales. - Enséñelo cómo compartir, cómo perder y ganar, cómo elogiar a los demás, cómo decir "gracias" y "por favor". Los niños y los jóvenes cambian en el momento en que los padres cambian su enfoque de crianza. Ayude a sus hijos a tener éxito en la vida enseñándoles y entrenando su cerebro antes de que sea demasiado tarde.
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