martes, 11 de febrero de 2025

 

ACTITUD DEL MAESTRO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director de “Escuela Normal del Pacifico” y ex Director General del “Instituto Pedagógico Hispanoamericano”

 No estamos hablando aquí del abordaje del tema, sino de la actitud hacia los niños de forma socio emocional. La realidad es que muchos de los maestros no sienten esa atmosfera o no tienen la capacidad para adaptarse para sentir la atmósfera en el aula, apoyar las emociones necesarias de los niños, ver los roles de los niños y simplemente ser agradable en la comunicación, lo que lo convertiría en un maestro eficiente, y moderno. En mis años de estudiante conocí a muchos maestros como todos ustedes que han pasado por las aulas más allá del sexto grado de primaria. Muchos de ellos para indicar su posición represiva, en la primera lección le pedía por ejemplo a un alumno que leyera el Fausto de Goethe y luego inmediatamente le hacía preguntas sobre lo que leyó.

 Lógicamente la obra literaria es sumamente difícil para un alumno inexperto en literatura en ese nivel. Enseguida nos verbalizaba con un discurso que debíamos leer y estudiar mucho, que éramos en ese momento unos analfabetos quienes habíamos cursado varios años en la escuela y no sabíamos absolutamente nada. Otros de este tipo de maestros se la pasaban haciéndonos exámenes o ridiculizándonos al pasarnos a la pizarra. El objetivo de ellos iba encaminado a marcar su superioridad supuestamente intelectual ¿Cuál era el resultado que obtenían? ¡Rechazo total y unánime! Acompañado de malas calificaciones.

 No todos los niños y estudiantes se adaptan de inmediato a un estilo pedagógico o anti pedagógico exigente sobre todo cuando este estilo no es del todo claro de ¿adónde nos quieren llevar? Hay maestros que hablan y hablan durante los 45 minutos de la clase en secundaria o bachillerato, y dan por hecho que el tema queda dominado pero pocos alumnos les entienden, y deciden no estudiar la materia rechazándola, en parte porque no le entienden y en parte se debe a que el maestro no hace absolutamente nada por detenerse, detectar, hacer preguntas, investigar si los contenidos están aterrizando como el los planeo.

 Hay incluso maestros que despues de todo tipo de señales por ejemplo un examen en el que la mayoría salió reprobado les echan la culpa a los alumnos y le dan vuelta a la página continuando con su plan de estudios y contenidos. Para cada uno de los niños y estudiantes hay límites en comprensión, y es obligación del maestro detectarlos, pero son pocos los que se ocupan de ello ¿Qué hacer si un maestro con estilo de actitudes, y rigor excesivo, es el responsable del aula del niño o de la materia en secundaria, bachillerato? De entrada, no es conveniente cambiar al niño, sino que, como padres, es mejor hablar con el maestro, y solicitarle que interactúe con los niños, o estudiantes, de forma diferente.

 Un verdadero maestro no tomara a mal que se le comenté lo que él no está detectando en el aula, y pondrá cartas en el asunto para solucionarlo, en cambio un mal maestro de forma inmediata pensara en represalias contra el hijo de ese padre que se atrevió a llamarle supuestamente la atención. Los comentarios y la conversación de los padres deben ser mesurada, tranquila, poniendo argumentos válidos. Se sabe que la educación primaria, y secundaria en México es menos relevante en cuestión del manejo pedagógico por parte de los maestros comparándola con países desarrollados. Parte de este problema se presenta en secundaria y bachillerato en donde los contenidos y materias están diseñados para que los estudiantes sean medio expertos en todo y en nada.

 Es decir, siempre hay materias por las que los niños, y estudiantes, no se inclinan, pero el maestro responsable de esa materia la carga de contenidos saturándolos como si los estudiantes llevaran en su plan de estudios su única materia, o la más importante. Los estudiantes por su parte tratan de acreditar las materias que detestan con una calificación mínima. Para la educación mexicana las matemáticas es la reina, y en segundo lugar el español por ser las materias con las que se organizan olimpiadas memorísticas como una forma de engaño administrativo. A muchos estudiantes de secundaria y bachillerato que no sienten inclinación a carreras profesionales afines con matemáticas les resulta indiferente una calificación aceptable, y en los exámenes responden como pueden. Nos hemos preguntado ¿Qué quieren realmente cada uno de esos estudiantes?

 Se han preguntado cómo maestros ¿Realmente estudian una materia que les disgusta, y si lo hacen de vez en cuando, por qué? ¿Qué quieren los estudiantes y que están dispuestos a leer para obtener altos resultados en lo que les gusta? ¿Por qué los maestros de matemáticas, no se bajan de su pedestal de supuestos sabios, y se relajar un poco como simples mortales? Pero entendamos, no son solo los maestros la razón por la que los niños y estudiantes no salen bien valorados en sus calificaciones. Por ejemplo, uno de los padres es excelente en una materia, y ejercerá control absoluto sobre su hijo.

 Todo indicaría que ese padre es un excelente apoyo para explicar a su hijo, pero ese padre en la práctica con su arrogancia pone una barrera tal que el niño, o el estudiante no estará interesado en la materia y mucho menos en la escuela. Lo mismo se aplica a los requisitos para su hijo. Por tanto, es mejor tener más cuidado en las valoraciones y comprender que en pedagogía muchas cosas funcionan de otra manera, no como en el paradigma actual del profesional en una materia especifica.  Un niño, o un estudiante que saca malas calificaciones, no significa que no sea feliz, solo es una señal de que el niño, o el estudiante necesita ayuda, es necesario observarlo atentamente, descubrir el motivo y cuidarlo.

 Esto requiere atención, confianza y precaución, así como comunicación con los profesores no desde la posición de juzgador, sino desde la posición de una persona que quiere comprender para ayudar. Lo más importante es que la mayoría de las veces las razones de las malas notas son sociales, emocionales y psicológicas, y nada intelectuales. Después de todo, todos los niños tienen talento a su manera. Hay muchas maneras diferentes de abordar la enseñanza y muchos maestros tienen valores muy diferentes sobre el proceso.

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