CHICAS QUE TE QUEMAN
LAS NEURONAS
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La vida nos quita algo y luego da algo a cambio, y continúa por años. Recordamos con una sonrisa cómo soñamos algo hace muchos años y creíamos que no podíamos vivir sin algo o alguien. Sin embargo, lo hemos superado. Trata de aceptar con gratitud todos los giros del destino, incluso si te asusta lo desconocido. A veces el próximo capítulo de nuestras vidas no tiene título, y aparecera sólo más tarde. Si tuviera la oportunidad de decir algo lo más importante para cada persona, diría: “Valora lo que tienes” Nunca sabes cuál será el último beso, qué conversación nunca volverá a suceder, con quién nunca volverás a discutir y a dónde nunca volverás. Nunca sabes cómo terminará la próxima historia en tu vida, pero mientras dure, aprecia cada momento, cada segundo, cada momento.
- No le contaré mis aventuras; lo dejaré para que sea usted quien lo reflexione porque me encanta que sean las personas quienes se auto valoren. De hecho, pensaba escribir algo más durante el día, pero me distraje y lo olvidé. Y ahora el sueño se ha distraído con alguna tontería y se ha olvidado de mí. Es una pena, pero si no fuera por esto, escribiría lo que soñaba. ¿Lo ves? Hay muchas, distracciones en la vida, muchas situaciones negativas que se pueden analizar de diferentes maneras y encontrar algo bueno. “Siempre hay algo bueno en todo, hasta en lo negativo” La vida es usted, y todo mejora en su presencia.
¿Cuántas despedidas debe soportar un ser humano antes de darse cuenta de que, en este vasto mundo, rebosante de tristeza y dolor, hay alguien esperando su regreso? “Siempre hay una persona en tu vida que te necesita” - “Hay una persona cerca de ti que te necesita”. Pero ¿cuántas personas deben pasar ante tus ojos soñolientos para que te des cuenta de que todos son una sola persona? Y él te espera en silencio, dedicando sus tardes a pensar en un encuentro que pospones constantemente.
Mientras buscas, recorriendo, y explorando tus sentimientos las vas dejando atrás persiguiendo a otra con tus ideas descabelladas de encontrar la felicidad, el amor, y esa que has dejado atrás te sigue esperando. Al final, si te equivocaste, o empujaste la relación solo encontrarás una enorme decepción, un creciente vacío de soledad. Es en ese momento que tu espíritu te cuestionara el ¿Por qué lo hiciste? Regresa, aún hay tiempo de recuperar el tiempo perdido, pero la realidad es otra muy distinta “Ya, nada será igual, el tiempo no cura esas heridas” ¿Recuerdas aquellos años juveniles en los que dedicabas parte de ese tiempo a escribirle poemas románticos a una persona? ¿Aquellos en los que estabas al pendiente de lo que le sucedía en su vida, o de las cosas que le pasaban? Te platicare una historia de mi vida sencilla.
Cuando estudiaba el primer grado de preparatoria, había una chica de tercero de secundaria que creó yo, anhelaba conocerme más, y ella les preguntaba a mis amigos debido a que quería saber algunas cosas sobre mí: qué tipo de música escuchaba, qué libros leía, que deporte me interesaba, dónde salía y cómo pasaba el tiempo. De verdad cuando mis amigos me platicaban sobre lo que la chica les preguntaba, creo yo que le interesaba, pero me daba vergüenza platicar con ella, vergüenza de preguntar sobre su vida.
Con el tiempo ella dejo de preguntar por mí, se alejó, y un domingo mientras paseaba por la plaza la vi sentada en una banca besándose con otro chico de segundo de preparatoria. – Al verla me sentí incomodo, y traté de apresurar el paso para que ella no notara mi presencia. Había llegado el momento de darle vuelta a la página. En esos días regresé a clases de danza, y teatro (¡vaya, cuánto tiempo ha trascurrido!), yo era un estudiante de segundo grado en danza y teatro. Caminé hasta allí meditabundo, como perdido. En aquellos tiempos lejanos, aún no sabía qué dirección tomaría mi imaginación ni qué haría, no solo en la escuela, sino en la vida misma. (Así que, si no te han aceptado por novio, ya te han aceptado en algún sitio y no sabes qué quieres hacer.
Te diré, no te preocupes, todos pasamos esto, incluyéndome a mí. Fue ese día o mejor decir tarde noche de la primera semana de clases que vi aquella chica nueva en el grupo de danza. La mira como en cámara lenta grabando en mi mente cada uno de sus rasgos para que mi memoria no se equivocara cuando la reflejara en mi mente. Varios meses despues la seguía reviviendo con su sonrisa encantadora. No me acerque a ella, ni me presente con ella en toda la clase, ni en los descansos, me daba miedo en solo verla.
Me parecía que ella era una creación de otro universo, y yo, en general, un estudiante con un espacio vacío en sus sentimientos que no representaba nada. Años despues nos graduamos, y el tiempo que convivimos como compañeros estudiantes la pasamos bien, pero despues de graduarnos dejamos de comunicarnos. El día de la graduación como maestros de danza vi algo mágico en su mirada, sentí en aquel momento en que nos despedimos a través de la comunicación de nuestros ojos que si deseábamos nos volveríamos más cercanos. Pero ese fue el final de aquella historia que sirvió para que nos abrazáramos en la clase de danza mientras el bailable duraba. Aun la recuerdo riendo, bromeando, bailando.
Era como una flor que la vi florecer de los 15 a los 19 años de su edad. Una flor cuyos pétalos perfumados atraían la mirada de los jóvenes, pero que ella no permitía que nadie le robara su corazón. Sus sonrisas las guarde, y su amabilidad con todas las personas me parecía infantilmente ingenua. Incluso recuerdo que cuando ella llegaba con su mama no me daba ni la mano, sino que saludaba muy formal a la antigua usanza tradicional con una sonrisa. Cuando ella sonreía comprendía que lo mejor de los seres humanos es una sonrisa sincera, un encanto que los ojos captan. Cuando sonría, comprendía que el mundo es sorprendentemente simple. La miraba y me trasmitía la alegría que de ella emanaba.
En los suntuosos caminos de la vida nos vamos llenando de expectativas amamos la música, vivimos la alegría, la tristeza, la soledad, el vacío, todos con o sin motivo alguno. Hay risas de ciertas personas que nos llenan el alma, y cuando las perdemos nos quedamos pensando “Un día te buscare, pero nunca lo hacemos” Algo dentro de nosotros nos dice que es inútil, que el pasado en pasado se queda, y cuando recordamos aquella persona nos resulta placentero meditando con nostalgia ¿Qué sería de nosotros ahora? Aquel amor platónico de mi juventud a cada roce de manos cuando bailábamos significaba algo.
E incluso ahora, cuando mi mente me arroja a ese pasado, comprendo que ese sentimiento no se ha ido y que ahora no es deseo, o amor, sino cariño por ella. Me enseñó a observarme a mí mismo. Estaba obsesionado con los acontecimientos y las cosas que me rodeaban, pero detrás de todo esto no veía lo principal: yo mismo. Mis sentimientos juveniles se desbordaban como las aguas de un rio, sentía ese cosquilleo que recorría mi cuerpo a contacto con sus manos. Nunca le dije lo que sentía, y ella lo percibía, tenía miedo en ser correspondido. Necesitaba permitirte simplemente amar. ¿Puede haber algo más importante que esto?
No tener miedo. Con los años mi mente la fue borrando, y mis sentimientos optaron por el silencio. Por ello pienso que la felicidad es un desafío de dos, que decidan recorrer un mismo camino. De la amistad nace el amor, y el amor se esfuma cuando uno apaga la vela primero, y el otro aun esta despierto soñando en que lo aman.
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