EL MIEDO A SER
LIBRE, EN MÉXICO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
¿Te sientes libre? Muchos de nosotros probablemente no lo
sepamos todavía. Te diré lo que me da una sensación de libertad: Contar con la
garantía de poder expresar mi opinión sin ser objeto de una represión abierta o
encubierta. Ésta es la imparcialidad con la que he existido en la vida
cotidiana de este país durante más de 40 años. Es la confianza en que las
reglas y las leyes se aplican por igual a todos y que no estoy sujeto a las acciones
arbitrarias del Estado. Y mucho más: la libertad de asumir la responsabilidad
de uno mismo, de asumir riesgos y aprender de los errores. Es un sentimiento de
independencia.
La libertad es la capacidad de construir mi vida de acuerdo a
mis propias ideas y vivir como quiero, siempre que no limite excesivamente la
libertad de otras personas “Mi libertad termina, donde inicia la de los demás”.
Mirando a mi alrededor con ojo sobrio, me doy cuenta de que en 2025 ya no me
siento libre. Sin embargo, la pérdida de la libertad no ocurrió de la noche a
la mañana. Paso a paso, la sociedad que hace diez años habría llamado una de
las más libres se está convirtiendo en su opuesto. Los autoproclamados
campeones del bien, supuestos salvadores del mundo y defensores de los
supuestamente desfavorecidos atacan cada vez más a quienes siguen las reglas
del sentido común y tienen en cuenta los intereses del mayor número posible de
personas.
Pero quienes tienen en mente el bien común son una espina en
el costado de quienes han exaltado el destino individual a la medida de todas
las cosas y han tendido una red de paternalismo, alienación y calumnia. El
resultado es una pérdida de libertad para la mayoría en favor de una minoría
que define su libertad como dominación sobre los demás. ¿Cómo nos pudo suceder
esto? No soy el único que siente que vamos perdiendo la libertad. Aún más
notables son las respuestas que contradicen la narrativa predominante y pintan
un panorama que probablemente no encaja en absoluto con el concepto de quienes
están en el poder y sus satélites en los estados. La gran mayoría de las
personas ya no expresan sus opiniones libremente (al menos en público) por
miedo al ostracismo.
Nunca antes los ciudadanos han dicho que ya no participa en
partidos y discursos político por miedo a ser discriminada en el trabajo o
rechazada por familiares y amigos. Pero ¿Por qué la libre expresión se
encuentra en esta posición tan difícil? ¿Por qué tan pocos ciudadanos
comprenden las relaciones de causa y efecto, una de las cuales es que es
precisamente ese “dejar las cosas como son, sin meterse en nada, y que el mundo
ruede” lo que los ha convertido en las personas no libres que son? ¿Por qué tan
pocas personas se pueden expresar tan insatisfechas, que comprenden dónde
reside uno de los mayores peligros de nuestro tiempo, se atreven a enfrentarse
a quienes pintan constantemente un cuadro distorsionado? ¿No hay lugar para
expresarse en protesta?
¿Hay que resistir sin
oponerse, se teme por el bienestar de su familia, lo cual es comprensible? Es
un círculo vicioso, cuya ruptura es la clave para encontrar la libertad. Hay
muchas ideas. Pero ¿de dónde viene el poder de renovación, cambiar la
situación, esperar a que el vecino del norte tome medidas, es solo miedo
existencial?
La filosofía clásica nos enseña que la libertad es un don
para el humano que se conoce a sí mismo y se controla. Una persona así no
rehúye ni la acción ni la dedicación. Cuanto más aprende y experimenta, más
crece, y a medida que crece, se vuelve más libre. ¿Cuál es el significado de la
vida? Esta pregunta a atormentado a muchas personas. La gente indagó en sí
misma, hizo esta pregunta a otros y no encontró respuesta. Suena familiar, ¿verdad?
Si no hay respuesta ¿la estamos buscando en el lugar equivocado? Esto significa
que para encontrarlo hay que traspasar ciertos límites. ¿Por qué debería ser
diferente con una persona? En los últimos años de la historia de la humanidad, el valor
de la libertad como uno de los principales tesoros de la vida ha aumentado.
Cada uno está librando
su propia batalla por este importante trofeo. Todos queremos ser libres, pero
no todos entienden que la libertad sólo es valiosa en la medida en que pueda
utilizarse... Lo que vemos hoy es similar a la vida de los buscadores de oro de
siglos pasados, con una diferencia: los buscadores sabían bien para qué
necesitaban el oro, y pensaban en miles de formas diferentes de utilizar este
codiciado metal, en caso de que lo encontraran. Hoy en día, me temo, casi nadie
sabe por qué necesita la libertad.
Lo máximo que podemos decir es “Para hacer todo lo que
quiera, sin que nadie me detenga o cuestione” - Sin embargo, la libertad
entendida simplemente como una forma de anarquía sin propósito ni sentido se
asemeja al estado de un avaro que acumula riqueza con avidez y desesperación y
al mismo tiempo vive en la pobreza muerto de hambre, y privaciones elementales.
Ningún avaro puede explicar por qué ahorra dinero, simplemente está poseído por
la sed de posesión. Éste es el problema de hoy: todos quieren la libertad,
todos piden libertad para sí y para los demás, pero nadie se atreve a
utilizarla y no permite que otros la utilicen.
Nadie se atreve a comprometerse con una decisión libre que
será firme e inmutable, nadie quiere arriesgar la notoria libertad por el bien
de alguien o de algo. La libertad es un bien con un ámbito de aplicación
limitado, que a menudo se reduce a gritos y protestas. Incluso puede conducir a
la violencia contra aquellos que tienen una idea diferente de lo que significa
ser libre y de lo que es la libre expresión de la voluntad. Lo que deberíamos
de considerar como libertad, es contar con ideales nobles, un modo de vida
digno, sentimientos elevados, fe en el Dios que profesamos, y en el destino de
toda la humanidad.
El gran error que cometemos, es el creer que una persona
libre es aquella que descuida todos estos valores. Hoy en día se afirma que la
lealtad a los sentimientos o a alguna idea limita la libertad. Y al final, la
libertad se reduce a una lenta búsqueda de algunos elementos que permitan vivir
modestamente, pero sin obligaciones. Es decir, dicha persona quiere ser libre
de cambiar su vida, pero no quiere correr riesgos ni en periodos de cambio ni
en momentos relativamente estables.
El error es vivir creyendo que ser libre, es cuando no haces
nada, y esta libertad inactiva esconde una realidad aterradora: la esclavitud:
las cadenas del miedo, la indecisión, la incapacidad de elegir una idea y
vivirla, de vivir con sentimientos y acciones que merecen una libertad real,
duramente ganada y duramente conquistada. Vivimos en una época de pobres
mentales, ignorantes satisfechos, avaros que mueren de hambre al lado de sus
propios tesoros, que arrastran una existencia miserable, pero no quieren
renunciar ni a una moneda de su libertad. Y una vez más el criterio
materialista nos conduce a un grave error, obligándonos a cortar a todos con la
misma tijera, sin hacer distinciones. “La libertad es un estado del humano, una
dignidad del alma, que aumenta con su uso constante. ¿No es un signo de
libertad admitir los errores cometidos y corregirlos inmediatamente?
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