sábado, 27 de septiembre de 2025

 

¡MI LUCHA, ¡CONTRA MI VANIDAD, Y EGO!

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Durante algunos años me dedique a estudiar y ser historiador. Compraba y leía libros serios, referencias de primera mano, y con ello me reía de personas que escribían y aseguraban una serie de cosas que supuestamente sucedieron bajo su lupa. En realidad, reconozco que soy inmensamente feliz cuando, con el pretexto de escribir un cierto tema, puedo darme rienda suelta, sin importarme las horas que transcurran.

 ¡No, No!, para mí, es miserable criticar a quien pone un poco de esfuerzo en redactar de acuerdo a su propio nivel de conocimiento “Defiendo su derecho a decirlo” (J.J. Rosseua) ¿Para qué meter mi nariz en eso? Criticar es mera vanidad, es una forma miserable de utilizar las neuronas, y cuando realmente te metes en las profundidades de la investigación terminas por convertirlas en vanidad, y a la vez te arrancas el corazón quedándote sin sentimientos.

Encontré en ello egoísmo, sufrimiento. Son esos impulsos repentinos en querer intervenir cuando otra persona desea exponer su opinión y las cortas de tajo para asegurarle que “Tú tienes otros datos” Es un grito que brota desde el alma y expulsa por su boca la vanidad miserable que hace tan infeliz a los seres humanos. Podrás decir que debes suspirar o respirar contando hasta diez veces, pero el impulso te gana, es esa voz primitiva que brota desde el alma asaltando al pensamiento inteligente. No niego desde un principio quise negarme, estar dispuesto a controlarla, pero me ganaba su hermanastra “la estupidez” de la erudición de crítico.

Estaba convertido en ese detestable critico quisquilloso que desea ver colgadas sus ideas en un tendero público para que las personas pudieran ver mi vanidad en toda su expresión. Fueron años en lo que fui todo, desde poeta, historiador, filósofo, critico, literato, médico, químico. Era un alma en busca de su verdad que no llenaba su alma y la seguía dividiendo a causa de esa vanidad miserable donde el único sentimiento que existe es el ego, y la vanidad tomado de la mano de su prima la arrogancia.

 

Llegó ese momento en que me dije: Pero ¿qué harás a continuación, si te arrancas de tu alma el ego, la vanidad y la arrogancia? ¿Qué pretendes llegar a ser? ¿Cuál es tu futuro? ¿Me pregunto esto a veces? ¿No? ¿No te importa? Y con razón. El futuro es la peor parte del presente. La pregunta ¿quién serás? que se le plantea a una persona es un abismo que se abre ante ella y se acerca a cada paso que da. Excepto el futuro, pero y que carajos me importa el futuro si mis instintos no han cambiado en este mundo vil. Siendo estudiante, despreciaba a las personas que hacian el mal, y dedicaba parte de mi tiempo a criticarlas a sabiendas que mis escrituras nunca serian publicadas.

Era de aquellos a los que el mañana ya les resulta repugnante, a quienes el futuro le parecía sin rumbo; de esos que sueñan, o, mejor dicho, deambulan en la realidad, refunfuñando y maldiciendo y sin saber lo que necesitan, que están cansados de sí mismos y de los demás. Me molestaban como las garrapatas que arrancaba de las ubres de las vacas para quemarlas con el fuego de mi cigarro. Ahora sigo pensando, pero reflexiono, el tiempo se fue volando como mi inspiración en la poesía sin que me dejara preocupado por ello. Llegó el dia en que reflexioné sobre todo lo que me preocupaba, sentía curiosidad por ver lo que pasaba con mi espíritu, y me dije ¿Cómo saldré de esto?  Hoy mi cabello se ha ido cayendo, y el poco que queda se ha pintado de blanco.

Un día me pare y mire hacia atrás preguntándome ¿En dónde perdí mi alma? ¿Por qué camino debo regresar para recogerla y que me acompañe de nuevo? ¿Cómo llenar mi vida vacía, llenar el abarrote de mi propia tienda con mercancías que me sirvan para vivir? Me di cuenta que no era una persona justa ni siquiera conmigo mismo, y que había construido la antítesis entre mi cuerpo y alma ¿Cómo podía en ese estado, aceptar mi propia critica, reconocer que no llevaba en las cienes de mi mente laureles sino humo, y que los laureles se habían secado por falta de agua rociada de sentimientos como a tantos otros los había sucedido encerrados en su camino hacia la perfección?

¿Acaso deseaba ser venerado por mi vanidad exacerbada? ¿Tendría la valentía de matar mi ego? En mi opinión, este es el punto de donde surgieron mis inquietudes para el desarrollo humano - Primero debía dejar de molestar a mis iguales en vanidad y ego, y reírme de mi propia cara. Vaya forma de cambiar, escribiendo ocurrencias para no molestar a nadie, siendo noble y respetuoso ante las escrituras y aportaciones de otros. Un ser humano opuesto a la vanidad y al ego que genera el primitivismo emocional. Ahora tenía ante mis ojos el mar para escribir o divertirme, para inspirarme dejando por un rato los libros que devoraba para saciar mi sed de conocimientos y exaltar mi vanidad. Ahora miro el mundo en general como una actuación y me río de ello.

¿Qué me importa el mundo? No me preocuparé por él, me rendiré a la voluntad de mi corazón y de mi imaginación, pero si gritan demasiado fuerte, tal vez yo, me voltee y diga: Aun estoy vivo y aprendí a criticar sin dar soluciones. Ni los libros o los molestos políticos arruinaran mi vida. Es cierto que sigo siendo un estudiante asiduo, y que detesto el montón de basura que generamos con ideas sin sustento. Es cierto somos controlados por los maestros en las Universidades.

Cada día estudiamos peor, aprendemos menos, se fuma más marihuana, nos resulta más importante a nivel nacional un narcotraficante, o un político agarrado infraganti robando dinero público, pero a partir de este momento “Ya, no me atormentaran más”. Intentare continuar mi lucha contra la vanidad y el ego hasta convencerlas en que me dejen en paz, que me permitan por lo menos los últimos años de mi vida ser una persona digna, aunque de carácter difícil.

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