viernes, 21 de febrero de 2025

 

EXISTE EL AMOR ETERNO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Las personas hablan de almas gemelas de un amor verdadero, un amor eterno, y que no es fácil de encontrar. Por supuesto, todos sueñan con el amor verdadero, sueñan con conocer a su otra mitad. Pero si miramos la verdad a los ojos, tenemos que admitir que esto ocurre muy raramente en la vida... Es más, una excepción que una regla, y la mayoría de las veces los afortunados son aquellos que son excepcionales en sí mismos... Lo que sucede con nosotros es que nos enganchamos a la primera sonrisa, cara bella, cuerpo deseable, y la mayoría de veces terminamos engañados. O en una relación ordinaria en donde corren los años y para que no suceda nada fuera de ese entorno nos portamos como si estuviéramos de acuerdo en todo, o si somos maltratados justificamos que no pasa nada, es normal n una relación de pareja. El caso es sobrevivir sacrificando nuestra vida y sueños.

 La verdad, es que soy un mal consejero en este tipo de cuestiones, y lo digo porque no puedo conocer los sentimientos de cada persona por lo tanto mucho menos en la forma en que reacciona cada una. Solo puedo decir desde mi óptica personal lo que considero es bueno y malo para un alma, de qué puede prescindir y de qué no, qué es "ordinario" y qué es "excepcional" según cada concepción. Ya sabes, es como con la comida, unos disfrutan por ejemplo la grasa de los cerdos en grandes cacerolas y otros las detestan.

 Nadie come la misma comida o se expresa de ella igual, y eso sucede en los sentimientos que terminan por indigestarse al no estar acostumbrada a los sentimientos y actitudes de la otra persona. El hecho es que cada humano sabe muy bien qué alimento toma para que sus sentimientos no se indigesten, de entre toda la variedad disponible, pero también sabe que se equivoca y continúa consumiendo el alimento negativo de su pareja no le será nada benéfico para su salud física y mental. En materia de entregar nuestros sentimientos, no es solo que nos siéntanos atraídos, sino que tenemos el derecho a elegir para alcanzar lo que nuestra alma desea. Las relaciones humanas, y el amor en particular, también son un alimento muy útil y muy necesario para el alma, sólo que los “platos” que se ofrecen en este “menú” especial son muy, muy diferentes.

 Cualquiera que sea lo que el alma pida, relaciones “normales” o amor verdadero, siempre pide el alimento que le sea natural. Y toda la cuestión es qué es más natural para tu alma. Tal vez sea natural para ti deleitarte en la tranquila paz de una “relación normal”, cuando hay alguien cerca, cuando alguien te necesita y se preocupa por ti, hay alguien con quien compartir pequeñas alegrías, responsabilidades y problemas actuales, y todo lo demás no es tu “estándar”. O tal vez estás hecho de “otra materia” y es más natural para tu alma no sólo arder como un pequeño carbón, sino que arde con un fuerte fuego en relación con las personas, los asuntos y la vida misma, o seas una pobre yerba de pirulí, que no sirve ni para arder, o un ocote que no se apaga.

 Esto es muy familiar para algunos: si vives, entonces vive de verdad, con estados, batallas, dificultades y felicidad, nacidos del deseo de cosas, hechos y relaciones que sean genuinos. Incluyendo el amor verdadero. Es sorprendente que las personas en cuyas almas nacieron tales aspiraciones, encendidas por un fuego interior, las consideren no sólo naturales, sino también normales. Cuando Giordano Bruno, el gran filósofo del Renacimiento quemado en la hoguera por la inquisición, afirmó que el mayor sufrimiento y las mayores dificultades en nombre del amor son mejores que la vida más pacífica y próspera, pero sin él, créanme: no estaba mintiendo.

 Vivir con verdadero amor hacia todo y hacia todos y esforzarse por lograrlo era algo natural e incluso normal para Bruno, si le hubiésemos preguntado, y no habría encontrado nada excepcional en ese enfoque. Otra persona, al oír algo así, diría que para él todo es exactamente lo contrario y llamaría al propio Bruno una persona excepcional ¿Qué es más natural para ti: ¿conformarte con una relación “ordinaria”, “normal” o luchar por el amor verdadero pase lo que pase… eso depende de ti juzgar y elegir?

 El amor, es el alimento más poderoso para el alma, pero es raro que dure para siempre ¿Cuánto tiempo podría durar tu alma, sin amor? ¿Nunca te has hecho esta pregunta? Quizás sería más natural luchar por el amor verdadero, aunque otras cosas también son atractivas como el placer del cual tarde o temprano empiezas a cansarte y a aceptar lo que la vida te ofrece en este momento... “Si realmente luchas por el amor, ¿alguna vez conocerás a tu alma gemela?” - Mi respuesta sonaría inesperada. Lo único que puedo decir es: “Para ser honesto, ¡no lo sé! "Sólo Dios lo sabe." Son preguntas muy sutiles...

 Cuando buscas el amor verdadero, porque es algo natural para ti, porque no puedes hacer otra cosa, ni siquiera imaginas a una persona concreta y no dibujas alguna imagen en tu imaginación, porque durante mucho tiempo no sabes exactamente a quién estás buscando... Para una persona sensata, equilibrada sentimentalmente es menos importante ser amada por alguien y mucho más importante amarse a sí misma, porque la vida sin amor por alguien o algo no es vida para ti, sino una tortura...

 En esencia, no exiges nada del amor en sí ni de las personas: ¡no tienes tiempo para esto, siempre y cuando ilumine de alguna manera tus días! Esta búsqueda del amor te transforma y ennoblece todo lo que tocas. Tú mismo te vuelves diferente, te vuelves mejor, descubres cosas que de otra manera nunca se te habrían revelado, incluso si no es exactamente lo que querías al principio. Tu alma se ennoblece, tus relaciones con las personas dejan de ser “ordinarias”, “estándar”, aunque no puedas llamarlas gran amor. Tu vida y tus esfuerzos se vuelven cualitativamente mejores, porque adquieren sentido, incluso si lo que seleccionaste al principio no funciona.

 Todo lo demás –tu otra mitad y tu cosa favorita, entre otras cosas– es cuestión de suerte. Como dicen, todo está en manos de Dios. Por ejemplo, no sabemos si Giordano Bruno tuvo suerte y conoció a su amada después de viajar por toda Europa vestido de monje. Pero sabemos qué papel jugó el Amor en su vida y qué resultó de ello. ¿Quería él exactamente este destino? Sólo Dios y el propio corazón de Bruno lo saben. Pero sabemos con certeza que su vida en nombre del Amor no fue en vano. Y queda claro lo que había detrás de las palabras del filósofo que cierran uno de sus poemas: “Y tengo un viaje de regreso, el amor me transforma en Dios”

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