ACTITUD DEL MAESTRO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de
“Escuela Normal del Pacifico” y ex Director General del “Instituto Pedagógico
Hispanoamericano”
No estamos hablando aquí del
abordaje del tema, sino de la actitud hacia los niños de forma socio emocional.
La realidad es que muchos de los maestros no sienten esa atmosfera o no tienen
la capacidad para adaptarse para sentir la atmósfera en el aula, apoyar las emociones
necesarias de los niños, ver los roles de los niños y simplemente ser agradable
en la comunicación, lo que lo convertiría en un maestro eficiente, y moderno.
En mis años de estudiante conocí a muchos maestros como todos ustedes que han
pasado por las aulas más allá del sexto grado de primaria. Muchos de ellos para
indicar su posición represiva, en la primera lección le pedía por ejemplo a un
alumno que leyera el Fausto de Goethe y luego inmediatamente le hacía preguntas
sobre lo que leyó.
Lógicamente la obra
literaria es sumamente difícil para un alumno inexperto en literatura en ese
nivel. Enseguida nos verbalizaba con un discurso que debíamos leer y estudiar
mucho, que éramos en ese momento unos analfabetos quienes habíamos cursado
varios años en la escuela y no sabíamos absolutamente nada. Otros de este tipo
de maestros se la pasaban haciéndonos exámenes o ridiculizándonos al pasarnos a
la pizarra. El objetivo de ellos iba encaminado a marcar su superioridad
supuestamente intelectual ¿Cuál era el resultado que obtenían? ¡Rechazo total y
unánime! Acompañado de malas calificaciones.
No todos los niños y
estudiantes se adaptan de inmediato a un estilo pedagógico o anti pedagógico
exigente sobre todo cuando este estilo no es del todo claro de ¿adónde nos
quieren llevar? Hay maestros que hablan y hablan durante los 45 minutos de la
clase en secundaria o bachillerato, y dan por hecho que el tema queda dominado
pero pocos alumnos les entienden, y deciden no estudiar la materia
rechazándola, en parte porque no le entienden y en parte se debe a que el
maestro no hace absolutamente nada por detenerse, detectar, hacer preguntas,
investigar si los contenidos están aterrizando como el los planeo.
Hay incluso maestros que
despues de todo tipo de señales por ejemplo un examen en el que la mayoría
salió reprobado les echan la culpa a los alumnos y le dan vuelta a la página
continuando con su plan de estudios y contenidos. Para cada uno de los niños y
estudiantes hay límites en comprensión, y es obligación del maestro
detectarlos, pero son pocos los que se ocupan de ello ¿Qué hacer si un maestro
con estilo de actitudes, y rigor excesivo, es el responsable del aula del niño
o de la materia en secundaria, bachillerato? De entrada, no es conveniente
cambiar al niño, sino que, como padres, es mejor hablar con el maestro, y
solicitarle que interactúe con los niños, o estudiantes, de forma diferente.
Un verdadero maestro no
tomara a mal que se le comenté lo que él no está detectando en el aula, y
pondrá cartas en el asunto para solucionarlo, en cambio un mal maestro de forma
inmediata pensara en represalias contra el hijo de ese padre que se atrevió a
llamarle supuestamente la atención. Los comentarios y la conversación de los
padres deben ser mesurada, tranquila, poniendo argumentos válidos. Se sabe que
la educación primaria, y secundaria en México es menos relevante en cuestión
del manejo pedagógico por parte de los maestros comparándola con países
desarrollados. Parte de este problema se presenta en secundaria y bachillerato
en donde los contenidos y materias están diseñados para que los estudiantes
sean medio expertos en todo y en nada.
Es decir, siempre hay
materias por las que los niños, y estudiantes, no se inclinan, pero el maestro
responsable de esa materia la carga de contenidos saturándolos como si los
estudiantes llevaran en su plan de estudios su única materia, o la más
importante. Los estudiantes por su parte tratan de acreditar las materias que
detestan con una calificación mínima. Para la educación mexicana las
matemáticas es la reina, y en segundo lugar el español por ser las materias con
las que se organizan olimpiadas memorísticas como una forma de engaño
administrativo. A muchos estudiantes de secundaria y bachillerato que no
sienten inclinación a carreras profesionales afines con matemáticas les resulta
indiferente una calificación aceptable, y en los exámenes responden como
pueden. Nos hemos preguntado ¿Qué quieren realmente cada uno de esos
estudiantes?
Se han preguntado cómo
maestros ¿Realmente estudian una materia que les disgusta, y si lo hacen de vez
en cuando, por qué? ¿Qué quieren los estudiantes y que están dispuestos a leer
para obtener altos resultados en lo que les gusta? ¿Por qué los maestros de
matemáticas, no se bajan de su pedestal de supuestos sabios, y se relajar un
poco como simples mortales? Pero entendamos, no son solo los maestros la razón
por la que los niños y estudiantes no salen bien valorados en sus
calificaciones. Por ejemplo, uno de los padres es excelente en una materia, y
ejercerá control absoluto sobre su hijo.
Todo indicaría que ese padre
es un excelente apoyo para explicar a su hijo, pero ese padre en la práctica
con su arrogancia pone una barrera tal que el niño, o el estudiante no estará
interesado en la materia y mucho menos en la escuela. Lo mismo se aplica a los
requisitos para su hijo. Por tanto, es mejor tener más cuidado en las
valoraciones y comprender que en pedagogía muchas cosas funcionan de otra
manera, no como en el paradigma actual del profesional en una materia
especifica. Un niño, o un estudiante que
saca malas calificaciones, no significa que no sea feliz, solo es una señal de
que el niño, o el estudiante necesita ayuda, es necesario observarlo
atentamente, descubrir el motivo y cuidarlo.
Esto requiere atención,
confianza y precaución, así como comunicación con los profesores no desde la
posición de juzgador, sino desde la posición de una persona que quiere
comprender para ayudar. Lo más importante es que la mayoría de las veces las
razones de las malas notas son sociales, emocionales y psicológicas, y nada
intelectuales. Después de todo, todos los niños tienen talento a su manera. Hay
muchas maneras diferentes de abordar la enseñanza y muchos maestros tienen
valores muy diferentes sobre el proceso.
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